“El trabajo de reconciliación: Acompañar a las víctimas hacia una gran comunidad humana” – Entrevista a Pacho de Roux, S.J.

En entrevista con el Comité de Comunicaciones de la Congregación General 36, el P. Francisco de Roux, S.J., director del Centro de Fe y Culturas, habla sobre la importancia, para la Compañía de Jesús, del trabajo de Reconciliación en el mundo actual.


“Reconciliación es la llamada más veces nombrada en nuestros informes recibidos desde todas las partes de la universal Compañía” afirmaba el P. Arturo Sosa en su primera rueda de prensa, el pasado 18 de octubre. El Padre General respondía a una pregunta sobre los retos actuales de los Jesuitas, pero respondía desde el mismo ADN de la Compañía de Jesús: la misión de “reconciliar desavenidos” ya está formulada en nuestra Fórmula del Instituto (1540). Ya en nuestra época, hace 8 años, la CG35 proponía la reconciliación y el tender puentes como modos actuales de profundizar en nuestra misión, en plena conciencia de vivir en un mundo roto por multitud de violencias físicas y psicológicas, sociopolíticas, económicas y ecológicas. Años más tarde el P. Adolfo Nicolás insistía en que “La reconciliación, y el trabajo por la paz, son aspectos esenciales de nuestra tarea apostólica, más cuando estamos enviados a las fronteras en que se visualizan los conflictos, la división y el sufrimiento de nuestro mundo.”

Desde la CG36 hemos querido profundizar en esta dimensión de nuestra misión en un interesante diálogo con Pacho de Roux, jesuita colombiano gran conocedor del trabajo de reconciliación por su gran implicación en los procesos de Paz de su país. Para Pacho, la humanidad vive una crisis espiritual hondísima que dificulta que todos podamos avanzar hacia la comunidad universal. “Hay una sola raza humana, una sola comunidad humana, una sola dignidad humana, que todos reclamamos, pero este camino se hace con gran sufrimiento, especialmente de las poblaciones más vulnerables, en los lugares frágiles del mundo.”

Y ahí está la llamada a la Compañía a estar en el Corazón del mundo, no para ser los jefes o líderes, sino ser el elemento del amor de Dios, al ser humano que busca cómo superar las diferencias y las tensiones entre nosotros y evitar tantas rupturas religiosas, sociales, étnicas, emocionales… Para el P. De Roux “donde la Compañía encarna esta misión es en los jesuitas que en este momento están al lado de las víctimas.” Acompañando el sufrimiento, la desesperación y la angustia, para – desde dentro del dolor – comenzar a reconstruir una humanidad reconciliada.

Se le tiene miedo al ser humano, a aceptar que una niña de la India o una afro-colombiana de algún rincón de América sea tan ser humano como un hombre del Japón o de algún lugar de Alemania. Aceptar esto es aceptar que tienen igual derecho a participar del planeta y disfrutar de sus maravillas. Se teme pensar que tenemos que ser una comunidad entre todos… cuando lo bello, lo que Dios quiere, es que celebremos con inmensa alegría la comunidad universal y la diferencia. “Nosotros, en la Congregación, somos sólo una parábola de ello. Los compañeros que están viviendo a fondo el dolor humano, son los que nos hacen comprender verdaderamente hacia dónde tenemos que avanzar.”