Comunicado de prensa de Francisco De Roux, S.J. – respuesta al artículo de Ricardo Puentes Melo

  •    Junio 01 de 2012
  •    Francisco de Roux, S.J.

Comunicado del Provincial de la Compañía de Jesús, como respuesta al artículo de Ricardo Puentes Melo que tiene por título Francisco de Roux, ¿un cura guerrillero?, del pasado 28 de mayo.


Bogotá 31 de mayo de 2012

Señor Ricardo Puentes

Soy Francisco de Roux. Ni usted ni el señor Cárcamo tienen que temer de mí. No tengo armas y no tengo amigos guerrilleros ni paramilitares, aunque conozco a varios de ellos. Considero que la guerra de las FARC y la guerra del ELN son una injusticia con el pueblo colombiano. Considero igualmente que la guerra de los paramilitares es una injusticia con el pueblo colombiano. Respeto al Ejército y a la Policía de Colombia y no quiero verlos en esa guerra. Jamás he invitado a nadie a tomar las armas contra el Estado. Por mi vocación de Jesuita siempre uno la fe en Jesús con la causa de la justicia. Por la misma razón no acepto que haya que matar o secuestrar o intimidar o excluir o desplazar a nadie. La guerrilla y los paramilitares saben lo que pienso. Se los dije muchas veces en los 13 años que pasé en el Magdalena Medio: a ustedes (guerrilleros o paramilitares) no les reconozco ninguna autoridad, ustedes son ilegales, yo soy un ciudadano colombiano legal y sólo acepto la autoridad de nuestro Estado, por eso exijo los derechos humanos a esas instituciones legales que reconozco. Trabajé bajo esos principios y convencido que mi fe me lleva a luchar por la dignidad humana de todos y de todas.

31 personas de los proyectos que hicimos, mujeres y hombres que compartían este espíritu, fueron asesinados por paramilitares y por guerrilleros, sin embargo continuamos, convencidos que es posible la paz y la convivencia construidas en la verdad y el respeto a las diferencias, en justicia y sin violencia contra el ser humano. Varias veces estuve en las montañas de Magdalena Medio con autorización del presidente de la República de hacer Diálogos Pastorales para buscar la paz con las comunidades, para proteger la vida de la gente, para tratar de llegar a la conciencia de hombres que habían hecho masacres o secuestros; nunca hice negociación de un secuestro, lo que sí hice fue exigir la liberación incondicional de los detenido del secuestro que considero un crimen horroroso.

Carlos Pizarro era alumno de la Universidad Javeriana en 1969 cuando yo enseñé filosofía del Derecho, no estuvo en mis clases pero participaba en un grupo muy inteligente de jóvenes inquietos en que discutíamos problemas de Colombia y del mundo. Eran los días del movimiento estudiantil mundial. Recuerdo que en la clase mía estaba también un hijo de Álvaro Gómez Hurtado y personas que fueron después muy importantes en los negocios, la justicia y la política. Siempre consideré un error de Carlos Pizarro el haber tomado las armas.

Los Jesuitas del CINEP demostraron jurídicamente que nada tuvieron que ver con el crimen espantoso de Pardo Buelvas en hechos muy dolorosos para el mismo CINEP en que un muchacho de extrema izquierda los engañó, esto ocurrió en 1978, cuando yo estaba haciendo estudios en Europa. Fui director de CINEP diez años después, a partir de 1988. Estando en este cargo, cuando Carlos Pizarro estaba concluyendo diálogos con el gobierno a finales del 89, subí a la montaña del Cauca a decirle a él y a sus compañeros que pararan la guerra, que hacer la paz era lo difícil y lo justo, y era lo que les permitiría trabajar democráticamente y hacer viables los cambios que el país necesitaba, que confiaran en las instituciones colombianas. Carlos confió y tomó el camino de la paz. Me dolió el asesinato de Carlos cuando él había confiado en las instituciones y por eso lo acompañé la noche de su vela.

Es verdad que oficié la misa de Bernardo Jaramillo Ossa que fue asesinado después que él proclamara su rechazo a la lucha armada y su decisión de apartarse de la combinación de todas las formas de lucha; temas sobre los cuales hablé a fondo con él.

Nunca le he quitado un metro de tierra a nadie ni lo han hecho tampoco mis compañeros jesuitas. No invité a los abogados de la Javeriana a defender a los campesinos de Las Pavas. Me alegró saber que ellos estaban participando en ese caso de manera totalmente desinteresada, para ayudar a los campesinos. Yo conocí del caso de las Pavas el año pasado (2011) cuando acompañé a tres de ellos que vinieron a hablar con la Corte Constitucional. Me interesa que se haga justicia en este caso como en todos los casos en que he visto campesinos pobres reclamando sus derechos. No soy ingenuo jurídicamente. Sé que los derechos de propiedad sobre la tierra son complejos en este país. No pretendo que los pobres por ser pobres tengan la razón, pero es mi deber de cristiano apoyar jurídicamente a los pobres en estos casos. Los empresarios tienen dinero para defender sus derechos, los pobres no. Me atengo a las decisiones de la justicia.

Mi hermano Carlos Vicente, a quien usted se refiere, se adentró en la política porque nuestros papás nos apasionaron por la justicia y la verdad, esa ha sido su lucha y ha sido en eso un hombre íntegro que jamás ha apoyado la violencia ni la corrupción para buscar la equidad entre los colombianos. Usted dice que se me acusa de guerrillero y al mismo tiempo de testaferro de los paramilitares y de Macaco, y usted sabe que entre Macaco, dueño del Bloque Central Bolívar, y las FARC y El ELN la guerra fue a muerte. Ese es el drama de los que tratamos de trabajar por la paz sin odiar a nadie.

Nos acusan de ser de todos los lados. Me da mucho dolor que nos señalemos entre nosotros, colombianos, y que pensemos que los demás son para nosotros una amenaza. Quiero entender el artículo en que públicamente me cuestiona como guerrillero y como peligroso, como una invitación al diálogo porque usted es un periodista. La suya es una invitación dura en todos los términos que usa en mi contra. Acepto la invitación. Dígame dónde puedo encontrarlo para ir solo; y por favor le ruego no siga pensando que yo vaya a hacer daño contra su integridad o contra la integridad del señor Cárcamo.