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Lecturas:
o
Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
o
I Carta de San Pedro 2, 4-9
o
Juan 14, 1-12
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Entre los temas propuestos por las lecturas
de este V Domingo después de Pascua, hay dos que me llaman poderosamente la
atención: la primera lectura nos muestra cómo aparecen en la primera
comunidad los diversos servicios o ministerios; y en el evangelio, Jesús
afirma que es el camino, la verdad y la vida. Los invito a profundizar en
estos dos temas.
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Empecemos por el texto de los Hechos de los
Apóstoles:
o
Se nos cuenta que los bautizados de lengua
griega se quejaron contra los bautizados de lengua hebrea pues sentían que
las viudas no recibían una atención adecuada.
o
Los apóstoles les dieron la razón a los que
protestaban, y propusieron que la comunidad escogiera a siete hombres de
conducta intachable para atender a las necesidades materiales de la
comunidad, y así pudieran ellos, los apóstoles, dedicarse exclusivamente a
la oración y al servicio de la palabra. Así surgió en la Iglesia el grupo
de los Diáconos.
o
No debemos interpretar la creación de este
colectivo como una decisión puramente organizacional, para atender con
eficacia unas tareas administrativas.
o
Este texto de los Hechos de los Apóstoles
nos muestra un incipiente proceso de organización de la Iglesia y una
distribución de las responsabilidades al ir aumentando el número de los
fieles.
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En virtud del bautismo, todos participamos
del único sacerdocio de Cristo. Este sacerdocio común de los fieles no se
opone al sacerdocio ministerial, que se recibe a través del sacramento del
Orden.
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A partir de esta dignidad que compartimos
todos los bautizados, surgen en la Iglesia diversos carismas o ministerios,
que no son otra cosa que diferentes maneras de servir a los demás.
Recordemos, a manera de ejemplo, algunos de estos ministerios o servicios:
proclamar la Palabra de Dios, distribuir la comunión, enseñar el catecismo,
preparar a los niños para la Primera Comunión y la Confirmación, dictar
cursos prematrimoniales, visitar a los enfermos, etc.
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Son innumerables las posibilidades de
servir a los demás. Nadie puede afirmar que no encuentra una institución a
la que pueda dedicar una parte de su tiempo. Las necesidades de la Iglesia y
de la sociedad son infinitas y hacen falta personas de buena voluntad que
aporten su tiempo y su experiencia.
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Este servicio, que puede concretarse de mil
maneras, es expresión de corresponsabilidad. Como bautizados, todos somos
responsables de la marcha de la Iglesia, la cual no es asunto exclusivo de
los Obispos y los sacerdotes. Así mismo, como ciudadanos, todos somos
responsables de la buena marcha de la sociedad, y no debemos adoptar la
cómoda actitud de quienes esperan que el Estado lo haga todo.
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La primera lectura nos motiva, pues, a
asumir nuestra cuota personal de responsabilidad dentro de la vida de la
Iglesia; siempre encontraremos oportunidades de servir.
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Pasemos ahora al evangelio, en donde
encontramos una frase muy impactante: “yo soy el camino, la verdad y la
vida”.
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Ciertamente a todos nos preocupa el futuro
y quisiéramos correr la cortina que lo cubre. Por eso muchas personas
consultan el horóscopo, piden que les dibujen la carta astral o que les lean
el futuro mediante la interpretación de las líneas de la mano. Alrededor de
la angustia que nos produce el futuro se ha desarrollado una industria
millonaria; para comprobarlo, basta consultar las páginas de avisos
clasificados.
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En lugar de buscar la respuesta a nuestras
preocupaciones consultando a brujos y adivinos, acerquémonos a Jesús, que es
el camino, la verdad y la vida:
o
¿Qué significa que Jesús es el camino? Dios
es inaccesible para nosotros; con nuestras limitadas fuerzas humanas no
podemos acercarnos a él. Pero sí podemos hacerlo por medio de Jesús.
o
¿Qué significa que Jesús es la Verdad?
Significa que sólo por medio de él podemos conocer el misterio de Dios; en
él está la respuesta a los interrogantes más profundos del ser humano.
o
¿Qué significa que Jesús es la Vida?
Significa que nosotros logramos la unión con Dios Padre, que es la vida
eterna, sólo a través de la unión con Jesús. Así nuestra mortalidad queda
impregnada de eternidad.
o
En el evangelio de hoy encontramos unas
frases luminosas: “Nadie va al Padre sino por mí… Quien me ha visto a mí ha
visto al Padre” El fundamento de todo esto es la unión absoluta entre Jesús
y el Padre.
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No pretendamos correr el velo del futuro
consultando a los mercaderes de sueños; en lugar de ellos, vayamos a Jesús.
¿Cómo hacerlo? A través de la oración, de la participación en los
sacramentos y del servicio a los hermanos estaremos en el lugar justo que
nos conducirá a la felicidad.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. Al regresar a nuestros hogares pongamos en práctica los dos
mensajes que nos ha comunicado la liturgia. La primera lectura nos ha
motivado para asumir nuestras responsabilidades dentro de la Iglesia y de la
sociedad mediante el servicio superando así nuestra pasividad. El segundo
mensaje proviene del evangelio, que nos muestra a Jesús como camino, verdad
y vida; en él encontraremos el sentido pleno de nuestras vidas.
jpelaez@puj.edu.co |