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Lecturas:
o
Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16ª
o
I Carta de San Pablo a los Corintios 10,
16-17
o
Juan 6, 51-58
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Hoy celebra la liturgia la fiesta del
Cuerpo y de la Sangre de Cristo, conocida también por su nombre en latín
“Corpus Christi”. El Papa Urbano IV, en 1264, la extendió a toda la Iglesia
y tiene como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Cristo en la
eucaristía. Este día es una ocasión para ratificar nuestra fe en el
misterio, pero también para profundizar en su significado a partir de las
lecturas que nos propone la liturgia:
o
La primera lectura, tomada del libro del
Deuteronomio, nos cuenta cómo Yahvé regaló a su pueblo el maná para que
pudiera alimentarse durante la travesía por el desierto. Recordemos que
Israel tuvo que peregrinar durante cuarenta años desde que salió de Egipto,
tierra de esclavitud, hasta que llegó a la tierra prometida. Los autores que
han escrito sobre la eucaristía se han referido al maná como un anticipo y
símbolo de lo que será más tarde el pan eucarístico, alimento del pueblo de
Dios durante su peregrinar a través de la historia.
o
San Pablo, en su I Carta a los Corintios,
nos explica que la eucaristía es vínculo de unidad.
o
El evangelio nos presenta la eucaristía
como el alimento que nos da la vida eterna.
o
Los invito a profundizar en estos dos
temas: la eucaristía como vínculo de unidad (San Pablo) y como alimento
(San Juan).
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Empecemos, pues, por las afirmaciones de
San Pablo:
o
“El cáliz de nuestra acción de gracias, ¿no
nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a
todos en el cuerpo de Cristo?”
o
El pan que compartimos en la mesa del Señor
nos une a todos los cristianos en el cuerpo de Cristo. El pan es uno; así
nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.
o
Por tanto, el cuerpo eucarístico de Cristo
está en relación directa con la asamblea eclesial, que es el cuerpo místico
de Cristo. Por eso la eucaristía nos exige la unión y amor fraterno del
grupo que celebra con fe la cena del Señor. No tiene sentido celebrar con
devoción la eucaristía si no existe una comunidad de amor.
o
Tenemos que reconocer que existe una
diferencia profunda entre las primeras comunidades de la Iglesia apostólica,
que eran pequeñas y donde todos se conocían, y nuestras asambleas
dominicales, formadas por cientos de personas que viven dispersas en la
gran ciudad.
o
Tenemos que ser realistas. No podemos
pretender que las personas que se reúnen en esta iglesia para participar en
la misa dominical se conozcan y establezcan lazos de amistad. Pero sí es
posible tejer una comunidad afectiva, en la que compartamos unos valores
comunes: la fe en Cristo, el amor a la Iglesia, la solidaridad con los
pobres, el compromiso con la construcción de una convivencia basada en el
respeto, la tolerancia y la equidad.
o
Aunque no nos conozcamos, es posible
compartir unos valores y converger en un proyecto de Iglesia y de sociedad.
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Después de reflexionar en las enseñanzas de
San Pablo, quien nos presenta a la eucaristía como fuente de unidad, los
invito a pasar al evangelio, en el cual nos habla San Juan sobre la
eucaristía como pan de vida:
o
Al instituir la eucaristía, Jesús cumplió
la promesa de darnos su cuerpo como alimento y su sangre como bebida. Así
lo anunció en el discurso eucarístico sobre el pan de vida, en la sinagoga
de Cafarnaún, al día siguiente de la multiplicación de los panes.
o
“Yo soy el pan de vida que ha bajado del
cielo; el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es
mi carne para la vida del mundo. Mi carne es verdadera comida y mí sangre es
verdadera bebida”.
o
Los que escucharon a Jesús no pudieron
entender el alcance de sus palabras, que les parecieron muy fuertes: “¿Cómo
puede este darnos a comer su carne?”
o
Jesús nos llama a la comunión de vida con
él. Si nos abrimos a su acción en nosotros y si acogemos su palabra como
inspiradora de nuestros actos, entraremos a participar de su propia vida, de
la vida eterna.
o
Infortunadamente, la rutina nos empaña los
ojos y nos impide ver lo evidente. Pues bien, como hemos asistido a tantas
misas a lo largo de nuestra vida, nos hemos connaturalizado con este
misterio de amor y no lo valoramos en toda su magnitud. Hoy, fiesta del
Cuerpo y de la Sangre de Cristo, oremos para que tomemos conciencia de la
riqueza infinita de alimentarnos con el pan de la vida.
o
Este pan eucarístico es infinitamente
superior al maná que comieron los israelitas en su travesía por el desierto.
El maná proporcionaba alimento terreno. El pan eucarístico nos comunica la
vida que supera las fronteras de la muerte.
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Es hora de terminar nuestra meditación
dominical en la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Al regresar a
nuestros hogares llevemos grabado en nuestras mentes y corazones el doble
significado de la eucaristía: como vínculo de unidad entre los hermanos y
como comunicación de la vida divina. Esto nos permitirá vivenciar la misa
dominical, no como una incómoda obligación, sino como el encuentro gozoso
de los hermanos con el Señor de la vida, que nos invita a compartir su
amistad.
jpelaez@puj.edu.co |