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Lecturas:
o
Génesis 2, 18-24
o
Carta a los Hebreos 2, 8-11
o
Marcos 10, 2-16
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Las lecturas de este domingo nos invitan a
reflexionar sobre la relación entre el hombre y la mujer:
o
La primera escena, del libro del Génesis,
parece la pintura de un artista primitivista; a través de esta colorida
alegoría de la costilla se nos transmite el misterio maravilloso de la
complementariedad de la pareja.
o
El evangelio se refiere a la misma
temática, pero desde una perspectiva jurídica; los fariseos le preguntan a
Jesús sobre la posibilidad del divorcio dentro de la ley mosaica.
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La relación entre el hombre y la mujer ha
sido un elemento importantísimo de la historia humana. Recordemos algunos de
estos momentos, que han quedado en los libros de historia, en las obras
maestras de la literatura y en las noticias de los medios de comunicación:
o
La Iliada, joya literaria de todos los
tiempos atribuida al poeta Homero, narra la guerra de Troya, causada por la
locura de amor y celos que suscitó la hermosa Helena.
o
Shakespeare, el genial dramaturgo inglés,
nos narra el amor imposible entre dos adolescentes, Romeo y Julieta, que
pertenecían a dos familias que se odiaban.
o
Miguel de Cervantes nos cuenta la locura de
Don Quijote, quien veía en Aldonza Lorenzo, una ruda campesina que tenía “un
cierto olorcillo hombruno y algo correoso”, a la sin par Dulcinea del
Toboso.
o
Bajando de las sublimidades de la
literatura a la ordinariez de las publicaciones sensacionalistas,
recordemos el triángulo amoroso de Carlos de Inglaterra, Diana de Gales y
Camila Parker. En estas relaciones encontramos todos los elementos de los
chismes de la farándula: infidelidades, intrigas palaciegas, anorexia,
paparazzi, servicios secretos, muerte. Y como en las pesadillas infantiles,
la bruja malévola venció al hada madrina…
o
Y ni hablar de las escandalosas fiestas de
Berlusconi, el político y magnate italiano, que ha escandalizado a Europa
con sus listas de invitados de pésima reputación y fotos comprometedoras.
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Como lo podemos ver a través de estos
ejemplos, la relación entre el hombre y la mujer ha inspirado las más nobles
acciones así como las peores locuras.
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Pero, dejemos a un lado lo puramente
anecdótico, para concentrarnos en la situación de las parejas de hoy.
Ciertamente hay relaciones de pareja que muestran una gran solidez y que
han salido adelante en medio de dificultades serias. Pero igualmente
conocemos a numerosas parejas cuya convivencia se ha derrumbado como un
castillo de arena construido a la orilla del mar.
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Anteriormente se decía que muchos
matrimonios fracasaban porque no se conocían suficientemente, y que una cosa
era el amor de novios y otra muy diferente el amor de esposos. Hoy día la
situación ha cambiado radicalmente, pues la mayoría de las parejas ya han
experimentado varias “lunas de miel” y han convivido antes de formalizar su
relación.
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Los especialistas en Psicología y en
Sociología esperarían que esta intimidad prematrimonial favoreciera un mayor
conocimiento y, por tanto, garantizara una mayor estabilidad en su relación
de esposos. Pero la realidad es diferente. Hay aspectos mucho más hondos en
la relación de pareja que no se clarifican con la cómoda fórmula de vivir
juntos antes de casarse.
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Exploremos algunos de estos aspectos. No
pretendo agotar un tema tan complejo; simplemente quiero insinuar un camino
de reflexión:
o
Hablemos, en primer lugar, de la madurez,
que consiste en salir del pequeño mundo del yo para descubrir al otro como
sujeto. Por eso hablar de madurez es lo mismo que hablar de capacidad de
entrega. Pero resulta que vivimos en una sociedad profundamente egoísta,
donde sólo se piensa en la satisfacción individual y en el otro como un
objeto al servicio de esa satisfacción. ¿Qué se puede pensar de este
encuentro entre seres inmaduros? ¿Qué garantías ofrece? Hay que reconocer
que dos egoísmos juntos, en lugar de sumar, dividen…
o
Muchas relaciones de pareja fracasan porque
no fueron capaces de construir un proyecto común. Más allá de MI proyecto,
más allá de TU proyecto, debe existir NUESTRO proyecto, es decir, tener muy
claro el ideal de familia que quieren construir los dos. Ahora bien, hablar
de un proyecto común de familia supone la existencia de unos valores
espirituales. Por eso no tiene futuro una relación entre dos personas
vacías, superficiales, que sólo piensan en la rumba, en el dinero, en la
tarjeta de crédito, en la liposucción… Sin espiritualidad no hay futuro para
una relación sólida de pareja.
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La vida de pareja necesita tiempo para
construirse, se alimenta de pequeños detalles, concede espacio a la
intimidad y a la ternura. Por encima de todo deben ser buenos amigos y
compañeros del viaje de la vida.
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Nosotros, los adultos, tenemos una enorme
responsabilidad en la formación afectiva de las nuevas generaciones:
o
Es necesario que los esposos permanezcan
fieles a sus promesas matrimoniales y den testimonio ante sus hijos de la
riqueza de una vida de familia, en la que el respeto y el diálogo son reglas
sagradas que se cumplen por encima de todo.
o
Es importante que los sacerdotes
permanezcamos fieles a nuestros votos, y demos testimonio de que la
fidelidad y el compromiso de vida son posibles y llenan de sentido la
existencia humana.
o
Los adultos debemos dar ejemplo de que el
“arte de amar” es un largo camino que exige compromiso y constancia, y que
no es posible abrir y cerrar relaciones como se abren y cierran los
“certificados de depósito a término” a 90 o a 180 días. La fidelidad es una
apuesta para toda la vida y la fe en Dios en la mejor garantía.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. Que estas sencillas reflexiones sobre la relación entre el hombre
y la mujer estimulen una revisión seria en todos nosotros: que los adultos
evaluemos nuestro testimonio de vida para poner en evidencia nuestras
incoherencias; que los jóvenes analicen críticamente el tipo de noviazgos
que están viviendo y se cuestionen sobre el modelo de relación que están
construyendo ahora y que los va a condicionar para toda la vida. Que todos
juntos cooperemos en la construcción de una sociedad en la que mujeres y
hombres puedan compartir en igualdad y respeto.
jpelaez@javerianacali.edu.co |