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Lecturas:
o
Hechos de los
Apóstoles 4, 32-35
o
I Carta de San
Juan 5, 1-6
o
Juan 20, 19-31
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Las lecturas
litúrgicas de Pascua nos hablan de Jesús resucitado y nos transmiten las
experiencias vividas por la Iglesia Apostólica. Este acontecimiento
constituye el centro del anuncio que proclama la primera comunidad
cristiana.
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Cuando los
cristianos de la primera generación hablan de la resurrección de Jesús, ¿qué
quieren decir? Los invito a explorar los alcances de esta afirmación, que es
esencial para nuestra fe.
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Para esta primera
generación de cristianos, la resurrección de Jesús es un hecho real y no un
producto de la imaginación:
o
La resurrección
de Jesús no es un regreso a su vida anterior en las ciudades y caminos de
Galilea. Tampoco la entienden como la reanimación de un cadáver. Por eso,
para los primeros cristianos la resurrección de Jesús es totalmente
diferente de las resurrecciones de Lázaro, de la hija de Jairo y del hijo de
la viuda de Naín; estos personajes, según lo cuentan los evangelios, se
reincorporaron a sus familias y amigos y así continuaron su rutina, y más
adelante murieron como sucede a todos los seres humanos.
o
El caso de Jesús
es diferente, pues él no vuelve a esta vida terrena sino que entra
definitivamente en la vida de Dios, donde la muerte ya no tiene poder sobre
él.
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En los relatos de
las apariciones, Jesús puede ser visto y tocado, come y bebe con los
discípulos. Estas descripciones pueden dejarnos la impresión de que Jesús ha
regresado a la tierra de los vivos para seguir compartiendo con sus
discípulos, tal como lo hizo durante su vida pública. Pero la realidad es
diferente.
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Jesús es el
mismo, pero no es el de antes; se les presenta lleno de vida, pero no lo
reconocen de inmediato; es alguien real y concreto, pero no lo pueden
retener; es Jesús, pero con una existencia nueva.
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Para la
mentalidad hebrea, el “cuerpo” no es simplemente la parte física o material
de una persona, algo que se puede separar del “alma”. No. Para los hebreos,
el “cuerpo” es la totalidad de la persona con todo su mundo de relaciones y
experiencias, con sus alegrías y sufrimientos. Por eso, para los discípulos
es imposible imaginar a Jesús resucitado sin cuerpo. Pero no están pensando
en un cuerpo físico, de carne y hueso, sometido al poder de la muerte, sino
que piensan en un cuerpo glorioso, que da plenitud a su vida concreta
desarrollada en este mundo.
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Para los primeros
cristianos, la resurrección de Jesús es una actuación de Dios que, con su
fuerza creadora, lo rescata de la muerte para introducirlo en la plenitud de
su propia vida. Esta acción creadora de Dios, que acoge a Jesús en su
misterio insondable, es un acontecimiento que desborda los límites de
nuestra existencia que se mueve dentro de un espacio y un tiempo
determinados.
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Esta acción de
Dios, que rescata a Jesús de la muerte, supera cualquier experiencia que
nosotros podamos tener. Por eso nuestras palabras son incapaces de expresar
el misterio. Solo podemos intentar unos torpes balbuceos para hablar de la
resurrección de Jesús.
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Cuando nosotros
leemos los relatos bíblicos sobre la muerte y la resurrección de Jesús
tenemos que tener en cuenta que hay una diferencia fundamental entre estos
dos acontecimientos:
o
Por una parte,
está su muerte, que es un hecho histórico, que se produce en un momento
determinado, y en la que intervinieron personajes históricos como Anás,
Caifás, Pilatos, etc., cuya existencia se comprueba por fuentes externas al
Cristianismo.
o
Por otra parte,
está la resurrección que no pertenece al mundo de los hechos históricos
observables; estamos frente a una realidad diferente, fuera del espacio y
del tiempo. Siendo un hecho real, se da más allá de lo histórico y
comprobable.
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Después de estas
reflexiones generales sobre la resurrección, vayamos al evangelio que
acabamos de escuchar:
o
Los discípulos
están paralizados por el shock que les produjo la crucifixión de su Maestro,
y temen las represalias que caerán sobre ellos. Por eso han pasado a la
clandestinidad y están encerrados.
o
Tal era la
situación de la comunidad. Entonces, “se presentó Jesús en medio de ellos y
les dijo: la paz esté con ustedes. Dicho esto, les mostró las manos y el
costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría”.
o
Jesús aparece en
el centro de la comunidad y así cumple la promesa que les había hecho de
acompañarlos; al ocupar el lugar central, les comunica seguridad, unidad,
fuerza.
o
¿Por qué les
muestra las manos y el costado? Sus manos y el costado llevan las huellas de
la Pasión; así quiere decirles que el que está vivo en medio de ellos es el
mismo que murió en la cruz; sus enemigos han fracasado en su intento de
arrebatarle definitivamente la vida. Por eso la presencia de Jesús
resucitado trasmite paz, alegría y seguridad. Y a esta comunidad
transformada le encomienda una misión.
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Nos cuenta el
evangelista Juan que Tomás, uno de los Doce, no estaba con la comunidad
cuando Jesús se hizo presente y rechazó el testimonio expresado por sus
compañeros. No admite que el que ellos han visto sea el mismo Jesús que él
conoció. Su lenguaje refleja la testarudez que le impedía valorar el
testimonio que había escuchado.
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Jesús ama a
Tomás; lo pudo conocer, en sus luces y sombras, cuando lo tuvo como
discípulo. Por eso toma la iniciativa y lo invita a tocarlo. La insistencia
del evangelista en los aspectos físicos de este encuentro (dedo, manos,
costado, tocar, meter) pone de manifiesto la continuidad entre el pasado y
el presente de Jesús, entre el Jesús histórico y el Jesús glorioso junto al
Padre.
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Es hora de
terminar nuestra reflexión dominical. Que la meditación sobre Jesús
resucitado a partir de las experiencias de los primeros cristianos alimente
nuestra fe y consolide nuestra esperanza. Llevemos este saludo de paz a
tantos hermanos nuestros hundidos en la desesperanza.
jpelaez@javerianacali.edu.co |