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Lecturas:
o
Profeta Isaías
40, 1-5. 9-11
o
II Carta del
apóstol Pedro 3, 8-14
o
Marcos 1, 1-8
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El sentido del
Adviento es prepararnos para recibir al Hijo de Dios que asume nuestra
condición humana. Jesús es punto de encuentro del cielo y la tierra, de la
infinitud de Dios y la limitación humana.
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En este II
Domingo de Adviento la invitación para la preparación se concreta en la
imagen de Juan Bautista, un personaje muy especial. Hay una total
articulación entre la primera lectura, del profeta Isaías, y el evangelio de
Marcos.
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Isaías se refiere
a una voz que clama en el desierto; esa voz adquiere un nombre propio en
Juan Bautista.
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Juan es el último
de los profetas del Antiguo Testamento y el primer testigo del Nuevo
Testamento:
o
Es punto de
encuentro entre la promesa anunciada por los profetas y la realización de
ésta.
o
Impacta el
ascetismo de su figura, así como la austeridad de su vestido y de su régimen
alimenticio.
o
El llamado que
hace a la conversión sacude a la opinión pública de su tiempo. Tiene la
misión de despertar al pueblo, cuya religión se había reducido al simple
cumplimiento de unos formalismos.
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El relato del
evangelista de Marcos muestra el desierto como la escenografía donde el
Precursor lleva a cabo su misión. Exploremos el significado del desierto
desde su dimensión física hasta su carácter simbólico:
o
Cuando hablamos
de desierto asociamos la imagen con inmensidad, aridez, soledad, sed,
animales hambrientos. Ciertamente la imagen del desierto no es poética sino
que viene cargada de amenazas.
o
Casi una tercera
parte de la superficie terrestre está ocupada por el desierto. Y esta
amenazadora realidad está aumentando a un ritmo preocupante por causa de la
explotación irresponsable de la naturaleza.
o
El desierto está
devorando tierras que antes se dedicaban a la agricultura y a la ganadería.
o
Igualmente, el
desierto tiene un simbolismo afectivo; significa la aridez de los corazones,
la soledad, la indiferencia, el anonimato que se vive en las grandes
ciudades.
o
Llama
profundamente la atención que esta sociedad de las comunicaciones, donde las
TIC son omnipresentes, en la que pasamos horas hablando por los celulares o
“chateando” con interlocutores desconocidos, los seres humanos se sienten
cada vez más solos e incomunicados a pesar de estar inmersos en una
avalancha de palabras…
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Juan Bautista
exhortaba a sus contemporáneos a que cambiaran de vida como expresión de su
deseo de prepararse para acoger al Mesías, que inauguraría un nuevo orden.
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La invitación
del Bautista sigue resonando en nuestros tiempos. El llamado a la conversión
no es otra cosa que una invitación a introducir profundas modificaciones en
la hoja de ruta de los individuos y de la sociedad.
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La presencia del
Hijo de Dios encarnado tiene un enorme potencial para hacer que la muerte se
transforme en vida, los desiertos se conviertan en oasis, y los seres
humanos construyamos un proyecto de sociedad donde la fuerza dominante no
sean los intereses egoístas sino la inclusión social.
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Es hora de
terminar nuestra meditación dominical. La recia figura de Juan Bautista es
un llamado a la conversión, es decir, a revisar la escala de valores.
Vivamos con devoción estas semanas de Adviento como preparación para la
Navidad. Que nuestra petición sea “ven, Señor Jesús”.
jpelaez@javerianacali.edu.co |