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Lecturas:
o
I Libro de los Reyes 19, 9ª. 11-13ª
o
Carta de San Pablo a los Romanos 9, 1-15
o
Mateo 14, 22-33
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La experiencia del miedo ante los fenómenos
de la naturaleza pertenece a lo más íntimo del ser humano. ¿Quién no ha
sentido temor ante las fuerzas ciegas de un temblor de tierra o de una
tempestad eléctrica? Por eso comprendemos los sentimientos de los discípulos
de Jesús cuando, en medio de la borrasca en una noche oscura, ven aparecer a
un ser misterioso que camina sobre las aguas, a quien identifican como un
fantasma.
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El evangelista Mateo reproduce esta
experiencia de los discípulos, no porque quiera dejar constancia del mal
momento que vivieron los seguidores de Jesús, sino porque fue ocasión de una
particular manifestación de Dios:
o
En el Antiguo y en el Nuevo Testamento son
frecuentes las teofanías, es decir, acontecimientos especiales en los cuales
se manifiesta el poder y la presencia de Dios.
o
En medio de esta escenografía de las olas
amenazadoras en medio de la oscuridad de la noche, Jesús se manifiesta a los
discípulos como Dios, ejerciendo su poder sobre las fuerzas de la
naturaleza. Por eso los discípulos confiesan: “¡Verdaderamente eres el Hijo
de Dios!”
o
Vale la pena comparar las religiones
naturales con la tradición judeo – cristiana: en las antiguas religiones
naturales, los fieles divinizaban las fuerzas de la naturaleza, inventando
dioses para cada una de ellas: el sol, la luna, las estrellas, el fuego, la
lluvia, el mar, los vientos…
o
En la tradición judeo – cristiana, se
produce una desacralización de estos fenómenos, que ya no tienen rango
divino, y se afirma la soberanía de Dios sobre todos ellos. Dios es señor de
las aguas, modeló el universo, puso en movimiento los astros, está por
encima de las tempestades. Los salmos tiene hermosas expresiones para
cantar el señorío de Dios sobre las fuerzas naturales.
o
En el texto evangélico que hemos leído hoy,
Jesús se muestra como Señor de las tempestades. Estamos, pues, ante una
teofanía o manifestación del poder y de la presencia de Dios.
o
En su diálogo con los atemorizados
discípulos, Jesús usa la fórmula del Antiguo Testamento: “Yo soy, no teman”.
Así se identificaba Dios en el Antiguo Testamento: su nombre es “Yo-soy”.
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En este relato de la automanifestación de
Dios en medio de la tempestad, hay otro detalle que no podemos pasar por
alto:
o
La automanifestación de Dios produce un
cambio sustancial: se pasa de una tempestad a una situación de calma; y, en
ese nuevo clima, los discípulos pueden confesar: “¡Verdaderamente eres el
Hijo de Dios!”
o
Hallar a Dios, no en la tempestad sino en
el calma, también aparece sugerido en la primera lectura. Recordemos la
experiencia vivida por el profeta Elías: “Antes del Señor vino un huracán
tan violento que descuajaba las montañas y agrietaba las rocas. Pero en el
huracán no estaba el Señor. Después del huracán vino un terremoto. Pero en
el terremoto tampoco estaba el Señor. Después del terremoto cayó fuego. Pero
en el fuego tampoco estaba el Señor. Y después del fuego vinieron la calma y
el silencio”. Entonces Elías sí pudo encontrarse con Dios.
o
¿Qué nos transmiten estas imágenes? Que el
encuentro con Dios sólo es posible en una atmósfera silenciosa, de
recogimiento, cuando no estamos distraídos por otras preocupaciones.
Aquellas personas que viven una vida muy agitada, de reunión en reunión, que
pasan la mayoría del tiempo en un avión, tienen dificultades serias para
encontrarse a sí misma y para dialogar con Dios.
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La barca de los discípulos, golpeada por
las olas enloquecidas y después conducida a puerto seguro por Jesús, ha sido
un símbolo de la Iglesia. En la literatura cristiana de todos los tiempos,
se habla de la Iglesia como una barca guiada por Cristo a través del Papa,
que es su Vicario en la tierra. Esta barca ha tenido que sortear muchas
tempestades, fruto de las persecuciones y de sus propias infidelidades y
pecados.
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Este relato también nos invita a
reflexionar sobre nuestros miedos particulares:
o
Así como los discípulos se sintieron
impotentes ante las fuerzas desatadas de la naturaleza, también nosotros
sentimos miedo.
o
Son muchos los factores que nos atemorizan:
la fragilidad de nuestra salud, la incertidumbre del futuro, los peligros
que amenazan nuestra integridad física, los vaivenes de la economía, etc.
o
Ya vimos que lo grave no es sentir miedo,
pues se trata de un componente de nuestra condición humana. Lo grave es que
el miedo nos paralice o que nos empuje a tomar decisiones equivocadas.
o
Una lectura cuidadosa de este relato nos
debe llenar de paz pues, en medio de la tempestad, Jesús sale al encuentro
de sus amigos, aunque al principio no lo reconocieron.
o
Jesús sale a nuestro encuentro de muchas
maneras: a través de las personas que nos rodean o a través de un consejo o
de una lectura que nos ilumina.
o
En medio de las crisis que nos angustian,
escuchemos las palabras de Jesús:" ¡Calma, soy yo; no tengan miedo!”.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. En medio de las preocupaciones que nos afligen, la fe nos dice
que Jesús está junto a nosotros. No estamos solos. Pidámosle que aquiete las
aguas turbulentas que nos rodean. Y no tomemos decisiones en medio de las
crisis porque nos equivocaremos. Las decisiones tomadas en caliente son muy
peligrosas porque están cargadas de rabia y emotividad.
jpelaez@javerianacali.edu.co |