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Noticias de la Provincia Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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EDITORIAL La Memoria de Ignacio, una ocasión para dar gracias El pasado 31 de julio, celebramos en las diversas Comunidades, la memoria festiva de nuestro querido Padre Ignacio. En ella inauguramos también la nueva sede del archivo de la Provincia y asistimos a la emisión de los últimos votos del P. Roberto Jaramillo. Ceremonias ambas cuajadas de profundo espíritu Ignaciano. Ese mismo día cumplí 6 años de servicio a la Provincia como Provincial. Durante todo ese día y hasta el momento en el que escribo estas líneas he estado viviendo una profunda experiencia de gratitud con el Señor que ha sido desbordadamente generoso para conmigo. Además, me siento también hondamente agradecido con todos y cada uno de los jesuitas de la Provincia que con su transparencia me han permitido conocer el paso de Dios por sus vidas. En efecto, estos años de cercanía a la acción de Dios abriéndose camino por entre los abrojos de nuestra resistencia y fragilidad para permitirnos ofrecer al mundo su novedad, han sacudido las fibras más hondas de mi vivencia espiritual. El testimonio de entrega y de generosidad de los jesuitas me ha interpelado profundamente y me ha exigido una disponibilidad sin límites para poner todo mi empeño en transmitir esta experiencia fascinante de sentirnos transfigurados por la luz de un AMOR que nos desborda. A pesar de mis inconsistencias y limitaciones, he querido seguir los signos y las voces del espíritu y servir al Señor y a la Iglesia con sinceridad de corazón. Muy seguramente en varias ocasiones no acerté. Sin embargo, puedo decirles que siempre procuré obrar con la mayor fidelidad al deseo Ignaciano de "solamente deseando y eligiendo lo que más conduce al servicio y alabanza de mi Señor" (EE. 23). Pido pues, mis sinceras excusas a quienes herí u ofendí con mis actitudes o decisiones. Les aseguro que en ninguna de ellas habitó el desamor. Son quizás, el rostro inconfundible de mis carencias de las que en muchas ocasiones se ha valido el Señor para afianzar nuestra fe, en el Dios de la misericordia y el perdón. Esta experiencia de la fidelidad de Dios es la expresión de la pasión absoluta con la que El nos busca y se convierte en el centro de nuestra más honda intimidad. Allí surge el fundamento de nuestra vocación. Así nace este amor insobornable que nos permitió salir de sus manos sin despedida y constituirse en el comienzo de un encuentro que ya no tiene puerto final. Es así como los jesuitas, animados por la experiencia de Ignacio, encontramos a Dios en lo profundo de nuestra propia realidad y a la realidad en la profundidad de Dios como nos lo dice bellamente Benjamín González Buelta, S.J. en su libro "Orar en un mundo roto". La nota que hemos recibido de Roma sobre el nombramiento del nuevo Provincial, en la que se nos dice que, el P. General atenderá el asunto sin prisa, nos invita a sumergimos en la experiencia de la espera paciente. Todos, Ustedes y yo, quisiéramos conocer pronto la determinación del P. General y saber el nombre de mi sucesor lo antes posible, pero debemos aguardar el momento con verdadera disposición Ignaciana. Un momento como éste nos sitúa en los tiempos de Dios y nos coloca enteramente en sus manos. El conoce y conduce nuestra vida personal y colectiva. Confiemos en El y dispongámonos a asumir su voluntad con todo el amor y gratitud que El mismo nos inspira. Horacio Arango A., S.J. Provincial | |||
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