Reflexión en medio de los conflictos

  •    Marzo 02 de 2018
  •    Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

A la luz del Evangelio para el domingo 4 de marzo del presente año, el P. Enrique A. Gutiérrez T., S.J. señala que los hechos nos desbordaron por nuestra indiferencia y pasividad. Hoy, cuando las cosas se han complicado de una manera increíble estamos llamados a ser sembradores de esperanza. Y cree que este tiempo de cuaresma, “nos ofrece espacios y momentos que tenemos para revisar nuestras actitudes y falta de compromiso.”


Cuando leo las noticias en los periódicos, cuando las escucho en la radio, cuando veo los noticieros de televisión, siempre me pregunto hasta dónde vamos a llegar, cuándo va a detenerse esta absurda violencia que nos está destruyendo, cuándo dejaremos de llorar a nuestros muertos, cuándo terminarán los hechos de corrupción, las tragedias y todo lo que nos afecta en lo más profundo. Me pregunto cuál será la próxima noticia que nos conmocione. Todos estos interrogantes se quedan sin respuesta cuando miro a mi alrededor y encuentro la falta de solidaridad, la ausencia del sentido de patria y la carencia de una identidad basada en el amor y el respeto a lo nuestro.

No quiero ser pesimista, no me ha gustado serlo. Conservo en mi interior una profunda esperanza de un mañana mejor, creo en la bondad de la mayoría de los colombianos, reconozco que hemos mantenido una actitud de silencio e indiferencia ante tanto dolor y tanta tragedia. Nos hemos vuelto insensibles porque no nos ha tocado directamente todo esto que estamos padeciendo. Pero, no seamos ingenuos, está a la puerta de nuestras casas, el sufrimiento se campea por los rincones de nuestros hogares, puede llegarnos en cualquier momento. Estamos dejando que las cosas sucedan y no reaccionamos. Me parece doloroso que sigamos así.

En la medida en que asumamos un compromiso valiente de decirle No a todo hecho violento, en el instante en que tomemos la decisión de ser constructores de una cultura de paz, empezando por cada uno de nosotros, en ese momento estamos empezando a cambiar el rumbo de las cosas. Y lo estaremos haciendo por necesidad, dados los hechos que nos ha tocado vivir, o por convicción, porque creemos en un futuro mejor para nuestra niñez y juventud.

Siempre he pensado que hemos sido demasiado condescendientes con todo lo sucedido, que pensamos que era algo pasajero y no medimos las consecuencias de lo que podía pasar. Los hechos nos desbordaron por nuestra indiferencia y pasividad. Hoy, cuando las cosas se han complicado de una manera increíble estamos llamados a ser sembradores de esperanza. Y creo que este tiempo de cuaresma, nos ofrece espacios y momentos que tenemos para revisar nuestras actitudes y falta de compromiso.

Hay personas que consideran que no es posible cambiar las cosas. Creo que no hemos llegado al fondo mismo del caos ni hemos llegado al punto de no retorno. Es cierto que estamos al borde de alcanzar ese punto, pero todavía hay esperanza, todavía hay personas de buen corazón que quieren comprometerse con la causa de la paz. Son o somos personas para quienes el dolor tiene rostro, la tragedia nombre y los problemas causas y consecuencias. Somos de las personas que por la fuerza interior que nos mueve, estamos dispuestos a jugarnos el todo por el todo, aun la vida misma, para lograr hacer realidad ese sueño de una Colombia mejor, en paz y fraternidad, consciente de todo el potencial que hay en sus gentes y de lo mucho que podemos lograr. Hoy quiero hacer un compromiso de fe en Colombia. Invito a cada uno de mis lectores y lectoras a hacer lo mismo.