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Lecturas:
o
Libro de los
Números 11, 25-29
o
Carta del apóstol
Santiago 5, 1-6
o
Marcos 9, 38-43.
45. 47-48
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Las lecturas de
hoy narran dos escenas en las que los seguidores de Moisés (primera lectura)
y los de Jesús (tercera lectura) se sienten celosos porque algunas personas,
que no pertenecían al grupo que estaba junto a estos personajes, habían
recibido unos dones especiales que ellos pensaban que les pertenecían de
manera exclusiva:
o
En la primera
lectura, tomada del libro de los Números, dos hombres, externos al grupo de
los setenta ancianos, profetizan; Josué pide que se les prohíba hablar.
o
En el evangelio,
algunos hombres, externos al grupo de los discípulos, arrojan demonios en
nombre de Jesús; el apóstol Juan les ha prohibido que continúen haciéndolo.
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Estas dos
situaciones – la descrita en el libro de los Números y la que narra el
evangelista Marcos – son muy distintas en el tiempo y en el contexto; pero
hay coincidencias que vale la pena subrayar:
o
Coinciden los
seguidores de Moisés y de Jesús en su oposición a los carismas especiales
que manifiestan personas externas al grupo.
o
Coinciden Moisés
y Jesús en su rechazo a este tipo de manejos excluyentes, y reconocen que la
acción de Dios también se manifiesta en esas personas de fuera.
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Los invito a
reflexionar sobre el comportamiento de los seguidores de Moisés y de Jesús.
Separemos los aspectos psicológicos y los aspectos teológicos.
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Desde la
perspectiva psicológica, ¿qué podemos decir?
o
Los grupos
tienden a expresar con orgullo aquellos rasgos que los hacen diferentes y
que definen su identidad.
o
Esta dinámica de
afirmación de la propia identidad, que es positiva, genera comportamientos
negativos de exclusión.
o
Los seguidores de
Moisés y de Jesús sienten celos porque otras personas, externas a sus
grupos, han tenido el atrevimiento de incursionar en áreas que ellos
consideran que les pertenecen de manera exclusiva. Para los seguidores de
Moisés es inaceptable que haya otros que puedan profetizar; para los
seguidores de Jesús es inaceptable que haya otros que puedan expulsar
demonios.
o
Nos encontramos,
entonces, ante un auténtico ataque de celos. Pretenden que los dones de Dios
se manifiesten exclusivamente dentro de sus grupos.
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Después de tratar
de comprender el porqué psicológico de su reacción, los invito a que
avancemos en nuestra reflexión y exploremos los aspectos teológicos de estas
dos situaciones que nos describen las lecturas de hoy. Podemos decir que se
presenta una tensión entre los que están dentro y los que están fuera del
grupo:
o
Los que estaban
dentro del círculo íntimo de Moisés creían que el don de profecía les
pertenecía por derecho por propio; la misma creencia tenían los discípulos
de Jesús respecto al don de expulsar demonios.
o
En otras
palabras, se estaba afirmando que todos los derechos y privilegios
espirituales son para los que están dentro; y los que están fuera están
privados de ellos.
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¿Cómo resuelve
Jesús esta tensión entre los que están dentro y lo que están fuera? Dice
Jesús: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi
nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está en
contra de nosotros, está a nuestro favor. Todo aquel que les dé a beber un
vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se
quedará sin recompensa”
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La posición de
Jesús es muy interesante:
o
Él no se deja
atrapar en la discusión acerca de lo que significa estar dentro y estar
fuera. Su mirada es diferente. Mira las actitudes profundas del corazón y
las acciones; en ese horizonte, quien está cerca de los hermanos y actúa a
favor de ellos está cerca de Dios. Eso es mucho más significativo que las
pertenencias institucionales y las membresías…
o
Este criterio se
hace más explícito en el texto evangélico que reproduce las palabras de
Jesús sobre el juicio definitivo al que seremos sometidos: todos aquellos
que hayan dado de comer a un hambriento o hayan visitado a un enfermo,
escucharán la invitación ¡Vengan, benditos de mi Padre!
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Estas lecturas de
hoy nos dejan unas enseñanzas muy claras:
o
Estar dentro de
la comunidad eclesial no es un derecho que nos hayamos ganado gracias a
nuestros esfuerzos y que nos concede privilegios sobre Dios y la salvación.
La pertenencia a la Iglesia es un regalo de Dios.
o
Estar dentro de
la comunidad eclesial no nos autoriza para descalificar a otras personas que
oficialmente no están dentro de ella.
o
No podemos tener
una visión maniquea de la humanidad clasificándola en dos grandes grupos:
los buenos y los malos, los salvados y los condenados, los incluidos y los
excluidos, los que viven en la luz de la verdad y los que están en la
oscuridad del error.
o
Esta mentalidad
maniquea que clasifica y discrimina va contra la universalidad del plan de
salvación; Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad; además el Espíritu Santo sopla donde
quiere.
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Es hora de
terminar nuestra meditación dominical. A través de una exploración de los
sentimientos negativos de algunos seguidores de Moisés y de Jesús, hemos
tomado conciencia de que un auténtico compromiso cristiano es incompatible
con las envidias religiosas, con las exclusiones y con las discriminaciones.
No creamos que tenemos derechos exclusivos sobre la salvación. No juzguemos
a los demás ni los discriminemos por razones religiosas. Entendamos que la
gracia es regalo de Dios y que el Espíritu Santo actúa en el corazón de
todos y que su acción no se limita a un selecto grupo de escogidos. La
autenticidad de la búsqueda de la verdad se verifica y constata por los
frutos de solidaridad y de justicia que demos.
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