¿Quién eres tú?

  •    Diciembre 07 de 2017
  •    Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

A la luz del Evangelio para el domingo 10 de diciembre del presente año, el P. Enrique A. Gutiérrez T., S.J., señala que no es fácil responder a una pregunta como la que encabeza su columna. Y afirma que “es una pregunta fundamental para la vida de cada persona, pues se trata de dar cuenta de lo que somos y queremos en la vida.”


No es fácil responder a una pregunta como la que encabeza mi columna de este domingo. Cuando alguien nos formula dicha pregunta nos sentimos nerviosos, vacilantes, dudamos en responder porque consideramos que cualquier cosa que digamos no corresponde a la realidad, no es completamente objetiva.

Sin embargo, es una pregunta fundamental para la vida de cada persona, pues se trata de dar cuenta de lo que somos y queremos en la vida. Se trata de manifestar a través de esa respuesta todo lo que ayude a quienes nos escuchan a conocernos mejor para que así podamos lograr una mejor orientación en el camino de la vida.

Pienso en las personas que no se conocen, que viven en función de lo que sucede a su alrededor, que están pendientes de la moda, de lo superficial y externo. Son personas que no pueden responder a esa pregunta y, por lo tanto, todo está sujeto a lo que otros puedan decirles.

Al leer el texto del Evangelio de este domingo, encuentro elementos claves que nos permiten descubrir que Juan Bautista sí se conocía, sabía cuál era su misión y lo manifiesta abiertamente. Él, así lo afirma, les dice que no es ni el Mesías, ni Elías ni el Profeta. La pregunta surge en forma espontánea ¿entonces, quién eres, qué dices de ti mismo? La respuesta no se hace esperar, surge naturalmente “yo soy la voz que grita en el desierto: allanad el camino del Señor”.

Por otro lado, la primera lectura, tomada del profeta Isaías, describe la misión del enviado del Señor cuando afirma que “el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los que sufren”. Ser profeta no es tarea fácil. No lo fue para Moisés cuando debió guiar al pueblo de Israel por el desierto después de la liberación de la esclavitud de Egipto. No lo fue para los otros profetas que debían alimentar la esperanza del pueblo de Israel en medio del cautiverio y el destierro. Tampoco fue fácil para Juan el Bautista, encargado de preparar el camino del Señor como él mismo lo dice, disponer los corazones.

Hoy como ayer, surgen los profetas, aquellos hombres y mujeres llamados a denunciar el pecado y la injusticia, llamados también a ser anunciadores de esperanza, sembradores de paz y reconciliación. Son hombres y mujeres que quieren responder fielmente al llamado del Señor, que quieren ser constructores de un nuevo orden de cosas. A más de uno de ellos eso le puede significar el poner en riesgo su vida, le sucedió a Juan el Bautista, murió por dar testimonio de la verdad, por mostrar los comportamientos no correctos de algunos líderes de su pueblo.

Si nos preguntan ¿quién eres tú?, ¿tendremos la respuesta adecuada, fiel a la verdad de lo que somos? o ¿tendremos que inventar respuestas, en gran parte acomodadas, porque no nos conocemos en profundidad, porque vivimos pendientes de lo que digan otros?