Jesuitas, con desprotegidos

  •    Septiembre 07 de 2017
  •    Yaned Ramírez S.

Yaned Ramírez S., editora del Diario ADN, explica en su artículo publicado el pasado martes 5 de septiembre, que la llegada al Vaticano de Francisco, el primer Papa de origen jesuita, vuelve los ojos sobre la labor de la Compañía de Jesús en el país. En ese sentido, hace un recorrido por la vida y trabajo del P. Libardo Valderrama, S.J., a favor de los menos favorecidos.


En sus inicios en la Compañía de Jesús, el padre Libardo Valderrama soñaba con trabajar en el servicio jesuita de refugiados en África, pero terminó conviviendo con guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, dirigentes y campesinos en Colombia. “Su África va a ser el Magdalena Medio”, recuerda que le dijo su superior provincial antes de enviarlo a una de las zonas que albergaba grandes riquezas –por tener el más importante complejo petrolero, el de Barrancabermeja–, y a la vez una de las más violentas del país.

Llegó sin ordenarse en el 2002 a una parroquia en San Pablo, en el sur de Bolívar, y casi sin desempacar le tocó meterse de lleno en el trabajo que por esa época lideraba otro jesuita, Francisco De Roux, con Ecopetrol y la Unión Sindical Obrera (USO).

“Por primera vez en estas reuniones en vez de hablar de salarios se habló de por qué en una región de tanta riqueza había tanta pobreza, por qué después de tantos años de estar Ecopetrol allí era una región tan pobre y por qué en una zona donde había tanta gente buena había tanta violencia”, recuerda.

El trabajo incluyó un diagnóstico de las condiciones de 29 municipios de la región, de 30 mil kilómetros cuadrados, donde vivían cerca de 800 mil habitantes en Santander (13), Antioquia (3), Bolívar (8) y Cesar (5). También, una investigación social, que implicó la visita comunidad por comunidad y en la que el papel de los religiosos fue vital, para generar la confianza que no había, debido a que eran épocas de una dura confrontación de grupos armados en busca del dominio del territorio.

“Del proceso quedó un informe en el que la conclusión más importante era que se requería un ente capaz de generar dinámicas de desarrollo y paz”, recalca el padre Valderrama.

Y si bien el trabajo habría podido quedarse en el papel, porque las partes quedaron satisfechas con el informe, los religiosos decidieron continuarlo a través de la creación de la Corporación Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

El proceso lo encabezaron la Diócesis de Barrancabermeja y el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) –otra organización jesuita que para la época ya tenía más de 20 años de trabajo en diferentes regiones del país, movida por la misión de “apostarle a la vida y trabajar por una sociedad justa, sostenible y en paz”.

Lo que les esperaba no iba a ser fácil, pues, según las primeras conclusiones del diagnóstico, el Magdalena Medio había vivido en guerra los últimos 50 años. En el territorio surgió el Eln y los primeros movimientos de autodefensa campesina. Desde 1984 se presentaba una disputa violenta entre las guerrillas del Eln, Farc, Epl y los grupos paramilitares por el control del territorio. Se registraba también el aumento de las tasas de homicidio, que llegaron a quintuplicar la tasa nacional, una de las más altas en el mundo. “En este contexto, la gobernabilidad y la ley están en entredicho: los alcaldes y las autoridades civiles y militares se muestran impotentes y, en muchas ocasiones, en alianza con los grupos paramilitares, consolidando un ambiente que nutre la ilegalidad y el crimen”. También quedó para los registros históricos, que la región presentaba un 70% de su población en situación de pobreza, cuando el promedio en Colombia era del 54%. En cuanto a la tierra, se evidenció la inequidad: de 46.000 unidades agrarias familiares 38.000 ocupaban el 10% de la tierra; más del 70% del territorio era usado en ganadería extensiva, lo que originaba la expulsión de campesinos. Sumado a eso, el deterioro del suelo, agravado por el aumento de la producción de cultivos ilícitos.

Acostumbrados a trabajar en medio de la hostilidad, los religiosos tuvieron que sortear de nuevo otra tensión cuando se propuso convertir parte del sur de Bolívar, con despeje incluido, en escenario de diálogos de paz con el Eln. Hubo bloqueos y paros, por la oposición de comunidades presionadas por los grupos paramilitares, lo que llevó al fracaso de ese intento, meses antes de que las negociaciones con las Farc en el Caguán se rompieran.

Tampoco fue ese un motivo para desistir. “Pacho de Roux dijo: ‘No podemos esperar a la paz para hacer el desarrollo, hay que generar dinámicas de desarrollo y paz que de alguna manera construyan la posibilidad del diálogo. Empecemos a resolver el problema en medio del conflicto, porque cuándo va a llegar la paz, no sabemos”. Entonces se concentraron en trabajar los proyectos nacidos de las necesidades de la comunidad, un “encuentro de sabidurías”, en el que la gente decía cuál era su necesidad y los expertos los apoyaban para definir sus proyectos. Trabajaron en derechos y paz, gobernabilidad y participación ciudadana, y desarrollo sostenible. De ahí resultaron iniciativas como la finca campesina, que con el tiempo se volvió inspiradora de otros proyectos en el país.

El padre Valderrama estuvo 10 años en la zona, luego pasó a trabajar al Servivio Jesuita a Refugiados, en la frontera entre Colombia y Venezuela, y luego cumplió su sueño de ir al África. Su retorno al país se dio hace dos años por motivos de salud y entonces volvió para dedicarse a la educación, otro de los pilares de los jesuitas.

A la sede de la Universidad Javeriana en Cali trajo la experiencia del Magdalena Medio, donde la academia se convirtió en apoyo de las comunidades. Este año comenzó a aplicarse el programa Forja (Formación Javeriana para el Cambio Social y la Paz), que tiene como meta que en el 2018 todos los estudiantes de todas las carreras hayan ido a trabajar en la Comuna 18.

“De un lado, le permite a la comunidad presentar sus problemas y a nuestros jóvenes, enseñarles que se tienen que preparar para el mundo que tenemos, especialmente para el mundo más pobre”, puntualiza.

El apunte

Los jesuitas tendrán un encuentro con el Papa en Cartagena. Según Santiago Tobón, S.J., coordinador de Comunicaciones Jesuitas Colombia, el encuentro será en el Santuario de San Pedro Claver,“muy significativo para nosotros porque Pedro Claver, patrono de nuestra Provincia y defensor de los derechos humanos, fue un jesuita que hizo explícito el compromiso radical de la Compañía con los más excluidos y vulnerados.

Impulso al perdón

El trabajo por la paz y la reconciliación son vistos como una de las principales apuestas de los jesuitas en el país. Así lo ratifica Santiago Tobón S.J., coordinador de Comunicaciones Jesuitas, quien afirma que el aporte especial de los jesuitas y el cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús a la Iglesia y al país es, antes que nada, la Espiritualidad Ignaciana. “Los jesuitas, y cientos de personas de la familia ignaciana, nos sentimos llamados a trabajar por la paz, el perdón y la reconciliación desde las diversas regiones. En todas nuestras obras apostólicas –bien sean de pastoral, educativas o sociales– trabajamos sin descanso por iniciar y acompañar procesos y dinámicas transformadoras de la sociedad colombiana.