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Lecturas:
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Profeta Miqueas 5, 1-4
o
Carta a los Hebreos 10, 5-10
o
Lucas 1, 39-45
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El evangelio de hoy nos narra la escena de
la Visitación de María a Isabel. Se trata de un encuentro cargado de
emotividad y con un profundo significado teológico. María, la joven madre,
representa la nueva y definitiva Alianza de Dios con la humanidad; Isabel,
embarazada en su ancianidad, lleva en sus entrañas al último de los profetas
del Antiguo Testamento.
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Isabel es la primera persona, después de
José, que comprende lo que está viviendo María a partir del anuncio del
ángel. Y con la emotividad propia de los orientales, exclama: “¡Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”
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El reconocimiento de la acción de Dios en
María hace que Isabel confiese con humildad la profunda diferencia que
existe entre ellas: “¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a
verme?” Es un reconocimiento espontáneo, lleno de agradecimiento y de
humildad, sin sombra de envidia o resentimiento…
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A continuación, Isabel pronuncia una frase
de gran densidad teológica: “Dichosa tú, que has creído”:
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El rasgo más destacado de la espiritualidad
de María es su fe. Ella ha acogido plenamente la palabra de Dios que le fue
comunicada por el ángel en la Anunciación.
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Ella no pide pruebas ni exige seguridades
ni fija condiciones. Le basta con saber que ese es el plan de Dios y lo
acepta sin reservas.
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Cuando María manifiesta su aceptación,
flotan mil preguntas que en ese momento no tienen respuesta. Sin embargo,
María deja a un lado los posibles interrogantes y su interior es inundado
por una confianza sin límites.
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En los libros de Teología existe un
capítulo especial dedicado al estudio de la persona de María dentro de la
historia de la salvación. Este capítulo se llama “Mariología” o “Tratado
sobre María”.
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Pues bien, las palabras que el evangelista
Lucas pone en labios de Isabel constituyen la introducción más elocuente de
ese “Tratado”. Isabel usa expresiones muy densas; la llama “bendita”, "Madre
de mi Señor”, “bienaventurada”, “aquella que ha creído”. Estas expresiones
formulan acertadamente lo que es María dentro del plan de Dios. Este
capítulo de la Teología llamado “Mariología” se ilumina con las profundas
percepciones de Isabel, quien ha descubierto la acción de Dios en María, sus
sentimientos más hondos, su espiritualidad.
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Al aproximarse las celebraciones del
nacimiento de Jesús, debemos subrayar que se trata de la fiesta de los
humildes y sencillos:
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Como nos lo recuerda el profeta Miqueas, en
la primera lectura que escuchamos, el escenario de este acontecimiento que
partió en dos la historia de la humanidad es un pueblito que, por su
insignificancia, no figuraba en los mapas del mundo antiguo. “De ti, Belén
de Efratá, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de
Israel”. Si el nacimiento del Mesías hubiera sido planeado según la lógica
humana, el lugar de su nacimiento habría sido Jerusalén, la capital
religiosa y política. Pero la lógica del plan de Dios rompe los paradigmas
del poder.
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Cuando Dios quiso escoger a la madre de su
Hijo, no dirigió sus ojos al “jet-set” de las familias judías, sino que
señaló a una hermosa campesina anónima de las montañas de Judea.
o
Estas opciones de Dios no deben extrañarnos
pues Él se presenta como el que se inclina sobre los pobres, los humildes,
los que son insignificantes a los ojos del mundo.
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Así, pues, si queremos comprender el
mensaje de Jesús en esta Navidad debemos dejar a un lado las apariencias de
la sociedad de consumo para abrir nuestra mentes y corazones de manera
desprevenida.
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La basílica de la Natividad, en Belén,
tiene una sola puerta que es tan baja que es necesario agacharse para
entrar. Esta incomodidad en el diseño arquitectónico de la basílica tiene un
profundo mensaje: si queremos entrar en el significado de la Navidad debemos
abajarnos y hacernos pequeños…
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Es hora de terminar nuestra meditación
sobre la Visitación de María a Isabel, en este último domingo de
preparación para la Navidad. La calidez y la emotividad de este encuentro
nos sensibilizan para que celebremos estos sagrados misterios con devoción,
dejando que Dios nos hable a través de la liturgia y de los símbolos del
pesebre, el árbol y los villancicos.
jpelaez@javerianacali.edu.co |