Las organizaciones de mujeres y la mesa de La Habana, Cuba

Artículo de opinión de Olga Lucía Ramírez Ramírez, miembro del Centro de Fe y Culturas, publicado en el periódico El Colombiano de la ciudad de Medellín, el 26 de marzo del presente año.


La Ruta Pacífica de las Mujeres presentó a los integrantes de la Mesa de Conversaciones y a la Comisión de Género algunas consideraciones y propuestas sobre la paz y la participación de las mujeres y sus colectivos, en el contexto de los diálogos entre el Gobierno Nacional y las Farc-ep.

La Ruta Pacífica de las Mujeres, Premio Nacional de Paz 2014, está compuesta por cerca de 300 organizaciones de mujeres. De ella hacen parte mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y de sectores urbanos. Realizó, así mismo, con otras diez organizaciones y redes de mujeres, de alcance nacional, la Cumbre de Mujeres y Paz, que presentó a la mesa de conversaciones de La Habana 810 propuestas construidas desde los territorios. Este hecho da cuenta del interés de dichas asociaciones en el proceso de paz.

Los aportes de la Cumbre se refieren a los tres puntos ya acordados en la mesa e incluyen propuestas sobre los temas que actualmente se están discutiendo: las víctimas, la refrendación y la verificación. Para estas organizaciones, si los acuerdos se llevan a cabo, se implementan y se materializan con el enfoque territorial que se ha propuesto, el país caminará hacia la consolidación de la paz.

Respecto al acuerdo sobre el desarrollo agrario, hay que generar las condiciones para el acceso progresivo a la propiedad rural, que tienden a un mejoramiento de la condición de la “mujer rural”, el eslabón más débil de la economía campesina. “El Estado civilista debe acercarse a los territorios campesinos con políticas y una oferta institucional adecuada y pactada con las comunidades y específicamente con las mujeres”.

Se destaca en el documento una crítica a la militarización, por el control de la vida cotidiana de las comunidades por el Ejército o las guerrillas. No es el uso de la fuerza, sino el diálogo, el camino hacia la paz. En tal sentido, se reconoce el aporte actual y potencial de las mujeres y de sus organizaciones en cuanto a la reconstrucción del tejido social o su contribución a la convivencia, pues allí donde hay convivencia no se requiere seguridad militarizada.

Se plantea la necesidad de una Comisión de la Verdad que ponga en el centro a las víctimas, que sirva a la reconstrucción de una verdad que las dignifique y que muestre cómo miles de mujeres han sido constructoras y reparadoras del tejido social en medio de los graves impactos que ha dejado la guerra en el país.

Los acuerdos de La Habana solo se pondrán en marcha con una participación activa de la sociedad civil. Los colectivos de mujeres están dispuestos a asumir su responsabilidad en esta construcción de la paz. También el Estado debe ocupar su rol. De hecho, estas asociaciones, al igual que el Centro de Fe y Culturas, reconocen como un logro histórico la inserción en los tres puntos acordados hasta ahora, de avances en cuanto a la inclusión y la justicia, desde la perspectiva de redistribución de bienes y oportunidades para las mujeres. Esto supone un reconocimiento del enriquecimiento que ellas hacen a la democracia, la economía y la paz.

Sin duda, las mujeres tenemos mucho que aportar al proceso de paz y al post-conflicto.