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Lecturas:
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Profeta Isaías 9,1-3.
5-6
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Carta de San Pablo a
Tito 2, 11-14
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Lucas 2, 1-14
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Hoy celebramos la fiesta
del Nacimiento del Señor, para la cual nos preparamos durante las
semanas de Adviento. Dios, nuestro Padre, nos ha hecho el mejor regalo
al darnos a Jesús. El misterio del nacimiento del Hijo de Dios invita a
una contemplación serena sobre el amor de Dios, la familia, la ternura,
la vida interior, la sencillez…
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Para facilitar esta
contemplación, los invito a explorar el origen y el significado de los
tres grandes símbolos de este tiempo litúrgico: el pesebre, el árbol de
Navidad y los villancicos. Al comprenderlos podremos interiorizar mejor
el mensaje que nos transmiten.
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Hablemos, en primer lugar,
del pesebre:
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Su origen se remonta a
San Francisco de Asís, ser excepcional que predicó la paz, la
sencillez de vida y el amor a la naturaleza.
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Cuenta la tradición
que, mientras meditaba el texto del evangelista Lucas sobre la
anunciación y el nacimiento de Jesús, tuvo la inspiración de
reproducir en vivo lo que narraba el evangelista.
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Así, en la Navidad del
año 1.223, eligió un lugar abierto, extendió un paño blanco, recogió
heno y, con la ayuda del soldado Juan de Greccio, consiguió un burro
y un buey, y convocó a los campesinos de la región para que
reunieran nueve días antes de la Navidad y participaran en una
eucaristía que tenía como escenografía esta representación de los
misterios de Cristo. Con anterioridad había solicitado la
autorización del Papa Honorio III. San Buenaventura es quien nos
narra este episodio de la vida de San Francisco.
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Por razones prácticas
se pasó de este pesebre con animales vivos y pastores de carne y
hueso, al pesebre con figuras hechas de diversos materiales. La
variedad es infinita.
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Esta hermosa costumbre
fue acogida inmediatamente en Italia y pasó a España por el influjo
de Carlos III, que ocupó el trono de Nápoles y quiso trasladar esta
práctica a su país de origen.
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Los frailes que
viajaron en los barcos con los descubridores y colonos trajeron el
pesebre a América, el cual fue una herramienta catequética muy útil
en la evangelización de los indígenas.
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Algunas personas se
refieren con desprecio al pesebre y se burlan de lo que califican
como “muñecos”. Los invito a tener una mirada diferente. Recordemos
que en el siglo XIII no existían los desarrollos tecnológicos de hoy
(Internet, tecnología digital para crear imágenes y efectos
especiales). En ese contexto, las imágenes del pesebre eran como las
animaciones digitales de hoy, es decir, una manera muy sencilla de
visualizar los grandes misterios de la redención y acercarlos a los
sentidos y a la imaginación del pueblo sencillo, que era analfabeta.
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Pasemos al árbol de
Navidad:
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Sus orígenes hay que
buscarlos en Alemania.
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Antes de la conversión
al Cristianismo, las tribus germanas pensaban que un árbol
gigantesco sostenía al mundo, y que de sus ramas colgaban el sol, la
luna y las estrellas.
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Cuando los primeros
misioneros entraron en contacto con estas tribus, vieron que
celebraban al nacimiento del dios del sol y de la fecundidad
adornando un árbol de hoja perenne (una conífera)
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Cuenta la tradición que
San Bonifacio, monje inglés que evangelizó las tierras de la actual
Alemania en la primera mitad del siglo VIII, decidió respetar el
símbolo del árbol, muy arraigado en esa cultura, pero le dio una
significación muy diferente.
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Así, pues, San
Bonifacio institucionalizó el pino como árbol de Navidad, pues al no
perder las hojas durante el invierno simboliza el amor eterno y
constante de Dios por la humanidad. Lo adornó con manzanas y velas;
las manzanas evocaban el pecado original y las tentaciones; las
velas representaban a Jesucristo, luz del mundo. Con el paso del
tiempo, las manzanas se convirtieron en bolas de colores y las velas
cedieron el lugar a las instalaciones eléctricas con bombillos de
colores.
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¿Cuáles son, entonces,
los elementos básicos del árbol de Navidad:
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Ante todo, debe ser
un pino – natural o artificial – por la perennidad de sus hojas,
que simbolizan el amor eterno de Dios.
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La estrella, puesta
en la parte superior, hace referencia a la estrella de Belén, y
simboliza la fe que nos guía por camino de la vida.
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Las bolas de
colores sustituyeron a las manzanas originales de San Bonifacio,
que recordaban el pecado original y las tentaciones
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Las luces de
colores – originalmente velas – representan la luz de Cristo.
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Los lazos y cintas
manifiestan la unión de los familiares y seres queridos.
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Resulta, entonces,
que el pesebre se remonta al siglo XIII, con San Francisco de
Asís y es de inspiración italiana; y el árbol de Navidad
procede de Alemania y se remonta San Bonifacio, que evangelizó
esas tierras en el siglo VIII.
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Finalmente, digamos una
palabra sobre los villancicos:
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La palabra villancico
hace referencia a los habitantes de las villas o ciudades, los
“villanos”.
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En el siglo XV, los
villancicos eran canciones en lengua vulgar (no en latín, que era la
lengua culta, sino en castellano, francés o italiano…) sobre temas
amorosos, que originalmente se interpretaban en los salones nobles y
que después entraban a formar parte del repertorio de las clases
populares o “villanos”
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En el siglo XVIII, los
maestros de música religiosa compusieron la música para textos
populares que hablaban del misterio de la encarnación y que se
inspiraban en la liturgia de Navidad. Estas composiciones tuvieron
mucho éxito y fueron interpretadas por el pueblo; así los
villancicos dejaron de ser canciones profanas y se inspiraron en
temas exclusivamente religiosos.
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Cuando en la actualidad
nos referimos a los villancicos, hacemos referencia a las canciones
de Navidad, que tienen una estructura musical sencilla y que son
interpretadas generalmente por grupos de niños.
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El más famoso de todos
los villancicos es “Noche de Paz”, cuya letra fue escrita por el
párroco de un pueblito de Austria, y la música la compuso un amigo
suyo, profesor de música, y fue estrenado en la navidad de 1818.
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He querido explicarles los
orígenes y el significado de estos tres símbolos que ocupan un lugar
destacado dentro de las celebraciones navideñas:
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Que el pesebre, el
árbol y los villancicos no sean una costumbre más que repetimos cada
año simplemente por influjo de la sociedad de consumo.
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Mediante estos tres
elementos, que llaman la atención de nuestros sentidos, tomamos
conciencia del amor infinito de Dios Padre, que nos hace el regalo
de su Hijo para que sea nuestro compañero de camino.
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Que estas celebraciones
tengan como protagonistas centrales a los niños. Que se sientan
rodeados de la ternura de nosotros los adultos. Y desterremos de
nuestros hogares los comportamientos escandalosos y agresivos. La
Navidad es tiempo de paz, amor y vida familiar.
Nota:
Saludo del P. Jorge Humberto
Peláez:
Les hago llegar un afectuoso saludo de Navidad. Que el
Señor los bendiga durante estas fiestas y podamos iniciar un nuevo año
llenos de optimismo y ganas de trabajar por su Iglesia. Salgo a vacaciones.
Volveremos a estar en comunicación en la segunda quincena de enero.
Feliz Navidad, Jorge Humberto Peláez S.J.
jpelaez@javerianacali.edu.co |
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