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Lecturas:
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Profeta Ezequiel 33, 7-9
o
Carta de San Pablo a los Romanos 13, 8-10
o
Mateo 18, 15-20
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La vida humana sería imposible si
estuviéramos solos. Necesitamos a los otros. Sin embargo, la convivencia no
es fácil porque tenemos modos de ser diferentes, nuestros juicios no
coinciden y hemos sido educados bajo diferentes modelos y valores. Esto se
complica si las personalidades son dominantes o intolerantes.
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El evangelio de hoy nos da una sabia
lección sobre el manejo de situaciones conflictivas dentro de un grupo
eclesial, pero podemos extrapolar estas indicaciones a otros escenarios,
como son la familia, la empresa o la organización social. En concreto, el
evangelista Mateo nos ofrece unas pistas muy prácticas sobre la manera de
corregir a aquellas personas que tienen comportamientos que entran en
conflicto con los valores y costumbres del grupo. En términos teológicos, el
evangelio de hoy trata sobre la “corrección fraterna”.
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Los invito a que entremos a analizar el
texto:
o
“Si tu hermano comete un pecado, ve y
amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te
hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se
diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso,
díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él
como de un pagano o de un publicano”.
o
Este texto propone un manejo prudente y
gradual de las situaciones conflictivas. No debemos sobrerreaccionar de tal
manera que promulguemos a los cuatro vientos el problema que estamos
viviendo.
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Lo más sabio es arreglar los conflictos en
la intimidad, sin que intervengan otras personas. Por eso el evangelista
Mateo va incorporando a otras protagonistas a medida que se agudiza el
conflicto. El ideal sería que las diferencias se arreglaran en el ámbito
privado.
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Esta prudente gradualidad debería ser
tenida en cuenta por las parejas en conflicto. Con frecuencia se involucra
a los hijos, los suegros, los hermanos, los cuñados, los amigos. Y los
protagonistas del conflicto exigen definiciones: ¿Con quién está usted?
¿Conmigo o con el otro?
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Siempre me han parecido inconvenientes esos
intentos por alinear el entorno en dos grupos: los amigos y los enemigos.
El hecho de que una pareja se divorcie, no implica que necesariamente yo
tenga que romper con uno de ellos, y sepultar muchos años de amistad.
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La corrección fraterna, en los términos en
que la propone el evangelista Mateo, no es frecuente. La razón es sencilla:
por comodidad la gente prefiere callar; conoce el problema, lo comenta en
voz baja con los amigos, pero no se atreve a hablar del asunto con la
persona interesada. Y cuando se decide a hablar, lo hace en forma explosiva,
generando en el otro una respuesta defensiva.
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¿Qué se pretende con la corrección
fraterna? Que la otra persona sea consciente del problema y modifique su
comportamiento. Es un servicio que hacemos a los demás. Más aún, nuestros
silencios de alguna manera nos convierten en cómplices de determinadas
situaciones. No podemos sentirnos tranquilos adoptando la cómoda actitud de
espectadores. Todos formamos parte de un cuerpo y somos miembros
corresponsables de su buen funcionamiento.
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Como creyentes, formamos parte de la
comunidad eclesial: si esta funciona, se benefician todos los miembros; y si
se presentan disfunciones por causa del comportamiento de alguno de sus
miembros, los efectos negativos tendrán consecuencias sobre el conjunto.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. Que estos aportes del evangelista Mateo sobre la corrección
fraterna nos ayuden a superar la pasividad ante los problemas que afectan la
buena marcha de la comunidad. Somos corresponsables. Que nuestras
intervenciones sean delicadas, con la gradualidad y prudencia que sugiere el
evangelista. Con nuestro silencio no seamos cómplices de comportamientos
inaceptables que están en abierta oposición con los valores del evangelio.
jpelaez@javerianacali.edu.co |