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Nerio Solís Chin, S.J.

“Me disgusta la injusticia manifestada a través de la exclusión, la discriminación, la violencia que tienen de fondo el deseo de sentirse superiores a los demás. Pienso que como seguidores de Jesús necesitamos sembrar signos claros de inclusión, solidaridad, paz y reconciliación en todos los contextos a los cuales seamos enviados”.

 

“Me identifico con Jesús en su misión de dignificar, enseñar, sanar, pacificar y reconciliar”: Nerio Solís Chin, S.J.

Por la imposición de las manos y la oración de la Iglesia, monseñor Juan Vicente Córdoba, S.J. ordenó diácono a Nerio Solís Chin, S.J., el pasado sábado 25 de noviembre del presente año.


Para Nerio, el diaconado- un ministerio que los instituye de manera especial como servidores de Dios a través del servicio al pueblo- acrecienta en él el deseo de atender las necesidades de las personas, especialmente en las fronteras humanas del dolor, la exclusión y la pobreza.

A sus 39 años, se define como un hombre que ama profundamente la vida. Se siente identificado con Jesús en su misión de dignificar, enseñar, sanar, pacificar y reconciliar. Está abierto a conocer a las personas y mirar lo mejor que cada uno tiene.

Es licenciado en Educación, de la Universidad Autónoma de Yucatán, México; Licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales en el ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara, México y teólogo de la Pontificia Universidad Javeriana. Asimismo, es diplomado en Docencia con Enfoque Constructivista del Colegio de Bachilleres de Yucatán y diplomado en Constelaciones Familiares por el ITESO.

Al reflexionar sobre el momento en que nació su vocación, señala: “Se fue construyendo con el paso del tiempo, a través de múltiples experiencias con campesinos, obreros, enfermos, estudiantes, discapacitados, gente sencilla, amigos y compañeros jesuitas que inspiraron en mí el deseo de entregar mi vida para que el hombre se encuentre con el amor que es Dios”.

Nacido en Mérida, Yucatán, México, el nuevo diácono disfruta mucho el cine, la pintura, la música, la danza y el teatro. Considera que el tiempo mejor empleado es el que se gasta en compañía de los buenos amigos, las personas que se ama, compartiendo una charla espontánea, profunda y sincera, tomando una buena taza de café o una copa de vino.

“Me disgusta la injusticia manifestada a través de la exclusión, la discriminación, la violencia que tienen de fondo el deseo de sentirse superiores a los demás. Pienso que como seguidores de Jesús necesitamos sembrar signos claros de inclusión, solidaridad, paz y reconciliación en todos los contextos a los cuales seamos enviados”.

En cuanto a su apostolado en Colombia, colaboró en el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), como asesor de Reconciliación y dice haber tenido el regalo de trabajar por la paz y reconciliación en distintas poblaciones campesinas e indígenas que han padecido desplazamiento forzado a causa del conflicto armado en este país. Y agrega: “Son incontables las experiencias vitales que me llevo en el corazón por haber conocido el rostro adolorido de Colombia, en los sitios donde muchas veces, la ayuda y el consuelo no llegan, pero donde la esperanza brota con toda su fuerza”.