Colegio San José: Campamento San Alberto Hurtado

¿Qué haría Cristo en mi lugar? Esta pregunta tan cotidiana para San Alberto Hurtado nos impulsó a dedicar nuestro fin de semana a la misión en uno de los sitios donde trabajamos: Aguadas de Pablo, en Sabanalarga, Atlántico.


Un nutrido grupo de estudiantes acompañados de agentes de Pastoral y profesores nos dirigimos hacia la población muy parecida a las que recorrió Jesús con sus discípulos, al estar frente a un hermoso lago. Allí el sustento se recibe del pescado que sus habitantes arrebatan muy temprano con sus trasmallos, antes de que el inclemente sol haga presencia quemándoles más que las pestañas. La ciénaga del Guájaro, el cuerpo de agua más grande del departamento también agazapa leyendas como la “mamonúa”, grávida serpiente que sale en las noches asustando a los pescadores nocturnos.

Nosotros tomamos las debidas precauciones alojándonos en la Escuela homónima de San José, en la cabecera del pequeño pueblo en ese día sábado 22 de agosto, con un calor que se parecía mucho a la acogida de la gente y al amor con el que nos recibieron. Allá realizamos visitas a las casas, a los enfermos, nos encontramos con los jóvenes y celebramos distintos sacramentos. El haber llegado para la Asunción de María Santísima fue ocasión de acogernos bajo su amparo y unirnos a la oración por las madres de Aguada de Pablo, mujeres fuertes que saben lo que es luchar solas por sus hijos y que tanto nos hablan de la mujer de Nazaret.

Fue especialmente evocador el participar del bautismo de Mary, una bebé ataviada de blanco que dejó de llorar sólo cuando recibió sobre sí el agua bautismal y la unción, ante el aplauso de bienvenida de la comunidad. Muchos de los estudiantes del Colegio jamás habían visto un bautismo y tampoco la presentación de un niño. Carlos, bebé prematuro aguardaba el momento al final de la misa en los brazos de su mamá, mientras bostezaba por el calor de la mañana. Había sido salvado de la muerte pasando los primeros meses de su vida en la unidad de cuidados intensivos y estaba allí, delante de nosotros como el signo de la vida que triunfa aún en medio de las contrariedades. Quiera Dios que su sonrisa nos acompañe en este año académico que comenzamos y que el fervor que nos deja este Campamento San Alberto Hurtado siga con nosotros por mucho tiempo.

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