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Lecturas:
o
Libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20.
30-31
o
I Carta de San Pablo a los Tesalonicenses
5, 1-6
o
Mateo 25, 14-30
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La cultura contemporánea afirma con vigor
la autonomía del ser humano. No se trata simplemente del reconocimiento de
la libertad como un valor sagrado que hay que garantizar y proteger. La
cultura contemporánea va más allá:
o
Se afirma la autonomía como un valor
absoluto. En consecuencia, el ser humano es amo y señor de su proyecto de
vida sin que tenga que responder ante nadie.
o
Los movimientos en favor del aborto se
apoyan en la autonomía para afirmar que la mujer es dueña de su cuerpo y
puede decidir sobre la conveniencia de abortar o no abortar, según sea lo
que más convenga a su proyecto de vida.
o
El mismo argumento utilizan los partidarios
de la eutanasia, quienes sostienen que el ser humano es dueño de su vida y
puede decidir cuándo ponerle punto final.
o
Esta manera de considerar la autonomía es
uno de los rasgos más notorios de la sociedad contemporánea. Se afirma una
autonomía total.
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En contraposición con esta visión del ser
humano, la fe en Cristo resucitado nos enseña una manera diferente de
interpretar el sentido de la existencia:
o
Desde la fe comprendemos que la vida es un
regalo que nos ha sido concedido por Dios. A cada uno de nosotros ha sido
asignada una parcela de tiempo, corta o larga, para que en ella cumplamos
nuestra misión de servicio.
o
Dios nos ha puesto en este mundo para que
colaboremos en su obra creadora de manera que seamos agentes de humanidad y
bienestar para todos nuestros hermanos.
o
La fe nos enseña que somos administradores
y no dueños; por tanto, debemos rendir cuentas de nuestra gestión.
o
Dentro de este contexto, ¿cuál es el
sentido de la libertad? La libertad, que es nuestro mayor tesoro, no es la
posibilidad de hacer lo que nos da la gana.
o
La libertad es el instrumento para
construir caminos de humanización y crecimiento para mí y para las personas
que me rodean. El ser humano tiene la posibilidad de construir y destruir,
de amar y odiar, de promover y de manipular. Usemos, pues, de manera
responsable y humana esta herramienta que nos permite realizar lo mejor y lo
peor…
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El evangelio de este domingo nos invita a
reflexionar sobre el uso que hacemos de nuestra libertad, y plantea lo
referente a la rendición de cuentas. Lo hace utilizando unas imágenes y un
lenguaje de hace dos mil años. Quiero invitarlos a que exploremos esta
parábola de los talentos que, más allá de un estilo que puede parecer un
poco arcaico, plantea temas de enorme actualidad.
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Según nos relata el evangelista Mateo, tres
empleados de confianza recibieron un dinero de su jefe poco antes de que
éste iniciara un viaje. A su regreso, el jefe pidió cuentas de los
resultados obtenidos. Se trata de una simple “rendición de cuentas”, que es
una práctica corriente en el mundo de los negocios.
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Los resultados ponen de manifiesto dos
tipos de gestión:
o
Dos de los empleados invirtieron
exitosamente los recursos que les confió su jefe y así lograron doblar el
capital (esperamos que el evangelista Mateo no se esté refiriendo a las
peligrosas “pirámides” que engañan a tantos ingenuos…)
o
El tercer empleado careció de iniciativa y
prefirió congelar sus recursos en una cuenta bancaria. El temor al jefe lo
paralizó. Su falla consistió en haber permanecido pasivo.
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Al leer el texto de la parábola, es fácil
descifrar el lenguaje simbólico que utiliza el evangelista:
o
El amo de este relato, a quienes los
criados llaman “señor”, es Cristo, que se ha ausentado después de la
resurrección y que volverá al final de los tiempos.
o
Los “talentos” o “millones” recibidos en
consignación son los carismas que cada uno de nosotros posee y las tareas
que él nos ha asignado a cada uno.
o
El “rendimiento de cuentas” es el juicio
final, en el cual cada uno será evaluado según los resultados obtenidos.
o
El diverso comportamiento de los empleados
muestra diversas maneras de vivir la fe cristiana. Veamos qué modelos de
comportamiento aparecen en el relato.
o
La eficacia de los dos primeros empleados
es el resultado de asumir la fe, no como un discurso teórico, sino como un
compromiso de servicio y transformación de la sociedad a la luz de los
valores anunciados por Jesús. En cambio, el tercer empleado estuvo
paralizado por el temor, y sus prejuicios e imaginarios le impidieron
actuar.
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Esta parábola de los talentos es una manera
de plantearnos dos estilos diferentes de vida cristiana:
o
Por una parte, la vida de fe se presenta
como una tarea de transformación de la realidad. Dios cuenta con nuestra
colaboración, necesita nuestros labios para seguir anunciando su buena
noticia, necesita nuestras manos para seguir apoyando; nos pide que lo
hagamos presente en todos los lugares.
o
Por otra parte, la parábola nos muestra el
triste espectáculo de creyentes que permanecen pasivos ante las necesidades
de la Iglesia y de la comunidad. No hablan, no hacen. Para estas personas,
la fe es una experiencia absolutamente individual, que se produce en lo
íntimo de la conciencia y que no trasciende a la vida social. Se limitan a
ser buenos en su ámbito individual.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. Que esta “parábola de los talentos” nos ayude a tomar conciencia
de los carismas recibidos y de la responsabilidad social que pesa sobre cada
uno de nosotros. Debemos rendir cuentas ante nuestra conciencia, ante la
sociedad y ante Dios de los carismas recibidos. También nosotros
escucharemos las palabras “te felicito, siervo bueno y fiel” o la condena
“siervo malo y perezoso”. Usemos responsablemente las posibilidades que nos
da nuestra libertad.
jpelaez@javerianacali.edu.co |