Los horizontes expansivos de la justicia

Testimonio del jesuita Anthony Dias, de Bombay, publicado en el sitio web del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, en el cual señala que su idea de justicia se amplió cuando se vio expuesto a las “condiciones de vida de los pobres y de aquellos que han sido hechos pobres (los empobrecidos)” y por ende han sido privados de la dignidad humana básica.


Soy oriundo de Bombay e ingresé en la Compañía de Jesús tras haber trabajado en la India y en Omán. Mi idea de justicia se circunscribía entonces a la interacción entre el "texto" y mi "contexto", más bien limitado, y viceversa. Esta idea se amplió cuando me vi expuesto a las condiciones de vida de los pobres y de aquellos que han sido hechos pobres (los empobrecidos), condiciones de vida que les privan de la dignidad humana básica. Justo cuando empecé a reflexionar en serio sobre las causas y consecuencias de la injusticia, recibí inspiración de quienes alzaban la voz en contra de la injusticia, de "quienes decían la verdad al poder" y estaban dispuestos a pagar el precio que ello conlleva. Los discípulos de Jesús, como dice el texto bíblico, tienen que ser astutos como serpientes y, no obstante, inocentes como palomas.

Las consecuencias de alzar la voz se pusieron crudamente de manifiesto en el brutal asesinato de seis jesuitas, su empleada doméstica y la hija de esta. Los jesuitas asesinados eran personas de gran formación, profesores universitarios en la UCA (Universidad Centroamericana de El Salvador) que, según Noam Chomsky, "destaparon mentiras y dijeron la verdad". Eran intelectuales que sabían qué estaba ocurriendo y querían que sus estudiantes y su entorno conocieran la verdad. El hecho de que varios jesuitas respondieran al llamamiento del P. General de la Compañía para ocupar las plazas dejadas vacantes por los jesuitas mártires es otra historia, que no deja de tener relación con el triunfo de la Cruz. "Compañeros de Jesús: el asesinato-martirio de los jesuitas salvadoreños", el inspirador texto escrito por Jon Sobrino, S.J., quien escapó de la muerte porque se encontraba fuera del país impartiendo conferencias, habla sobre el contexto salvadoreño.

El Dios de los pobres no se revela solo en las bibliotecas de las universidades, sino también, y más vivamente, en las havelis(1) y favelas, en las Jhuggi jhopris y en las aceras, en los movimientos de resistencia y en las marchas de protesta. Cuando participé junto con los adivasis (grupos indígenas de la India) en la larga marcha organizada por la Narmada Bachao Andolan(2) en protesta contra su desalojo forzoso y la destrucción del río Narmada, aprendí numerosas lecciones: desde cómo decidir con celeridad, hasta la necesidad de repensar la noción misma de "desarrollo". Cobré mayor conciencia de la justicia medioambiental y de la deuda ecológica. Aquella experiencia me enseñó a crear redes y a colaborar en pro de la justicia con grupos y organizaciones que hasta entonces no sabía siquiera que existían. De un no católico - de un marxista, para ser más preciso - aprendí que la Eucaristía estaba celebrándose de hecho en la larga marcha por la justicia que comenzó en el valle del Narmada alrededor de las Navidades de 1990.

De los desposeídos aprendí cómo el Estado "nos privó de esperanza después de habernos privado de nuestro hogar", todo ello en nombre del desarrollo. De una indígena aprendí a cuestionar el "desarrollo" cuando preguntó: "Si estos proyectos son de interés público, ¿por qué no favorecen nuestro interés?" De un comisionado compasivo de las SC (Scheduled Castes, Castas con discriminación positiva) y las ST (Scheduled Tribes, Tribus con discriminación positiva) aprendí más sobre los derechos de los aborígenes y sobre el concepto de native title (el derecho de propiedad de los indígenas sobre la tierra). Aprendí que el verdadero "invasor" es el Estado, no los pobres. De los nómadas y de las llamadas antiguas tribus delictivas (ex CT, ex-criminal tribes) aprendí la idea de "injusticia histórica" y también que, a pesar de los avances en la jurisprudencia sobre los derechos, el sistema legal es para los pobres un "sistema de injusticia delictivo". De un miembro de las CT, quien aseguraba que "delictiva es la ley, no nosotros", aprendí que los tribunales son, en realidad, tribunales de ley, no de justicia.

Cuando la explotación de los sin voz, la pobreza extrema, la desigualdad rápidamente creciente, la afirmación de identidades estrechas, los conflictos étnicos y religiosos, la propaganda y el odio comunitarios amenazan con hacer pedazos el tejido social, resulta necesario trabajar colectivamente por la justicia. Y en los tiempos de engaño universal que corren, sobre todo en la llamada "sociedad de la posverdad", decir la verdad es de hecho un acto revolucionario.

"La lucha contra la injusticia
y la búsqueda de la verdad
no pueden ni deben
separarse ni trabajarse de forma independiente"

Ignacio Ellacuría, S.J.
Superior de la comunidad jesuita de la UCA, asesinado

Notas

1 Las havelis y las Jhuggi Jhopris son las viviendas o chabolas de los pobres en la India.

2 Significa literamente "Acción para Salvar el (Río) Narmada", un movimiento popular contra grandes presas que causaron severos daños ecológicos y obligaron a desalojar a numerosas personas de sus tierras ancestrales.