Abriendo Horizontes: El sentido social de la vivienda

Artículo de opinión publicado en el periódico El Mundo, de la ciudad de Medellín, por Margarita Inés Restrepo Cárdenas, miembro del Centro de Fe y Culturas, el pasado 1 de mayo de 2015.


Según el Coeficiente Gini, Medellín es la ciudad más desigual de Colombia, con un ascenso de 0,020 a 0,526 en 2014, teniendo en cuenta que 1 es la mayor concentración de riqueza en un individuo. Este indicador fue divulgado por el Dane en su último informe sobre pobreza publicado en marzo del presente año. Asimismo lo confirma un estudio de inequidad realizado por ONU-Hábitat en 2014, en el que califica a la capital antioqueña como una de las ciudades más desiguales de América Latina.

Estos estudios, además de preocuparnos, debe generarnos, como ciudadanos, gobernantes o líderes empresariales la pregunta sobre ¿qué estamos haciendo para contrarrestar los problemas de desigualdad e inequidad desde nuestros diferentes roles? Es necesario, además, recordar que la capital antioqueña es una de las principales ciudades con mayor número de víctimas del conflicto armado y gran receptora de familias en situación de desplazamiento forzado.

La pregunta propuesta apunta al reconocimiento de la igual dignidad de todos y la atención de los derechos básicos de los ciudadanos, como el tener una vivienda decente, un lugar en donde las personas puedan habitar un espacio seguro, cómodo, agradable, íntimo y con fácil acceso a servicios públicos. Un lugar en el que las familias puedan construir hogares sanos y dispuestos al fortalecimiento del bien común.

Miles de familias en Medellín carecen de esta vivienda. No obstante, son grandes e importantes los pasos dados por los programas de vivienda públicos y privados, con los planes de Vivienda de Interés Social que posibilitan el acceso de familias en situación de vulnerabilidad a subsidios, a créditos blandos y a espacios físicos que propician un adecuado desarrollo de las dinámicas familiares, sin olvidar que persisten problemas en la calidad de los materiales y en el diseño de las construcciones, así como en los criterios de asignación de casas y apartamentos, entre otros.

Las posibilidades de acceso a la vivienda y las condiciones físicas de las mismas son elementos importantes, pero lo más substancial es la vida comunitaria que surge de ellas. Los habitantes deben definir con el apoyo del estado las pautas de comportamiento que orienten la vida en los conjuntos residenciales, barrios o comunidades. Si esto no se hace de manera conjunta, los proyectos de vivienda no podrán ser exitosos

Para el Centro de Fe y Culturas el objetivo de disminuir la inequidad y desigualdad de oportunidades en nuestras sociedades a través del derecho a la vivienda, no se logra solamente con la construcción de casas o apartamentos, este es el primer paso; se consigue con la construcción de comunidades, que desde el seno de las familias, vivan de forma pacífica y armónica para ofrecer condiciones para la sociedad amable, respetuosa y amigable que tan afanosamente buscamos.