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Lecturas:
o
Profeta Isaías
50, 5-9
o
Carta del apóstol
Santiago 2, 14-18
o
Marcos 8, 27-35
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El texto
evangélico de hoy nos muestra un avance muy significativo en la agenda de
Jesús. Hasta este momento, su ministerio apostólico se ha desarrollado en
Galilea; ahora deja atrás a Galilea y se dirige hacia el norte, hacia el
territorio pagano de Cesarea de Filipo, desde donde emprenderá su camino
hacia Jerusalén, para vivir su Pascua personal, que es la tarea que le ha
confiado el Padre.
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Antes de empezar
a escribir este nuevo y definitivo capítulo de su misión, Jesús quiere
evaluar hasta dónde sus seguidores han captado quién es Él. Esta evaluación
es muy sencilla y aportará elementos muy enriquecedores para entender qué
significa creer en Jesús.
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Jesús evalúa a
dos poblaciones: las muchedumbres que lo han acompañado y sus discípulos más
cercanos. La pregunta es la misma: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, “Y
ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Es interesante anotar que la evaluación
que hace Jesús no indaga sobre su doctrina sino sobre su persona.
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Analicemos
brevemente la primera parte de su pesquisa:
o
Las muchedumbres
han acompañado a Jesús; lo han visto multiplicar los panes, curar enfermos,
arrojar demonios, resucitar muertos.
o
Al ser testigos
de estos hechos, ¿a qué conclusiones han llegado? Los seres humanos
conocemos realidades nuevas refiriéndolas a situaciones conocidas con
anterioridad. Por eso es natural que estos judíos sencillos y piadosos que
han acompañado a Jesús y que lo han visto realizar signos extraordinarios,
lo comparen con los grandes personajes de la historia de Israel.
o
Por eso la
respuesta a la pregunta “¿qué dice la gente que soy yo?”, necesariamente
está conectada a la historia de Israel: “Algunos dicen que eres Juan el
Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”
o
Ciertamente, los
contemporáneos de Jesús habían percibido en Él rasgos muy especiales que lo
perfilaban como un enviado de Dios, dentro de la tradición profética que les
era familiar.
o
Su percepción y
experiencia les permiten relacionarlo con los grandes profetas de Israel.
Pero el pueblo no llegaba a afirmar que Jesús, el hijo del carpintero, fuera
el Mesías.
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Superada esta
primera evaluación general, Jesús interpela a los discípulos, y lo hace sin
rodeos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
o
¿Qué pretende
Jesús al formular una pregunta tan directa? Jesús se prepara para iniciar el
viaje definitivo a Jerusalén, donde encontrará la muerte. Y quiere estar
seguro de la solidez del compromiso de sus discípulos. Por eso no indaga
sobre la aceptación de sus enseñanzas; explora hasta dónde han llegado ellos
en la percepción de su identidad y de su misión.
o
Pedro, el líder
del grupo, toma la palabra en nombre de sus compañeros, y responde: “Tú eres
el Mesías”.
o
Esta respuesta
nos muestra que los discípulos habían llegado más allá del conocimiento
alcanzado por las multitudes. Han llegado a comprender que Jesús es el
Mesías, el Ungido del Señor, el último y definitivo enviado de Dios para
realizar la salvación largamente esperada.
o
Ahora bien, Pedro
y sus compañeros habían sido educados dentro de las tradiciones religiosas
de sus mayores; por eso tenían una visión triunfal del Mesías, la cual Jesús
se apresura a corregir pues se prepara para entrar en Jerusalén para inmolar
su vida.
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Al corregir Jesús
el imaginario popular sobre un Mesías poderoso y triunfante, en cuatro
brochazos traza un cuadro que causa enorme escándalo entre sus discípulos:
o
El primer
brochazo hace referencia a las torturas que lo aguardan; Jesús les dice que
es necesario que el Hijo del hombre padezca mucho
o
El segundo
brochazo pone en evidencia el abandono total en que quedará, pues los
líderes religiosos le darán la espalda; Jesús les dice que será rechazado
por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas.
o
El tercer
brochazo revela la locura de la cruz; les dice que debe ser entregado a la
muerte.
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El cuarto
brochazo agrega un poco de color en medio de esta sombría escena de dolor y
muerte: resucitará al tercer día.
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Pedro, el emotivo
del grupo, no resiste esta visión anticipada de lo que espera a su amado
Maestro y procura disuadirlo; quiere cambiarle la agenda; pretende modificar
el camino de redención emprendido por Jesús en obediencia al Padre. Pero
Jesús rechaza enérgicamente estos intentos: “¡Apártate de mí, Satanás!
Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”
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En el texto
evangélico que hemos escuchado, Jesús exige a sus discípulos de todos los
tiempos posiciones claras. No basta con simpatizar con el discurso de Jesús.
Él pide mucho más. Pide una opción total por su persona. La radicalidad de
esta opción de vida la expresa Jesús cuando nos pide renunciar a nosotros
mismos y cargar con la cruz.
Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Jesús hace un rápido test
para evaluar el conocimiento y el compromiso de las muchedumbres y de los
discípulos hacia Él. Así tomamos conciencia de que seguir a Jesús no es un
divertido “pic-nic” de fin de semana, sino que se trata de una apuesta que
implica la totalidad de la persona. En esta eucaristía pidamos la gracia de
ser coherentes en nuestro seguimiento
jpelaez@javerianacali.edu.co |