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1556. En este día, San Ignacio, muy enfermo, se
confesó y comulgó. Nadie pensó que se encontraba a sólo tres días de
entregar su alma al Señor. La causa de sus fuertes dolores era un cólico
biliar, mal curado, con abundancia de cálculos. En quince años el Santo
había estado gravemente enfermo quince veces.
Hermosamente escribe el P. Ribadeneyra: "Nuestro B. P. Ignacio, cargado ya
de años, rodeado de enfermedades, afligido por la turbación de los tiempos y
de las nuevas calamidades de la Iglesia, y abrasado en deseo de verse con
Cristo, con grandes lágrimas y vehementes suspiros comenzó a pedir al Señor
que fuese servido sacarle deste destierro, y llevarle a aquel lugar de
descanso, donde con la libertad que deseaba pudiese alabarle y gozar de su
bienaventurada presencia entre sus escogidos".
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"...abrasado en deseo de verse con Cristo..." | |