El Futuro de la Universidad Católica en el siglo XXI: una mirada desde el sur

Del 13 al 15 de noviembre se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Católica de Perú la vigésima primera edición Aula Magna, un espacio internacional de diálogo académico sobre los temas educativos más relevantes de nuestros tiempos. Este evento reúne anualmente a representantes de importantes universidades de diferentes países con el fin de reflexionar sobre las más grandes inquietudes de la educación superior.


Este año, el encuentro académico giró sobre el futuro de la universidad y las dos grandes columnas de su existencia: las humanidades y las ciencias, su vigencia y enseñanza en la formación integral de las personas en el contexto de la masificación y la virtualización de la educación. El evento estuvo estructurado en tres ejes fundamentales:

1) Las transformaciones de las universidades frente a la masificación, globalización, la expansión acelerada del conocimiento y la revolución permanente de las tecnologías de la información.

2) La evaluación de la enseñanza actual de las humanidades y las ciencias en las universidades y su declinación en los programas de enseñanza inicial universitaria.

3) El papel de las universidades católicas en el siglo XXI, frente a todos estos retos, que plantean desafíos y tensiones entre humanidades, ciencias y teología.

La Universidad Javeriana fue invitada a participar con una ponencia presentada por el Ing. Luis David Prieto Martínez, Vicerrector Académico titulada: "La Universidad Católica en el Siglo XXI: una mirada desde el sur". En ella, se expone una perspectiva integradora que parte del horizonte inspirador y orientador, la estrategia y la ejecución. En este panorama, la Universidad se concibe como un bien social, entregada totalmente a la comunidad a la que sirve. En el caso de la Universidad Javeriana, como universidad católica, esto implica varios desafíos:

En primer lugar, su misión se encuentra enmarcada en una función social que debe partir desde una antropología trascendente renovada. Esto significa que la función de la universidad católica debe trascender las presiones normativas y del mercado para mantener y manifestar una comprensión amplia del ser humano, que da sentido a su incansable deseo de búsqueda de la verdad, que ilumina una visión del desarrollo científico y tecnológico desde la fundamentación última de la dignidad humana, y que abre horizontes hacia una organización social justa e incluyente cuyo centro sea el ser humano.

El segundo desafío es la búsqueda de la excelencia en las universidades sin renunciar a ser auténticamente católicas. Esto significa que la búsqueda del conocimiento, de la excelencia y de la verdad está siempre girando alrededor de una comprensión del sentido, del "para qué", de ese conocimiento. Una cientificidad entregada a la construcción de una sociedad que respete la vida y la dignidad humana.

Por último, el desafío del sentido diferencial de vivir pedagógicamente la vida universitaria en una universidad católica. La relación entre profesores y estudiantes trasciende el intercambio monetario pues implica una relación de construcción de conocimiento basado en valores como el respeto, tolerancia, confianza, frutos de la expectativa de que el interés individual está articulado esencialmente con el interés social y trascendental.

El evento también contó con la participación de José Joaquín Bruner, de la Universidad Diego Portales de Chile, quien conversó sobre la vigencia de la Universidad presencial, y Adela Cortina, de la Universidad de Valencia España, quien reflexionó sobre la importancia y necesidad de las humanidades en la formación integral universitaria del siglo XXI.