Constitución y religión: las dos miradas del beso gay en público - Carlos Novoa S. J. Especial para EL TIEMPO

Expone la situación de algunas parejas de gays en Cali y Bogotá. Muestra el tema desde el punto de vista constitución y religión, y como explicar el tema a niños y jovenes.}


La Constitución no se aplica por pedazos

Lo ocurrido hace unos días con una pareja de lesbianas que fue discriminada en el TransMilenio?, en Bogotá, me recuerda un caso similar.

Sucedió en Cali hace un año y medio ya. Dos jóvenes homosexuales me buscaron cuando yo era Defensor del Pueblo en el Valle y me contaron que los habían echado del centro comercial Cosmocentro porque se estaban abrazando cariñosamente sin llegar, por supuesto, a ningún límite de obscenidad o irrespeto.

Les creí el cuento porque conozco a los muchachos, que son profesionales, serios, y no un par de quinceañeros y primerizos enamorados que le quieren contar a medio mundo que cayeron en las mieles del amor.

Al escucharlos, claramente concluí que estábamos frente a un acto de discriminación por razones de orientación sexual, que no será el primero ni el último que suceda en este país, donde las parejas heterosexuales sí pueden amarse públicamente, pero las homosexuales no.

De manera que, con el ánimo de dejar un precedente claro y contundente y simplemente por hacer cumplir un mandato que está claramente reseñado en la Constitución, decidimos entutelar al centro comercial donde sucedió el bochornoso hecho.

Yo ya sabía que eso no iba a ser fácil. No estamos en San Francisco, Barcelona o Estocolmo, donde ver a dos manes agarrados de la mano o manifestando sus cariños no es ningún pecado. Allí, jamás serán víctimas de odios homofóbicos.

Claramente, no fue fácil. La tutela fue rechazada dos veces por dos juzgados penales de Cali. A nuestros jueces se les olvidaron algunos artículos de la Constitución del 91.

Pero insistí, convencido de que se vulneraron los derechos fundamentales a la igualdad, a la libre orientación sexual y a la intimidad y porque, señores, ya no vivimos en la era de la Prehistoria y superamos varias décadas de opresión.

Hoy, un año y seis meses después, la Corte Constitucional me da la razón: que el tema debe ser visible y que debe entenderse que la gente homosexual no tiene por qué ocultar sus manifestaciones de afecto, pues tienen los mismos derechos que las parejas heterosexuales; por lo tanto, no pueden ser excluidas de espacios públicos.

Y no solo eso. La Corte, además de acoger en su sentencia toda la tutela, insiste en que es necesario que el grupo de vigilantes y empleados de dicho centro se capacite en temas de derechos humanos y no discriminación.

Pero, como insisto, a esta pelea le falta más tiempo. Veo con total decepción, nuevamente, que un miembro de la Policía Nacional le haya solicitado a una pareja de mujeres en el TransMilenio?, de Bogotá, que no manifestaran su amor, pues eso no era permitido. ¿Qué tal?

Así que otra vez yo, sin pelos en la lengua, le mandé una carta al general de la Policía, Óscar Naranjo, quien ha sido el gran promotor de esta entidad para entender los derechos de la comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), para que socialice la sentencia, para que los miles de uniformados que hay en este país entiendan que una pareja homosexual puede tener actos afectivos en espacios públicos, en su justa y clara medida, obviamente, y que no es exclusivo de las parejas heterosexuales.

Ojo, no estoy hablando de que hagamos un show triple X en la calle o de que pongamos un parque del amor como Ámsterdam (no me lo imagino en Colombia), ni más faltaba... Estoy hablando de permitir con límites; pero, eso sí, nunca de prohibir derechos constitucionales, que es algo diferente.

No me vengan ahora con que la Constitución se aplica por pedazos. El constituyente colombiano eligió que en nuestro país hubiera igualdad completa en derechos entre heterosexuales y homosexuales. Así que es completa o no es, ¿o un homosexual solo puede expresar su amor en privado?

Es más, al general le dije que desde Cali estoy dispuesto a ayudar a socializar la sentencia, a hacer jornadas pedagógicas, a hablar hasta el cansancio, a imprimir miles de volantes con un resumen y repartirlos en la calle. En fin...

Y con esto no quiero convertirme en el líder de la comunidad LGTB en Colombia. Aquí están surgiendo iniciativas importantes en el tema de la homofobia: la Corte apoya mi tutela, veo campañas fuertes y directas como la de la Alcaldía de Bogotá, donde una pareja homosexual es llevada al mismo plano de una heterosexual; veo a ONG trabajando... Aquí lo que estoy haciendo es defendiendo unos derechos plasmados en un libro llamado Constitución.

Ah, y evitando situaciones aberrantes, como en la que, por esos odios, fueron asesinadas más de 20 mujeres transexuales en mi ciudad. Vergonzonso. Así que no es solo permitir besos, es ser generadores de espacios de igualdad.

Andrés Santamaría
Especial para EL TIEMPO

La visión personal de un sacerdote

El que un policía haya bajado del TransMilenio? a una pareja lesbiana porque se besaba en la boca nos plantea unas preguntas: ¿El ejercicio de la sexualidad es un tabú pecaminoso que hay que evitar? ¿La homosexualidad es una enfermedad aberrante que debe ser combatida en todo lugar? ¿La Policía debe controlar nuestros comportamientos eróticos? Mi respuesta es no. Las ciencias médicas y de la psiquis verifican la importancia de la práctica placentera y libre de nuestro talante sexual, la cual también constituye un derecho humano fundamental (cfr. Declaración Universal de los Derechos Humanos personales y sociales de 1948, ONU, nos. 2 y 16). Los protocolos de la psiquiatría niegan desde hace varias décadas que la homosexualidad sea una enfermedad o aberración. Para estos, se trata de un estado legítimo y válido en el que se halla un grupo de personas.

¡No todos los humanos son cristianos y ellos cuentan con todo nuestro respeto, ni más faltaba! Para quienes buscamos vivir a Jesús, el Señor ha creado y dado la sexualidad para nuestra gran plenitud, gozo y placer. Las lesbianas y homosexuales son hijas e hijos predilectos de Dios, ya que Él prefiere a todos los excluidos, ya sean homofílicos, pobres, mujeres, niños, ancianos o enfermos, entre otros. Juan Pablo II, Benedicto XVI y el catecismo de la Iglesia católica insisten en la filiación divina de quienes sienten atracción sexual por su mismo género, enfatizando en que son sujetos de una radical dignidad e igualdad, y en que por ningún motivo deben ser discriminados.

Las dinámicas eróticas, como toda conducta personal y social, pasan por la ética. Verificamos actitudes y comportamientos sexuales humanos que nos plenifican e inhumanos que debemos evitar. Entre estos últimos se encuentran el abuso sexual de menores, el engaño y la traición, la violación, el acoso y el machismo. Todo criterio de moralidad en una sociedad civil, laica y no confesional como la nuestra, lo construimos entre las mujeres y hombres en la constitución del consenso mínimo ético y legal, el cual es un acaecer muy rico y complejo, mucho más allá de una vulgar suma de votos.

Una práctica libre, placentera y creativa del erotismo sin ningún tabú conlleva la asunción del pudor. Esto lo señalan las más amplias y rigurosas investigaciones de la medicina, la sexología y las ciencias de la psiquis, (cfr. Masters y Johnson, Robert Kolodny, Helen Singer Kaplan y Andrés Flores, entre otros).

Yo no hago públicos los detalles íntimos de mis relaciones con mamá, papá, pareja o hijos. La privacidad protege la gran complejidad de la profundidad y riqueza insondables de nuestros hondos amores, cuya publicidad necesariamente los trastoca ya que esta no los vive, y por ende no puede avocarlos de manera pertinente. Asimismo, con nuestro erotismo, del cual forma parte inseparable el afecto. Las mencionadas investigaciones también concluyen las tres dimensiones fundamentales e irrenunciables de la sexualidad humana: la corporal, la emocional y la espiritual o de sentido.

Respecto de la urgencia del acaecer simultáneo de estas tres dimensiones, Benedicto XVI, en su encíclica Dios es amor, (2005, www.vatican.va), argumenta con lucidez sobre esta integralidad.

Plantea cómo el cenit de la relación de pareja lo constituye la convergencia continua de lo erótico (amor carnal) y el ágape (la gratuidad recíproca de este amor). Por esto mismo, para Ratzinger el amor divino y humano es eros y ágape en igual proporción, ya que todo lo auténticamente humano es cristiano, al tenor del Concilio Vaticano II. Obviamente, el amor carnal tiene variadas connotaciones, según el tipo de relaciones interpersonales que se establecen.

Para evitar discusiones estériles y malinterpretaciones tendenciosas de ciertas personas y grupos, como ya me ha sucedido, subrayo que la validez y legitimidad del acto sexual dentro de la homofilia es objeto de debate. Los especialistas investigadores ya citados tienen argumentos sólidos para afirmar la eticidad y necesidad de tal acto. El magisterio oficial católico no acepta la moralidad de estas relaciones sexuales. Por supuesto, yo hago propia esta postura. Ahora bien, la catolicidad, junto con su magisterio y teología, debemos ponderar y escuchar con gran atención los aportes de la ciencia al respecto y en todo campo.

Esto lo piden el Concilio Vaticano II, Juan Pablo II, Benedicto XVI y el reciente documento La teología hoy: perspectivas, retos y principios, de la Comisión Teológica Internacional, perteneciente a la Santa Sede.

Suplico al lector que lea con gran cuidado la integridad de este texto e interprete cada una de sus afirmaciones en su conjunto. El aislar frases de su contexto, las convierte en aseveraciones absurdas e inaceptables. Haga el ejercicio con el Evangelio mismo.

Carlos Novoa S. J.
Especial para EL TIEMPO

¿Cómo explicarles a los niños y a los mayores?

¿Cómo explicarles a los niños que una pareja gay puede darse un beso en público?

Con los niños es más fácil, siempre que desde pequeños se les explique que hay varios tipos de orientaciones sexuales, y que hay que ser tolerantes y respetuosos ante la de cada quien. Hay que enseñarles que todos tenemos los mismos derechos y debe- res, independientemente de la orientación sexual, y que hay que convivir en la diversidad.

¿Las personas mayores son menos flexibles?

A ellos les enseñaron que la única opción de pareja es la de un hombre y una mujer, y por eso tienden a ser intolerantes frente a esta situación. Hay que hacer un trabajo de sensibilización, planteándoles situaciones hipotéticas, como decirles que alguien muy querido podría ser homosexual, pero que eso no va a cambiar sus sentimientos ni su relación con él. Que lo que la persona haga en su intimidad es privado y no afecta en nada a los demás. Por supuesto, una persona homofóbica nunca va a cambiar de parecer.

María Claudia Abello

Psicóloga y educadora sexual