El Papa reivindica la “cultura de la diversidad” en la Iglesia frente a la tentación de “la uniformidad”

  •    Abril 06 de 2017
  •    Jesús Bastante
  •    Santa Sede

Tras las periferias, el centro. Después de visitar a los pobres, el Papa se dirigió a la impresionante plaza del Duomo, donde le esperaba a cúpula episcopal, sacerdotes, religiosos y seminaristas, con quien el Papa mantuvo un coloquio en el bellísima catedral. El contraste era brutal.


Tras las periferias, el centro. Después de visitar a los pobres, el Papa se dirigió a la impresionante plaza del Duomo, donde le esperaba a cúpula episcopal, sacerdotes, religiosos y seminaristas, con quien el Papa mantuvo un coloquio en el bellísima catedral. El contraste era brutal.

Tras el recibimiento de centenares de religiosos, el papa tuvo un momento de silencio y oración ante la Madonna, para después saludar, y escuchar, a los muchos religiosos enfermos y a representantes de otras confesiones cristianas. Una vez en el centro del altar, y tras las palabras de Scola, el Papa respondió a las preguntas de un sacerdote, un diácono y una religiosa.

La primera corrió a cargo de un sacerdote, Gabriele, quien le preguntó acerca de la creciente secularización y la progresiva irrelevancia de la fe en la sociedad milanesa. ¿Cuáles son las prioridades para no perder la esperanza?

En su respuesta, el Papa subrayó que “la evangelización no siempre es sinónimo de coger peces. Hay que ir andando, dar testimonio y después, el Señor es el que coge los peces. ¿Cuándo, cómo, dónde? Esto no lo sabemos. Esto es importante. Nosotros somos instrumentos, que no seamos instrumentos inútiles”.

”No pierdas la alegría de evangelizar, porque evangelizar es una alegría”, recalcó el Papa, citando la Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, “el mayor documento pastoral del postconcilio”. “Pidamos la gracia de no perder la alegría de evangelizar. No como evangelizadores tristes, porque un evangelizador triste no está convencido de que Jesús es alegría, que Jesús te cambia la vida y te da la alegría, te envía con alegría, también con la cruz, pero con alegría, para evangelizar”.

“Hay que coger el toro por los cuernos. No temamos los desafíos. Que nuestra fe no se convierta en ideología”

Francisco también habló de los “múltiples desafíos”, tanto dentro de la comunidad como en el trato con la sociedad, que hoy, como ayer, ha tenido la Iglesia. “No temamos. Hay que coger el toro por los cuernos. No temamos los desafíos. Es bueno que existan estos desafíos, porque nos hacen crecer, son signo de una comunidad viva, que busca a su Señor y tiene el corazón abierto”.

Por contra, “debemos temer una fe sin desafíos, una fe que se mantiene completa como si todo ya estuviera hecho”, instó el papa, quien pidió “que nuestra fe no se convierta en ideología. Este es el peligro de las ideologías, que crecen cuando uno cree que tiene la fe asegurada”.

“Los desafíos nos salvan de un pensamiento cerrado y definido, y nos abre a una comprensión amplia de lo revelado. La Iglesia tiende incesantemente a la plenitud de la verdad divina, y los desafíos nos ayudan a abrirnos al misterio revelado”.

En segundo lugar, reivindicó que “la Iglesia, a lo largo de toda su historia, ha trabajado por una cultura de la diversidad”, pues “el Espíritu Santo es el maestro de la diversidad”. Porque “la Iglesia es una, sí, pero con una experiencia multiforme, y ésta es la riqueza de la Iglesia. Siendo una y multiforme, como el Evangelio es uno en sus cuatro formas. El Evangelio es uno, pero son cuatro. Son diversos, y la diversidad es una riqueza”.

En este punto, y tras advertir que en la Iglesia “hemos visto muchos errores y horrores. Y aquí tenemos una buena clave que nos ayuda a leer el mundo contemporáneo, sin condenarlo ni santificarlo”, el Papa defendió cómo “el Espíritu Santo es el gran maestro de la unidad en la diversidad” y pidió discernir cuando ésta o no el Espíritu.

“Cuántas veces hemos confundido unidad con uniformidad, y no es lo mismo. O confundido pluralidad con pluralismo, y no es lo mismo. La uniformidad y el pluralismo no vienen del Espíritu Santo. La pluralidad y la unidad vienen del Espíritu Santo”, fueron las claves del Papa.

“La fe, para ser cristiana, debe configurarse en el interior de un proceso, de los procesos humanos, sin reducirse. Esto es muy importante, unidad en la diferencia. Es una tensión que siempre se vive en la Iglesia”.

Finalmente, Francisco pidió a los pastores “no eludir formar el discernimiento” del pueblo. “Nos guste o no, éste es el mundo en el que estamos, y nuestro deber como pastores es ayudar a niños, jóvenes y adultos a atravesar este mundo. Por eso es bueno enseñarles a discernir, para hallar los elementos que le ayuden a recorrer el camino de la vida”.

“Estoy convencido que, como comunidad eclesial, debemos incrementar el ámbito del discernimiento. Este es un desafío, ¿eh? Todos, del más pequeño al adulto”.

La segunda pregunta corrió a cargo de Roberto, diácono permanente, quien pidió ayuda al Papa para definir su misión.

En su respuesta, Francisco recalcó que “los diáconos tenéis mucho que dar”, aunque pidió “estar atentos a no ver a los diáconos como medio sacerdotes y medio laicos. Éste es un peligro, porque así no seréis ni una cosa ni otra. No se debe hacer. Hace mal y hace mal a los otros. Le quita fuerza al carisma propio del diaconado. El diácono no es un intermediario entre los fieles y los pastores, no puede estar a medio camino. Son dos tentaciones”.

“Protegeos del clericalismo y el funcionalismo. No sois un chico de los recados. Tenéis un carisma claro en la Iglesia, y tenéis el deber de custodiarlo. El diaconado es una vocación. específica, familiar, que reclama el servicio”, añadió. “Porque el diácono es un servidor, ésta es la llave para entender vuestro carisma”. El servicio “en la Palabra, en el altar, con los pobres”, sino perder la perspectiva. “No sois medio curas y medio laicos. Esto supondría funcionalizar el diaconado. Es el sacramento del servicio de Dios a los hermanos”.

“Una vocación que no es solo individual, sino que se vive con la familia y en la familia, en el pueblo y con el pueblo. No es un servicio al altar, no hay un servicio de liturgia que no se abra a los pobres, y no hay un servicio a los pobres que no conduzca a la liturgia”, clamó.

La tercera pregunta corrió a cargo de la Madre Paola, en nombre de toda la Iglesia consagrada. ¿Cómo ser hoy testigos de la profecía, en un momento en que son minoría en la sociedad y en la Iglesia?

“Me gusta la palabra ‘minoría’”, arrancó el Papa, aunque advirtió del sentimiento de pensar que “sembramos mucho, pero somos ancianos y pocos. Eso nos puede llevar a la resignación”. “Pobres sí, en minoría sí, ancianos, sí. Resignados, ¡no!”, pidió Bergoglio.

Citando las palabras de Scola, Francisco recordó que “la misericordia restaura y da paz. Es un buen remedio contra la resignación, esta misericordia que restaura y da paz. Cuando caemos en la resignación nos alejamos de la misericordia”. Cuando nos alcanza la resignación, vivimos con el imaginario de un pasado glorioso, que nos envuelve en una espiral de pesimismo existencial. Todo se hace difícil de sobrellevar”.

“La tentación siempre está en buscar las seguridades humanas, o en los dineros... Por eso, nos hará bien a todos hoy revisitar los orígenes. Hacer un peregrinaje a los orígenes, una memoria que nos salva de imaginaciones gloriosas pero irreales del pasado”.

“Nuestra fe está llamada a creer que el agua puede ser transformada en vino, y ser el grano que crece en medio de la cizaña”, recordó Francisco. “Nuestros padres y madres fundadores no pensaron en ser una multitud, o una gran mayoría. Nuestros fundadores se sintieron llamados por el Espíritu Santo en un momento concreto de la historia, para ser una presencia alegre en la Iglesia, como sal y luz en el mundo”.

“Durante muchos años hemos tenido la tentación de creer que las congregaciones debían ocupar espacios. Tenemos que generar procesos. No tengáis miedo de las estadísticas”, pidió el Papa, quien llamó a “ser un poco más de levadura y de sal”. “Los caminos del Señor son así.... Nos hará bien un acto de confianza, es él quien conduce la Historia. No a la resignación”.

“Hoy la realidad nos interpela, nos invita a ser un poco sal, un poco de levadura. Hoy la realidad, por muchos factores que no podemos analizar, nos llama a abrir procesos, más que ocupar espacios, a luchar por la unidad, antes que atacarnos por conflictos pasados, a escuchar la realidad y abrirse a la masa, al santo pueblo fiel de Dios, al “todo” eclesial. Abrirse al “todo” eclesial. Una minoría bendita, que es invitada a ser levadura, como Dios puso en el corazón de vuestros fundadores”, concluyó el Papa, quien acabó pidiendo ir “a las periferias, a renovar los orígenes, volver a la Galilea del primer encuentro”.

“Cuando se pone a Jesús en medio de su pueblo, éste encuentra la alegría. Sí, sólo esto podrá devolvernos la alegría y la esperanza, sólo esto nos salvará de vivir con una actitud de supervivencia y resignación. Sólo esto hará fecunda nuestra vida y mantendrá vivo nuestro corazón. Poner a Jesús allí donde debe estar: en medio de su pueblo”.

Fuente: Religión Digital