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Lecturas:
o
Profeta Jonás 3, 1-5- 10
o
I Carta de San Pablo a los Corintios 7,
29-31
o
Marcos 1, 14-20
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La liturgia de hoy gira alrededor de la
conversión, que es una invitación para cambiar el estilo de vida:
o
En la primera lectura, tomada del profeta
Jonás, los habitantes de la ciudad de Nínive reconocieron sus pecados y
cambiaron sus costumbres ante las palabras del profeta quien les anunció
que su ciudad, joya de la arquitectura antigua, sería destruida por causa
de su comportamiento.
o
En el relato evangélico, Marcos recoge las
palabras de Jesús: “El reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en
el evangelio”
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La palabra “conversión” suena extraña a los
oídos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque la asociamos a
realidades negativas:
o
Para algunas personas, la palabra
“conversión” significa pasar de una vida llena de sensaciones emocionantes
y experiencias de todo tipo a una vida aburrida y rutinaria. Se piensa que
quien se convierte debe renunciar a la alegría de vivir y opta por una
existencia opaca.
o
Para otras personas, la palabra
“conversión” significa regresar al pasado, volver sobre los propios pasos,
como si tuviéramos que reversar para tomar el buen camino.
o
Personalmente, no me gusta esta comprensión
de la “conversión” como un regreso al pasado. La considero una nostalgia
malsana por los tiempos idos. Hay muchas personas que toman como punto de
referencia el ayer.
o
No podemos devolver el reloj del tiempo. El
pasado quedó atrás: recordemos los momentos positivos que nos brindó y
aprendamos de los errores que cometimos.
o
Por eso debemos evitar el uso del verbo
“recuperar”; con frecuencia hablamos de “recuperar valores” como si el ayer
fuera un paraíso que perdimos y tratamos por todos los medios de regresar a
él.
o
No hablemos de “recuperar valores”.
Hablemos, más bien, de “descubrir valores” que nos permitan actuar
responsablemente en un mundo que avanza a velocidades de vértigo.
o
Pongamos nuestra mirada en el futuro. No se
trata de recuperar un pasado idealizado. La propuesta que nos hace Jesús es
construir un futuro inspirado en los valores que Él nos propone.
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El llamado a la conversión que nos hace
Jesús no es un volver atrás sino que es una invitación a cambiar porque
tenemos, delante de nosotros, una situación absolutamente nueva, el reino de
Dios. “El reino de Dios está ya cerca. Arrepiéntanse y crean en el
evangelio”.
o
El reino de Dios era la gran expectativa
del pueblo de Israel, que esperaba poder y gloria. Jesús sorprendió a todos
con su anuncio, pero modificó las expectativas de poder que acariciaba un
pueblo resentido que estaba bajo la opresión de los romanos.
o
El reino, que constituye la esencia de la
predicación de Jesús, no es otra cosa que la presencia de Dios dentro la
humanidad para liberarla de todo aquello que la deshumaniza y esclaviza.
Jesús anuncia la buena nueva de la cercanía de un Dios que se preocupa por
cada uno de los seres humanos y busca su felicidad.
o
En este contexto, la “conversión” no es un
volver atrás sino un mirar hacia delante para ajustar nuestra manera de
juzgar y actuar al proyecto de Dios sobre el hombre.
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Esta transformación radical que exige la
irrupción de Dios en el mundo no puede ser el resultado de una simple
decisión humana de cambio. Solos no podemos. Estamos terriblemente
condicionados por el egoísmo, por la rutina… Necesitamos la gracia de Dios
para escribir un guión diferente de nuestra vida, guión que debe inspirarse
en el plan de Dios.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical. La llegada del reino, que no es otra cosa que la cercanía de
Dios, exige un cambio drástico que, en el vocabulario bíblico, se llama
“conversión”. Como no se trata de un acto puntual y aislado, sino de un
camino que debemos recorrer, necesitamos tener claridad sobre las diversas
etapas que lo conforman:
o
Lo primero que debemos hacer es reconocer
que necesitamos la gracia de Dios para podernos abrir a la propuesta de
salvación que se nos ha revelado en Jesús. Solos no podemos hacer nada.
o
Con actitud humilde debemos emprender una
cuidadosa revisión de nuestras negatividades (en la familia, en el trabajo,
en las relaciones con los demás). Con honestidad. Sin disculpas. Sin
maquillajes.
o
Una vez que tengamos claridad sobre
nuestras negatividades, debemos priorizar. ¿Cuáles son aquellos 2 ó 3
aspectos negativos de mi vida que más impacto destructivo están teniendo?
o
La razón de esta priorización es muy
sencilla: como no podemos trabajar simultáneamente en muchos frentes,
debemos concentrar nuestras energías en modificar lo que es realmente
importante.
o
Este proceso de la “conversión”, que nunca
termina, implica oración – reflexión – acción.
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