Documento relacionado

30 de noviembre: Jueves de Oración por las Vocaciones

En la oración de hace quince días empezamos a ver una serie de reticencias que solemos tener ante el “invierno vocacional” que experimentamos. En concreto, miramos las “reticencias mentales”. Sigamos reflexionando en torno a una serie de apartados del texto: “Promover las vocaciones a la vida consagrada, prioridad pastoral inaplazable”, por Mons. Juan María Uriarte.

↓ Descargar

 

 

30 de noviembre: Jueves de Oración por las Vocaciones

Queridos amigos en el Señor, en esta fecha seguimos abordando el texto “Promover las vocaciones a la vida consagrada, prioridad pastoral inaplazable”. Que este texto nos aliente a cultivar nuestro ministerio vocacional para bien de la Iglesia y de la Compañía de Jesús. Dios nos bendiga a todos.


PARA NUESTRA REFLEXIÓN Y RENOVACIÓN

En la oración de hace quince días empezamos a ver una serie de reticencias que solemos tener ante el “invierno vocacional” que experimentamos. En concreto, miramos las “reticencias mentales”. Sigamos reflexionando en torno a una serie de apartados del texto: “Promover las vocaciones a la vida consagrada, prioridad pastoral inaplazable”, por Mons. Juan María Uriarte.

I. RETICENCIAS, RESISTENCIAS, INSUFICIENCIAS

3.- Resistencias vitales

Si las reticencias aludidas son de naturaleza mental, las resistencias vitales son de carácter afectivo. Su componente básico es el temor.

a) El temor a crear extrañeza en los jóvenes a quienes hacemos la propuesta. Dicho propuesta les sorprende y desconcierta con frecuencia, al menos en un primer abordaje. Por un reflejo defensivo los muchachos y muchachas pueden huir de quien les formula la cuestión vocacional. El temor a esta huida nos retrae con alguna frecuencia. No podemos negar, con todo, que para muchos que hoy son religiosos bien centrados en su vida y misión fue sorpresivo pero decisorio que alguien tuviera el valor de plantearles la pregunta vocacional.

b) El temor a parecer proselitista ante los padres y a ser tachado por ello de “seducir” a los jóvenes. Incluso muchos padres de neto cuño cristiano tienen otras expectativas muy diferentes para sus hijos. En estas circunstancias es necesario cierto coraje profético para proponer una vocación consagrada que puede y suele crear complicación con bastantes padres.

c) El temor a orientar a una persona joven hacia un camino que exige mucho sacrificio y ofrece hoy en día escasas compensaciones cotizadas en el ambiente. Cuando un religioso lee su historia personal en clave de sufrimiento e insatisfacción se sentirá muy poco motivado a ofrecer a un joven el camino vocacional.

d) El temor a estar insuficientemente preparados para llamar e iniciar a los jóvenes en los vericuetos de su clarificación vocacional. La delicadeza y responsabilidad de la tarea puede retraer a bastantes religiosos y religiosas.

4.- Propuestas insuficientes

Reticencias mentales y resistencias vitales (prejuicios y temores), cuando no llegan a congelar en nosotros la propuesta vocacional, al menos la debilitan sensiblemente. En efecto:

a) La propuesta puede pecar de reducida a un grupo muy limitado. Si un muchacho o una muchacha muestra un carácter bueno y despierto, una bondad de corazón, un cierto equilibrio, una sensibilidad religiosa, una disposición servicial, debe recibir una invitación a pensárselo y un ofrecimiento a acompañarle. Hoy, en tiempos de penuria de vocaciones consagradas un joven creyente debe interrogarse con seriedad y con hondura, al menos una vez en su vida, si el Señor no le llama a seguirle por la vía de la vida religiosa.

Algunos jóvenes en principio aptos reciben de nosotros esta propuesta. Muchos no la reciben de nosotros ni de nadie. Las encuestas vocacionales registran que existe un porcentaje modesto, pero no insignificante, que en algún momento de su vida ha sentido una invitación interior a plantearse la pregunta vocacional. Por timidez, por carencia de palabras para expresar lo que sienten, por falta de proximidad de algún consagrado de su confianza, esas posibles llamadas no se han formulado ante nadie y se han desvanecido lamentablemente antes de ser acogidas y discernidas.

b) La propuesta puede resultar tardía. El temor a llegar demasiado pronto nos hace llegar tarde. Porque hoy, por lo general, la apertura psíquica a la alternativa vocacional se cierra pronto en la vida de un muchacho o muchacha. La cultura actual hace intensamente plausibles otras alternativas de vida hasta el punto de que, en muchos ambientes, resulta psicológica y sociológicamente casi imposible la emergencia de un deseo vocacional. Nuestra cultura orienta de manera casi determinante los deseos de los jóvenes, sobre todo a partir de cierta edad. La influencia lateral del grupo de colegas, es fuertemente disuasoria, casi dictatorial. No deja de ser ingenuo o anacrónico el temor de condicionar vocacionalmente en exceso que aún pervive en algunos religiosos. Al contrario, invitar a los muchachos y muchachas a tiempo a abrirse a la pegunta vocacional genérica y específica es ampliarles el espacio de su libertad interior. Digámoslo clara y escuetamente: la propuesta vocacional les ayuda a ser más libres.

c) La propuesta es, a menudo, pusilánime , por insegura. Tal pusilanimidad se manifiesta sobre todo en la tentación de rebajar la invitación vocacional reduciéndola a una vocación social de servicio abnegado o presentándola como una misión nimbada de tintes heroicos. Solo las propuestas netas, elevadas y veraces despiertan en el joven, por la acción del Espíritu, lo mejor de sí mismo.

d) La propuesta puede ser poco interpeladora, demasiado semejante a la presentación de un producto del mercado, que se ofrece “por si puede interesar”, sin desvelar su importancia ni su seriedad. Jesús no llamaba así. Su propuesta era neta. Atraía e interpelaba. Entre la propuesta y la respuesta hay espacio generalmente amplio. Como Jesús hemos de ser netos en la llamada y respetuosos con la decisión adoptada por el invitado. Pero no podemos convertir la interpelación en una simple invitación “a voleo, por si cuela” ni pedir acomplejadamente excusas a sus destinatarios por planteársela.

Para tu oración: ¿Quiénes motivaron el discernimiento de tu vocación? ¿Alguien te invitó a dejarlo todo por seguir a Jesucristo en la vida religiosa? ¿Estás de acuerdo con algunos de los apartados del texto?

ORACIÓN DE LOS FIELES

- Que la reflexión y oración sobre las Congregación General 36 nos impulse a renovar nuestra entrega al Señor en la Compañía de Jesús. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- Que nuestra acción pastoral sea ayuda para que otros se pregunten por la voluntad de Dios para sus vidas y ejemplo para que respondan fielmente a la vocación recibida. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- Que el ejemplo de nuestros santos y beatos siga inspirándonos para caminar en la vocación universal de todo cristiano a la santidad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- Que nuestros difuntos intercedan por nosotros ante el Padre para que seamos fieles en el camino comenzado y que “Dios que comenzó en nosotros la obra buena, él mismo la lleve a término”. ROGUEMOS AL SEÑOR.

- (Intenciones particulares). ROGUEMOS AL SEÑOR.

Y juntos rezamos con devoción, en unión con nuestros compañeros que ya gozan de la vida eterna: Alma de Cristo, santifícame,…

ORACIÓN FINAL

Señor Dios, que resucitaste a tu Hijo, para que venciendo a la muerte entrara en tu reino, concede a nuestros hermanos difuntos que, superada su condición mortal, puedan contemplarte a ti, su Creador y Redentor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Para obtener la guía haga clic en Descargar en el documento relacionado