Abriendo Horizontes: Columna del Padre Gustavo Baena, S.J. en El Colombiano

Habla del ser humano y su interacción con los demas.


COMUNIDAD
Por PADRE GUSTAVO BAENA, S.J.
cfccomunicaciones@une.net.co
El ser humano es relacional por definición, es social. Tan pronto dejó de ser errante, comenzó a formar grupos para apoyarse, mantenerse y progresar.
Sin embargo, vivimos una época donde el yo tiene la primacía y campea un individualismo exacerbado. Valores como la solidaridad y la fraternidad no pasan por su mejor momento. Hemos olvidado que el otro no se reconoce sino desde el yo. Y reconociendo al otro, al tú, formamos un nosotros, base de la acogida, del reconocimiento, de la aceptación.
Pero resulta que ahora nos dio por buscar al otro, casi exclusivamente en las redes sociales, tribuna de un yo independiente, desde donde pronuncia su discurso dirigido a quien le interese. No nos comunicamos. Trinamos. Estamos sumidos en un aislamiento pensando que enconchados ahí, nadie nos hace falta y nadie tiene por qué molestarnos. Se nos ha olvidado una palabra que, cual personaje de moda, sube y baja en las encuestas de popularidad y reconocimiento: comunidad.
No solo la olvidamos sino que no la entendemos, la distorsionamos y terminamos por no aceptarla. Quedamos sin comunidad porque no nos reconocemos como miembros de ninguna.
No es fácil concretar qué es comunidad porque no es algo físico, sino algo como un patrón, un modelo. Está conformada por seres humanos que comparten costumbres, valores, tareas, su visión del mundo, sus roles. Sus integrantes crean y socializan una identidad que los diferencia de las otras comunidades.
Esa identidad común es el fundamento que les permite realizar un conjunto de interacciones basadas en esperanzas, valores, creencias y significados compartidos. Lo cual necesariamente contribuye finalmente, a darle sentido a la vida personal de los miembros comunitarios.
Ahora bien, la comunidad cristiana es la comunidad social refinada. El elemento compartido en ella es el reconocimiento de que Jesús es quien nos revela la manera de proceder de Dios que está creando y actuando a través de seres humanos.

En el Centro de Fe y Culturas reflexionamos que Dios actuó por Jesús, que le fue fiel y le permitió actuar por su intermedio para salvarnos de la temporalidad de la muerte. Pero los apóstoles solo entendieron la acción de Dios en Jesús resucitado, a partir de la vivencia de la experiencia pascual. Esa experiencia los transformó en nuevos seres humanos semejantes a Jesús, conscientes de que Él había roto el límite de la temporalidad y de la espacialidad, y los había salvado de la muerte, de la nada. La comunidad cristiana celebra en la eucaristía la experiencia de la acción creadora de Dios en cada uno de nosotros como seres humanos.