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¡A moverse por la paz!

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¡A moverse por la paz!

Columna de opinión de Laura Henao Izquierdo y Érika Parrado, investigadoras del CINEP/PPP, publicada en elespectador.com, el pasado miércoles 19 de septiembre. En el escrito hablan acerca del papel que ha tenido la movilización por la paz en nuestro país y con base en ello, presentan algunas propuestas sobre lo que podría ser en la actualidad.


Luego de firmar un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc-Ep y en medio de un proceso de diálogo con el ELN, es relevante mostrar el papel que ha tenido la movilización por la paz en nuestro país, y a partir de allí atrevernos a lanzar algunas propuestas acerca de lo que podría ser en la actualidad, siendo esta una expresión de la organización ciudadana que articula sus visiones colectivas en busca del cambio social.

En los años noventa como apoyo a los diálogos con el M-19, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el Ejército Popular de Liberación y el Movimiento Armado Quintín Lame hubo un aumento en la movilización por la paz (Ilustración 1). Asimismo, en esta década la movilización tuvo un crecimiento cuyo punto máximo coincidió con el Mandato por la paz (1997), una iniciativa para promover la participación ciudadana en torno a la salida negociada al conflicto y a la firma de acuerdos humanitarios.

Años después (1998 y 2002) hubo una disminución drástica de la movilización que coincidió con un aumento significativo en las infracciones al Derecho Internacional Humanitario, ésta estuvo orientada más al rechazo del conflicto (paz negativa) que al apoyo visible del proceso de paz con las Farc-Ep (paz positiva). Como menciona Fernando Sarmiento (Cinep), la violencia paramilitar hizo mella en la movilización por la paz, y representó altos niveles de inseguridad para los líderes y la ciudadanía haciendo que la movilización se contrajera.

La movilización por la paz crece de nuevo (2003-2007), a favor de la búsqueda de alternativas de paz, más que de apoyo a las negociaciones con las AUC. Finalmente, podemos evidenciar un último periodo interesante: el proceso de paz con las Farc-Ep (2012-2016), con una clara disminución de las infracciones al DIH y un aumento en la movilización por paz positiva, especialmente en apoyo a los diálogos.

Si bien, la paz ha estado asociada a procesos de diálogo y negociación con grupos armados ilegales, ésta no se limita a ello, sino que da cuenta de procesos que desde lo territorial generaron espacios de resistencia, diálogo y mediación. La experiencia con la que cuentan las organizaciones sociales que le apuestan a la paz, representa la infraestructura social sobre la cual se debería consolidar la implementación de los acuerdos.

¿Cuál debería ser el papel de la movilización por la paz hoy?

La movilización social entendida como un escenario lleno de posibilidades para la participación hace necesario reflexionar acerca de los alcances de la acción social, tanto en los espacios institucionales, como desde las prácticas cotidianas, en donde la sociedad civil es el centro. Como mencionaba el Papa Francisco en su homilía de Cartagena, “El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite”.

La defensa de los acuerdos de paz es fundamental, y con ello el deber de ser veedores del proceso de implementación, participar de manera activa allí, apropiándose de los acuerdos y regresándole a la ciudadanía su carácter protagónico. La necesidad que existe de dejar de ver la paz como algo lejano y etéreo nos pone ante el reto de asumir nuevos desafíos: desestatalizar las apuestas de paz, a través de las “institucionalidades comunitarias para la paz” (Jefferson Jaramillo) como espacios de construcción de paz.

Si miramos el comportamiento de la movilización por la paz en el país, podemos reconocer su presencia constante, acompañante y continua. En contextos como el que vivimos hoy ésta ha tendido a ser el reflejo de un deseo constante de paz y de construcción de un país democrático y equitativo. Los retos a los que nos enfrentamos como sociedad civil nos invitan a reconocer los aspectos con los que contamos (acumulados experienciales, redes, aprendizajes) y a comprender que la paz no es un estamento que se impone, es un proceso que se construye diariamente, y que invita a superar décadas de limitación a la participación que producto de la guerra habían impedido el ejercicio pleno de los derechos civiles.