La verdad acerca a la luz

  •    Marzo 09 de 2018
  •    Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

A la luz del Evangelio para el domingo 11 de marzo del presente año, el P. Enrique A. Gutiérrez T., S.J. señala que hoy, cuando el mundo se ha hecho cada vez más complejo, este criterio de relación entre la verdad y la luz, ha de convertirse para nosotros en una norma de oro para actuar. No debemos buscar otro testimonio mejor que el de nuestra propia vida.


La experiencia de encontrarnos en un lugar completamente oscuro no nos gusta. Sentimos cierta angustia y temor cuando debemos afrontar este tipo de situaciones. Hay personas que verse sumergidas en la oscuridad les puede producir un shock nervioso imprevisible. Laoscuridad significa caos, desconcierto, descontrol. Personalmente, me pone nervioso, especialmente cuando es un lugar poco familiar para mí. Si es conocido, me siento tranquilo y me puedo mover sin dificultad.

Sin embargo, hay personas que prefieren la oscuridad, como dice el texto del evangelio de este domingo “la luz vino al mundo y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas”. Suelen decir que la tiniebla, la oscuridad, es el escenario preferido de quienes hacen el mal. En la oscuridad de la noche se cometen muchos crímenes, se planean secuestros, se conspira. En una palabra, el mal y la tiniebla van de la mano. Por eso, el texto ya referido afirma “todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz”. Da un argumento fuerte “para no verse acusado por sus obras”.

El texto ya mencionado continúa “el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”. Qué sabiduría para nuestra vida, qué lección en cuanto a nuestras obras: ¿podemos mostrarlas a la luz del día, porque son conformes a la verdad? Nos da miedo presentarnos ante los demás para que “¿viendo nuestras obras den gloria al Padre que está en el cielo?”. Quien camina en la verdad sabe que va por el sendero recto, que está siguiendo el camino de Jesús, que sus obras hablan por sí mismas y dan testimonio de esa persona. No necesita andar diciendo que es bueno, que actúa correctamente, sus obras lo pregonan.

Hoy, cuando el mundo se ha hecho cada vez más complejo, este criterio de relación entre la verdad y la luz, ha de convertirse para nosotros en una norma de oro para actuar. No debemos buscar otro testimonio mejor que el de nuestra propia vida. Que en nuestro actuar cotidiano todo se pueda colocar al examen de la gente, porque es totalmente transparente, sin componendas ni engaños, sin dobleces ni enredos. Que podamos mantener la frente en alto porque nuestro actuar es honesto y sin tapujos o zonas oscuras.

Siempre me he preguntado cómo puede dormir tranquila una persona que actúa en contra de la verdad, que va por la tiniebla, que rechaza la luz en su vida, que busca cómo hacer el mal, que el engaño está a flor de piel. Quien obra así es alguien “acusado por sus obras”, son el reclamo a su conciencia. De lo contrario, debe acallar esa voz interior que le dice y le reclama su modo de proceder por todo el mal y el daño que causa. Distinta a la voz que escucha aquel que “realiza la verdad y se acerca a la luz, pues sus obras están hechas según Dios”. Es una voz que hace sentir sereno, en paz consigo mismo, porque sabe que, ante todo, está haciendo el bien y amando.