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Lecturas:
o
Hechos de los Apóstoles 10, 34. 37-43
o
Carta de San Pablo a los Colosenses 3, 1-4
o
Juan 20, 1-9
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En estos días santos hemos acompañado a
Jesús en su Pascua:
o
El Jueves Santo agradecimos su especial
deferencia al invitarnos a compartir su mesa, llamado que sigue repitiendo
todos los domingos para que nos encontremos como comunidad de fe y
compartamos la Palabra y el Pan de Vida.
o
El Viernes Santo contemplamos impotentes
cómo la injusticia y los intereses inconfesables destruyeron la vida del
Justo por excelencia. El relato de la Pasión nos cuenta que la oscuridad
cubrió la ciudad santa de Jerusalén, como si la naturaleza estuviera de
duelo por la muerte de Jesús.
o
Una profunda tristeza, semejante a la
oscuridad que sobrevino a la ciudad, invadió los corazones de las personas
sencillas que se habían llenado de esperanza al escuchar sus enseñanzas y al
ver sus milagros. Todo había terminado en el fracaso de la cruz.
o
Pero el plan de Dios no terminaba el
Viernes Santo. El paso de Jesús era un tránsito de la vida terrena a la vida
gloriosa junto al Padre. Su aparente fracaso era, en realidad, una
aplastante victoria sobre el dolor y la muerte.
o
Por eso repican las campanas; por eso
resuena la música; por eso las iglesias del mundo entero se visten de
flores.
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En la primera lectura, tomada de los Hechos
de los Apóstoles, Pedro da testimonio de la experiencia de Jesús resucitado:
“hemos comido y bebido con Él después de que resucitó de entre los muertos”:
o
La experiencia inmediata de Jesús
resucitado transformó la vida de estos primeros testigos, que superaron los
temores que los paralizaban y se convirtieron en convencidos anunciadores
de la buena noticia.
o
La experiencia de Jesús resucitado sigue
inspirando a millones de mujeres y hombres que han seguido las huellas de
Jesús en su camino de servicio y entrega.
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En el evangelio que hemos escuchado,
encontramos unos ricos elementos que nutren nuestra vida espiritual en este
Domingo de Resurrección. Los invito a ir más allá del texto para descubrir
el sentido que el evangelista Juan quiere dar a sus palabras.
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Nos dice el evangelista Juan que “el primer
día de la semana, por la mañana temprano, todavía en tinieblas, fue María
Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada”. Analicemos algunos detalles,
pues estas palabras no fueron escritas al azar:
o
El evangelista no dice cuánto tiempo pasó
entre la muerte y la sepultura de Jesús y ese día concreto al cual se
refiere, al que llama “el primero de la semana”. Superando el esquema de
temporalidad que supone un antes y un después, Juan pone de manifiesto que
la Pascua del Señor, es decir, su muerte y resurrección, son inseparables.
o
El sepulcro vacío, elemento esencial de
este relato, indica que Jesús no ha sido atrapado por la muerte. Y así se
inicia una nueva creación, se empieza a escribir un nuevo capítulo en la
historia de la humanidad. Así, pues, el evangelista Juan se refiere de
manera simbólica al día primero de esta realidad nueva que comienza con
Jesús resucitado. Se inicia una nueva era de esperanza y paz para todas
las mujeres y hombres de buena voluntad que buscan honestamente el bien y la
verdad.
o
En su evangelio, Juan juega con las
imágenes de la luz y las tinieblas. En este relato encontramos el mismo
juego literario: era el amanecer pero todavía estaba oscuro. Es una forma de
expresar la profunda desolación de María Magdalena, que iba a visitar el
cadáver de su Maestro, quien había sido sepultado de prisa para no violar
las normas que regulaban la celebración de la Pascua judía. María fue a
visitar un cadáver sin advertir que una luz nueva amanecía sobre el mundo,
la luz de Cristo resucitado.
o
Este simbolismo lo expresa la liturgia
cuando, en la Vigilia Pascual, se enciende el fuego nuevo, imagen del
resucitado.
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¿Cómo reaccionó María Magdalena al ver que
la losa había sido quitada del sepulcro? Su reacción es de alarma e
inmediatamente corre a avisar a los discípulos. Pero no describe el hecho
objetivo de la losa que ya no sellaba la puerta del sepulcro, sino que
propone una interpretación: “se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo
han puesto”. María Magdalena se siente desconsolada; busca un cadáver que ha
desparecido.
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Después de ver la reacción de la mujer,
pasemos ahora a los discípulos Pedro y Juan:
o
Se dirigen velozmente al sepulcro. Pero
como Juan era más joven y ágil, llegó primero; pero tuvo la delicadeza de
aguardar a Pedro para que fuera él, como persona mayor y líder del grupo,
quien entrara en el sepulcro.
o
El evangelista Juan describe
minuciosamente, como lo haría un forense, dónde y cómo se encontraban la
sábana y el sudario.
o
Curiosamente, Pedro no reaccionó de manera
visible ante estos hechos; guardó silencio. Juan, por el contrario, “vio y
creyó”. Los seres humanos reaccionamos de manera diferente ante las
experiencias que nos depara la vida: respuestas positivas, respuestas
negativas, indiferencia o sorpresa… Así somos los seres humanos; así
reaccionaron los apóstoles Pedro y Juan.
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El Domingo de Pascua es un canto a la vida:
o
Los seguidores de Jesús no somos un club de
fans que nos aferramos al recuerdo de nuestro ídolo muerto como lo hacen los
admiradores de Elvis Presley, Marilyn Monroe o John Lennon.
o
Nosotros no vivimos de un recuerdo. Cristo
resucitado sigue vivo, presente y actuante en medio de la comunidad
eclesial. Nos sigue comunicando su vida a través de la Palabra, de la
oración, de la participación litúrgica, de las obras de solidaridad con los
pobres.
o
En esta fiesta de la vida que es la Pascua,
llevemos un mensaje muy concreto de amor y esperanza a tantos hermanos
nuestros víctimas de esta cultura de la muerte que genera violencia,
pobreza, exclusión, desplazamiento.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. Dejemos que el espíritu de la Pascua impregne nuestro mundo
interior, nuestras relaciones familiares y nuestro trabajo. Que la paz del
resucitado cicatrice nuestras heridas y nos convierta en constructores de
vida, reconciliación y alegría.
jpelaez@javerianacali.edu.co |