21 de mayo: Día de la Afrocolombianidad

Artículo del padre Álvaro Gutiérrez, S.J., director de la Fundación Centro de Cultura Afro Caribe, a propósito de la conmemoración del Día de la Afrocolombianida, que se celebra hoy 21 de mayo, en homenaje a los 164 años de la abolición legal de la esclavización en Colombia.


Pocas personas, en nuestro país, le dedican un minuto a pensar en el significado de la presencia africana en el conglomerado nacional.

Un accidente de la historia: el hecho de que miles de personas, marcadas con el estigma de la esclavización, hayan ocupado territorios y hayan establecido formas de vida de ancestralidad negra, no hace parte de su bagaje cultural.

La forma hegemónica en la que ha vivido nuestro país ha invisibilizado las posibles alternativas de vivir la colombianidad. La Constitución del 91 que le dio entrada a la pluriculturalidad, se ha quedado en las formas, pero no se ven concreciones en la realidad nacional. O muy pocas.

No son las personas de ascendencia africana, en Cartagena, las que definen los entornos turísticos, ni las prioridades del desarrollo. Palenque se encuentra en la encrucijada: ceder a las exigencias de la industria turística (de exportación) y la autenticidad de una comunidad alternativa, que responde a otros parámetros culturales que los impuestos por la globalización, de competitividad y de la eficacia por la eficacia.

Las comunidades negras requieren la estabilidad que les garantice la sobrevivencia en sus propios territorios. Esto es fundamental. Pero el derecho a un territorio para garantizar una cultura particular, no ha sido nunca respetado con seriedad en nuestro país. Las puertas han quedado siempre abiertas para los intrusos.

Hemos claudicado ante la homogeneidad facilitona. Estorba lo diferente. Nos molesta. No acabamos de dar el paso en la aceptación de las diferentes formas que pueden darse en el despliegue de las posibilidades humanas.

Se requiere en nuestro medio una terapia prolongada en la que cicatricen los traumas que dejaron los siglos de esclavización y que todavía se encuentran operantes. A falta de tomar conciencia de esto, seguiremos arrastrando el fantasma del racismo. El “todavía” que aparece periodicamente en las noticias, refiriéndose a sus “brotes”, no deja de ser revelador.

Se requiere una mayor voluntad política para tomar el toro por los cachos y abordar esta problemática. Ahora, cuando se quieren suspender las corralejas, pasemos al ruedo con la entereza que requiere el debate sobre una problemática estancada.

Franz Fanon, hace varias décadas, hablaba de los Condenados de la tierra. ¿Podremos acaso pensar que ya no existen?

Foto: Luz Mery Cortés