En su visita a Colombia, el Papa Francisco, en la ciudad de Medellín, expresó un profundo y hermoso mensaje a los Sacerdotes, Religiosos, Seminaristas y sus familias, que nos abre las puertas de la esperanza para seguir trabajando incansablemente por nuevas vocaciones a la Compañía de Jesús.

 

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Editorial: Dios sigue llamando

Muchas veces hemos pensado, en forma un poco engañosa, que las vocaciones sólo surgen en condiciones de vida especiales: familias creyentes que educan a sus hijos en la fe, en el amor y en la unidad; Parroquias que favorecen el trabajo con los grupos juveniles; Colegios donde se lleve una pastoral adecuada y pertinente para los jóvenes. Por supuesto que en esos ambientes pueden surgir vocaciones a la Compañía de Jesús, pero es importante reconocer que Dios trabaja en toda circunstancia y en todas las personas y Él sigue buscando “obreros para su mies” en toda parte.

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Dios sigue llamando

  •    Noviembre 22 de 2017
  •    Carlos Eduardo Correa, S.J.
  •    Curia Provincial

Cada 5 de noviembre celebramos un día especial de oración por las vocaciones a la Compañía de Jesús, propuesto por la CPAL. Nuestra oración por las vocaciones surge desde un corazón que ha puesto toda su confianza en Dios, porque sabe que Él ha comenzado una hermosa obra, a través de San Ignacio de Loyola y los Primeros Compañeros, que ha seguido llevando adelante durante casi 500 años.


Muchas veces hemos pensado, en forma un poco engañosa, que las vocaciones sólo surgen en condiciones de vida especiales: familias creyentes que educan a sus hijos en la fe, en el amor y en la unidad; Parroquias que favorecen el trabajo con los grupos juveniles; Colegios donde se lleve una pastoral adecuada y pertinente para los jóvenes. Por supuesto que en esos ambientes pueden surgir vocaciones a la Compañía de Jesús, pero es importante reconocer que Dios trabaja en toda circunstancia y en todas las personas y Él sigue buscando “obreros para su mies” en toda parte.

El Papa Francisco ha sido muy claro en mostrarnos una perspectiva más aterrizada acerca del llamado de Dios al Sacerdocio, a la Vida Consagrada y a cualquier vocación cristiana para el servicio de la Iglesia. En su visita a Colombia, en la ciudad de Medellín, expresó un profundo y hermoso mensaje a los Sacerdotes, Religiosos, Seminaristas y sus familias, que nos abre las puertas de la esperanza para seguir trabajando incansablemente por nuevas vocaciones a la Compañía de Jesús. Desde la Parábola de la Vid y los Sarmientos (Juan 15), nos dijo: “Jamás, jamás Dios se desentiende de su vid… ¿En qué contextos se generan los frutos de las vocaciones de especial consagración? Seguramente en ambientes llenos de contradicciones, de claroscuros, de situaciones vinculares complejas. Nos gustaría contar con un mundo, con familias y vínculos más llanos, pero somos parte de este cambio de época, de esta crisis cultural y, en medio de ella, contando con ella, Dios sigue llamando”.

Francisco fue contundente al afirmar: “O sea que a mí no me vengas con el cuento de que no hay tantas vocaciones de especial consagración porque, claro, con esta crisis que vivimos… Eso saben qué es: cuentos chinos, ¿clarito? Aún en medio de esta crisis Dios sigue llamando… Tener los pies sobre la tierra es reconocer que nuestros procesos vocacionales, el despertar del llamado de Dios, nos encuentra más cerca de aquello que ya relata la Palabra de Dios y de lo que tanto sabe Colombia: un sendero de sufrimiento y de sangre… Y desde el principio ha sido así; no piensen en la situación ideal, ésta es la situación real… Dios manifiesta su cercanía y su elección donde quiere, en la tierra que quiere y como esté en ese momento, con las contradicciones concretas, como Él quiere. Él cambia el curso de los acontecimientos al llamar a hombres y mujeres en la fragilidad de la propia historia personal y comunitaria. No le tengamos miedo a esta tierra compleja”.

Desde esta bella perspectiva quiero invitarlos para que tengamos un mayor acercamiento con los jóvenes, sea cual sea su condición socio-económica o su situación de vida familiar, educativa y relacional, para que ellos puedan conocer de cerca la vida de un jesuita, consagrado a Dios en la construcción de su Reinado, y para que puedan experimentar de cerca que somos hombres felices porque damos nuestra vida por los demás, en la perspectiva del amor, la misericordia, la comprensión, la reconciliación y el perdón. Acompañemos a los jóvenes en todo lo que viven para que, experimentando el amor de Dios en sus vidas, se sientan llamados a vivir lo que ya nosotros hemos descubierto como camino de felicidad plena: ser Compañeros de Jesús que, aunque somos pecadores, nos sentimos llamados por Él para seguirlo de cerca.

Pidámosle insistentemente al Señor que siga enviando jóvenes para que puedan convertirse en Compañeros de Jesús, en una misión de Reconciliación y de Justicia.

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