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Lecturas:
o
Deuteronomio 11,
18. 26-28. 32
o
Carta de San
Pablo a los Romanos 3, 21-25ª. 28
o
Mateo 7, 21-27
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El evangelio de
hoy empieza con una afirmación tajante de Jesús, que debió sorprender a los
que lo escuchaban: “No todo el que dice Señor, Señor entrará en el Reino de
los cielos”. ¿Por qué Jesús hace esta afirmación? ¿Qué reacción pretende
suscitar en el auditorio?
o
El judaísmo
estaba lleno de ritos que, en muchas ocasiones, habían perdido su
significación. La gente participaba en ellos de manera mecánica, por simple
acatamiento de la tradición, y pensaba que así garantizaba las bendiciones
de Dios.
o
En nuestra época,
muchos bautizados solamente se acuerdan de Dios cuando se sienten
amenazados: se santiguan cuando van a subirse a un avión (por la TV vimos a
algún paramilitar extraditado que se daba la bendición antes de abordar el
avión de la DEA que lo llevaría a USA) o encienden una vela cuando van a
presentar un examen…
o
Esta frase de
Jesús nos está diciendo que no podemos reducir la fe a unas prácticas
externas, pues la identidad religiosa exige asumir con seriedad el binomio
fe – vida y apropiarse de los preceptos de Dios como brújula de nuestro
actuar.
o
Estamos, pues,
ante una seria amonestación de Jesús dirigida a quienes utilizan con
ligereza el nombre de Dios como un simple salvavidas en medio de las
emergencias.
o
Una religiosidad
que se queda en las fórmulas externas es propia de personas superficiales
que viven en el presente sin preocuparse por construir un proyecto de vida
sólido, anclado en valores consistentes.
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Después de tomar
conciencia de esta denuncia que hace Jesús, es interesante continuar
profundizando en el mensaje que nos traen las lecturas de hoy. Hay una
convergencia entre la primera lectura, tomada del Antiguo Testamento, y el
evangelio:
o
En la primera
lectura, Moisés presenta a la comunidad dos caminos, el de la bendición y el
de la maldición.
o
La bendición
sobrevendrá para aquellos que escuchen los preceptos del Señor; y la
maldición caerá sobre los que no los acaten y se aparten del camino recto.
o
Encontramos un
planteamiento semejante en el evangelio de Mateo, en el que se nos habla de
dos casas, una construida sobre la roca y otra construida sobre la arena.
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La imagen de la
casa azotada por los vientos y las lluvias es muy clara y evidente en sí
misma, en medio de la emergencia invernal que azota al país. A través de
ella se nos invita a reflexionar sobre el proyecto de vida que está
construyendo cada uno de nosotros:
o
Construir el
proyecto de vida sobre la arena es optar por la superficialidad, las
apariencias, hacer el juego al qué dirán. Los desafortunados constructores
de este proyecto son personales plásticas, light, que hacen de lo “chévere”
el principio inspirador de sus vidas.
o
Estos proyectos
se derrumban ante la primera crisis. Doloroso testimonio de esta
superficialidad e inmadurez es el fracaso de tantos matrimonios en los
primeros meses de convivencia.
o
Construir el
proyecto de vida sobre la roca es hacer una opción explícita por los
valores, es tomar la vida con seriedad sabiendo que las cosas valiosas
cuestan y que hay que esforzarse para conseguirlas. De ahí que sea tan
importante inculcar en las nuevas generaciones el sentido de la disciplina
(por ejemplo, establecer horarios y límites), de la responsabilidad y del
esfuerzo. Los modelos educativos basados en la permisividad y en la
“flojera” conducen al fracaso.
o
A propósito de
los modelos educativos, preocupa la situación de los adultos ya que
numerosos padres de familia y educadores están despistados y no tienen
claridad sobre los valores, no saben distinguir entre la arena y la roca,
entre lo esencial y lo secundario.
o
Si los guías
están perdidos, si los orientadores están despistados, ¿qué se podrá
esperar?
ü
Las lecturas de
hoy nos invitan a dirigir los ojos a Dios para buscar en él los principios
orientadores de nuestras vidas. Es mejor guiarse por los mandamientos del
Señor que por el horóscopo.
ü
Es hora de
terminar nuestra meditación dominical. Hagamos un alto en nuestras vidas.
Por un momento dejemos a un lado las preocupaciones del presente.
Preguntémonos si hemos identificado las metas que queremos lograr.
Preguntémonos cuáles son los valores que inspiran las decisiones que
tomamos. ¿Nuestro proyecto se levanta sobre la roca o sobre la arena?
Revisemos la solidez de nuestra religiosidad: ¿se reduce a unas prácticas
casi mágicas o está conectada con la vida diaria y se traduce en compromiso?
En el evangelio de hoy se nos dice que no todo que el reza Señor, Señor
entrará al Reino de los Cielos.
jpelaez@puj.edu.co |