Tercera Probación: una experiencia que invita a no ser parte exclusiva de una provincia, sino jesuitas del mundo

René Cortínez, S.J., de la Provincia de Chile, nos comparte su experiencia de Tercera Probación en Cochabamba, Bolivia.


La tercera Probación pienso que más que tratarse de una etapa final en la formación para mí ha sido un espacio de poder volver a las fuentes ignacianas y de alguna manera volver a atizar el fuego inicial. Miraba también esta tercera Probación en Bolivia como una instancia de encontrar compañeros de otros países, ha tenido esa dimensión de mostrar todas las caras de nuestras provincias y de mostrar nuestro servicio alrededor del mundo.

Por otro lado, la posibilidad de conocer un poco más desde dentro la realidad de la Provincia boliviana y también de Bolivia, que en mi caso, por venir de Chile me parecía particularmente enriquecedora por las diferencias que han existido históricamente en nuestros países. Me queda el deseo de que podamos tener más contacto y más colaboración entre nuestros países vecinos, en el caso de Chile tenemos probablemente más contacto con Perú y con Argentina que en el caso de Bolivia, tanto en la vida como jesuita y como en general. Queda el deseo de que se puedan incrementar estas experiencias de contacto y de conocimiento recíproco porque estoy seguro que mucho de los desencuentros o de las imágenes que puedan o no ser reales tendrían un cambio, producto de este contacto.

Termino muy contento, creo que ha sido realmente un reencuentro con la riqueza de nuestra espiritualidad que también suscita muchas preguntas y deja muchas tareas. El sentirse mucho más cercano de las realidades de otra Provincia, también mucho más comprometido a conocer sus necesidades, sus desafíos. De alguna manera, la experiencia ha sido una contribución a este deseo a que tiene la Compañía de que seamos no parte exclusiva de una Provincia, sino jesuitas del mundo, llamados a colaborar en cualquier parte. Siento que ha sido un regalo el poder estar estos seis meses en Bolivia, conocer a su gente, conocer su riqueza cultural, y también compartir sus necesidades, sus tristezas sus dificultades, de alguna manera Bolivia ya no es un nombre solamente, sino para mí ya tiene rostros concretos y no solamente de los compañeros jesuitas, sino también -en mi caso- de los niños de la vida en la ciudad, de sus necesidades.