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Lecturas:
o
Profeta
Jeremías 1, 4-5. 17-19
o
I Carta de
San Pablo a los Corintios 12, 31 – 13,3
o
Lucas 4,
21-30
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Hoy
centraremos nuestra meditación dominical en el texto de la I Carta a
los Corintios, conocido como el “himno al amor”, que muchas parejas
escogen para la liturgia de su boda.
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El
apóstol Pablo analiza, desde la teología, el lugar que le corresponde al
amor en las relaciones con Dios y con los hermanos.
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Sabemos
que el amor es la inspiración por excelencia de innumerables artistas a
lo largo de la historia; es el argumento central de casi todas las obras
literarias; la música expresa la felicidad del amor encontrado, así
como el dolor y la rabia por los corazones rotos; es argumento
infaltable en el cine.
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¿Cuál es
la afirmación central del apóstol Pablo? Afirma, de manera contundente,
que el amor es el valor central de la existencia humana, y el que da
sentido a todo lo que hacemos. Escuchemos de nuevo sus palabras: “Aunque
yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo
amor, no soy más que una campana que resuena o unos platillos que
aturden”
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Estas
palabras de San Pablo invitan a revisar las prioridades de nuestras
agendas:
o
Hay muchos
padres y madres de familia que dedican poco tiempo a sus hijos por causa del
trabajo o de otros compromisos que los sacan del hogar. Por esta razón no
ven crecer a sus hijos ni comparten con ellos los primeros años de vida, que
son definitivos para el desarrollo afectivo e intelectual. Utilizando las
palabras de San Pablo, las actividades frenéticas de estos padres y madres
de familia sólo son platillos que aturden.
o
Hay muchos
sacerdotes que se dejan absorber por los problemas administrativos de sus
obras apostólicas. No tienen tiempo para compartir con la gente, para ser
partícipes de sus alegrías y tristezas. Retomando las palabras de San Pablo,
podemos afirmar que las actividades frenéticas de estos sacerdotes solo son
platillos que aturden, pues no han tenido tiempo para amar a la gente.
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San
Pablo, un hombre sabio y profundo conocedor de la vida, sabía muy bien
que el amor necesita traducirse en la vida diaria, y debe ser cultivado;
de lo contrario, se marchita. Por eso habla de comprensión,
servicialidad, sencillez, educación, generosidad.
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Uno de
los peores errores que se puede cometer en las relaciones
interpersonales es creer que se tiene asegurado el amor y que está a
prueba de riesgos, como si estuviera protegido por una póliza total:
o
Los pequeños
detalles ocupan un lugar central dentro de la estrategia de cuidar el amor.
Con frecuencia se los descuida por el hecho de ser pequeños. ¡Grande error!
La calidad de la convivencia es el resultado de ese conjunto de pequeños
gestos y palabras.
o
La
comunicación es un factor esencial. Si hay buenos canales de comunicación,
el amor se fortalece; si esos canales están bloqueados, el amor se acaba.
Además la comunicación es mucho más que el simple intercambio de
información; implica la capacidad de analizar problemas y situaciones con
objetividad; lo más difícil de la comunicación es ser capaces de compartir
sentimientos: sin juzgarlos, sin descalificarlos, en comunión silenciosa y
respetuosa.
o
Un tercer
componente del amor concreto es la capacidad de perdonar. Ahora bien, el
perdón otorgado supone un propósito de enmienda serio, que no se limita a
palabras para volver después a los malos pasos. El auténtico perdón no
acumula viejos rencores sino que es capaz de pasar la página para empezar
a escribir un capítulo nuevo.
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Es hora
de terminar nuestra sencilla meditación dominical. Interioricemos los
dos mensajes que nos comunica el apóstol Pablo sobre el amor como
elemento esencial para que la vida tenga sentido, y cómo el SÍ del amor
debe ser confirmado cada día.
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