Impresiones del P. Vernon D’Cunha, S.J., en su visita a Lima-Perú

  •    Abril 26 de 2017
  •    P. Vernon D’Cunha, S.J.
  •    Jesuitas
  •    CPAL

El Padre Vernon D’Cunha, Asistente ad providentiam y Consejero general, acompañó al Padre General en su reciente visita al Perú. D’Cunha, proviene de la Provincia de Bombay, India, donde fue provincial desde el año 2012 hasta que en el 2017 fue nombrado Asistente Regional para Asia Meridional. A continuación comparte sus impresiones de la visita.


Fue mi primer viaje a Latinoamérica y lo estaba deseando. Allí me esperaban muchas espléndidas y memorables experiencias, en primer lugar la reunión de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina (CPAL) en Lima (Perú), en la que se encontraban más de cien participantes - jesuitas y laicos -, con un espíritu de búsqueda del magis, y de colaboración, dispuestos a evaluar el cumplimiento de las seis prioridades apostólicas propuestas en 2010 y diseñar nuevos horizontes. Fue una experiencia formativa en sí misma.

Lo que me afectó más durante mi visita a Perú fue el encuentro con aquellos lugares de la provincia donde jesuitas y seglares están trabajando por la educación, en servicio y promoción de los pueblos indígenas más pobres.

Visité el distrito de Lima, El Agustino y la parroquia La Virgen de Nazaret, una parroquia pobre pero rica en actividad y entusiasmo. Los jesuitas y laicos trabajan juntos para fomentar la fe de personas sencillas y atender a sus necesidades socio-económicas y pastorales. Hay siete capillas en el barrio además de la iglesia principal, y seis centros de atención a niños necesitados. Había también dos profesionales para acompañar personalmente, que atendían una media de 3.000 casos y entrevistas anuales. Estaba también el SEA -Servicios Educativos el Agustino -, llevado por la parroquia con un director laico, que atendía a la educación de niños y adultos en la zona. Hay seis jesuitas (incluido el nuevo Presidente de la CPAL, P. Roberto Jaramillo) y la mayoría atiende a las necesidades de los pobres y viven en un apartamento cercano a la iglesia.

Las visitas a las Escuelas de ‘Fe y Alegría’ en Yamakentsa y Chiriaco (cerca de Jaén en el norte del Perú) también me impresionaron mucho. Las dos escuelas incluyen residencia para los alumnos y atienden a la educación de niños y jóvenes indígenas que, de otra manera no tendrían un acceso viable a su educación. Provienen de lugares lejanos, ¡algunos a cuatro días de camino andando! Las condiciones significan un reto por falta de infraestructura, teniendo que cruzar un río con remolinos, casi para cada actividad. La alegría en los rostros de los alumnos y el compromiso y dedicación de jesuitas y religiosas en su servicio era reconfortante. El paisaje era sencillamente bello, y el viaje a esos sitios me hizo recordar la atmósfera y la situación que parecía haber existido en los tiempos de las Reducciones de Paraguay (¡ !)

¡Quiera el Señor bendecir los esfuerzos de los jesuitas y sus colaboradores que trabajan en estas retadoras circunstancias, de modo que lleven mucho fruto para el Reino de Dios!