CG 36: Ahora es cuando empieza…

Muchos preguntan cuándo termina. Seis semanas de trabajo, de compartir amistad, de intercambiar diversos fondos culturales. Los días transcurren lentos, pero se tornan más fructíferos. Lo iniciado ha tomado forma. Pero es que no termina, ahora es cuando empieza.


La Congregación General 36 ratifica el espíritu misionero de la Compañía de Jesús para salir a las encrucijadas de los caminos e invitar al mundo entero a tomarse en serio el ministerio de la reconciliación tal y como Ignacio lo concibió desde sus inicios. En una sociedad donde pareciera que las diferencias y la agresividad quisieran hacer causa común para distanciar a los seres humanos, nosotros queremos renovar nuestro compromiso de tender puentes, de luchar por la paz, esa que no existe si no se alcanza justicia.

La elección del nuevo Padre General y su Consejo ofrecen la garantía de remar hacia lo profundo, de ser audaces ante lo improbable, ante lo imposible. Es que nuestra audacia es profética. No se detiene, se dice que el jesuita está siempre sanamente insatisfecho, incompleto. Quiere apostar por el magis. Y para ello tenemos conciencia que es necesario ir a las fuentes de nuestra espiritualidad y poner mucho mayor empeño para vivir la gracia del discernimiento en común como modo nuestro de proceder.

Como cuerpo apostólico nos toca hacer una revisión exhaustiva de lo que estamos haciendo y cómo lo hacemos. ¿Es que estamos llegando a los lugares donde Dios nos pide que trabajemos? ¿No estaremos meramente ocupando espacios, como nos lo ha sugerido Francisco al visitarnos hace unas semanas? Esta Congregación nos impulsa a ser honestos, realistas y capaces de desafiar lo establecido.

Hemos constatado que es solo desde una profunda relación con Cristo que podremos ver la realidad con sus ojos, y desde esa mirada lanzarnos a vivir la fe, esa que desde el ser contemplativos emerge para proponer actuar e incidir en el mundo. Si eso no ocurre, no somos fieles a nuestro legado espiritual. Es una fe que transforma de tal manera que convoca a muchos otros a desgastarse por el evangelio, alcanzando en particular las situaciones de injusticia que viven sectores considerables de nuestra sociedad. Cuando influimos en ello para mejorarlo, para forjar vida digna, entonces podemos sentir que somos mínima Compañía.

Entonces, no termina, empieza la común tarea. Es que las Congregaciones se extienden una hacia la otra. Hacen memoria de las previas, y proyectan lo que unos años más tarde pudiera confirmarse en una nueva. Su tiempo estará medido por la implementación de sus documentos, de las grandes guías que ellos contienen. Cuando las comunidades jesuitas y las comunidades apostólicas se sienten a conversar, a discernir, a hacer suyos los decretos, cobrará vida lo gestado en Borgo Santo Spirito 4. Es hora de empezar. Los hombres de cinta verde volverán de a poco a sus terruños y llevarán un cumulo fraterno de experiencias compartidas.