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Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que
Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del
Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: “¿Dónde
está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos salir su estrella y
hemos venido a adorarlo”. El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto, y lo
mismo les pasó a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó el rey llamar a
todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó
dónde había de nacer el Mesías. |
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Ellos le dijeron: “En Belén de Judea; porque así lo escribió el profeta: 'En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre las principales ciudades de esa tierra; porque de ti saldrá un gobernante que guiará a mi pueblo Israel’.” Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los mandó a Belén, y les dijo: “Vayan allá, y averigüen todo lo que puedan acerca de ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a rendirle homenaje”.
Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Cuando los sabios vieron la estrella, se alegraron mucho. Luego entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. (Mateo 2, 1-12).
1. La “Epifanía” es una manifestación de la universalidad del reino de Dios
La fiesta que en el lenguaje popular se conoce como de los “Reyes Magos”, cuya fecha tradicional es el 6 de enero, recibe en la Iglesia el nombre oficial de Epifanía del Señor y tanto en Colombia como en otros países viene desde hace algún tiempo celebrándose litúrgicamente el domingo que le sigue al primer día del año civil.
El vocablo griego epi-fanía significa super-manifestación, y la liturgia lo aplica a Jesús para indicar que en Él se cumple la promesa bíblica de un Mesías que vendría al mundo para establecer el reinado de Dios, y que sería reconocido como Señor por todos los pueblos de la tierra.
Así
lo había predicho el libro de Isaías unos cinco siglos antes en el texto
bíblico de la primera lectura (Isaías 60, 1-6), de acuerdo con el sentido
más profundo del Salmo 72 (71). Este es el sentido de lo que dice el apóstol
san Pablo en la segunda lectura, tomada de su carta a los cristianos de
Éfeso (Efesios 3, 2-6), al referirse a los “gentiles” -los que no
pertenecen a la raza judía- como igualmente destinatarios de la acción
salvadora de Dios en persona por medio de Jesucristo. 2. El significado de los “Magos de Oriente” y la estrella que los guía
El texto del Evangelio (Mateo 2, 1-12) no es un relato estrictamente histórico. Pertenece a un género literario llamado en hebreo midrash: una narración con fines didácticos. El relato evangélico, que no dice que eran reyes, ni que eran magos ni que eran tres (aunque tres son los dones que ofrecen), ni cuáles eran sus nombres, razas o nacionalidades (aunque se indica que son unos sabios que vienen de Oriente), consiste en una invitación a reconocer la epi-fanía o super-manifestación del inicio del reinado universal de Dios desde el comienzo de la vida de Jesús en la tierra.
Además de anunciar simbólicamente lo que ocurriría en el transcurso posterior de la historia de la humanidad, cuando los poderosos y los sabios de este mundo se postrarían para reconocer y adorar en el humilde niño Jesús al Rey del Universo, los dones de oro, incienso y mirra han sido interpretados como signos respectivamente de la realeza, la divinidad y la humanidad de Jesús (La mirra se empleaba en los ritos funerarios orientales para embalsamar los cuerpos, lo cual da pie para simbolizar con ella la condición humana mortal de Jesucristo).
Acojamos la enseñanza que nos trae el relato simbólico de la Epifanía, siguiendo como los sabios la estrella que nos conduce a reconocer en Jesús al Señor de nuestras vidas, y abriéndole nuestros corazones para ofrecerle todo lo que somos y tenemos, de modo que Él reine de verdad en cada uno de nosotros y en los ambientes en los que transcurre nuestra existencia.- |
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