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1614. Con excepción de veintisiete, que de una manera u otra se las
arreglaron para quedarse, salieron de Nagasaki ochenta y nueve jesuitas.
Tuvieron que abandonar a trescientos mil cristianos que eran la gran
esperanza de la Iglesia Católica en el Oriente.
Esperando mejores tiempos, la Compañía estableció una Residencia en Maicao,
enclave portugués en la pequeña península del estuario Cantón.
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