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Noticias de la Provincia Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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EDITORIAL Renovación Espiritual y Encarnación del Señor El pasado 6 de Diciembre vivimos con alegría la ordenación sacerdotal de tres de nuestros escolares jesuitas en la Iglesia de San Ignacio en Bogotá. Su llegada al presbiterado es un vigoroso estimulo para la Provincia: ellos no sólo son una nueva fuerza apostólica para la misión que adelantamos en el país, sino que también la participación de muchos jesuitas en la ceremonia de la ordenación nos hizo revivir y revitalizar la propia consagración al Señor –o ordenación sacerdotal, en el caso de los sacerdotes- para servir al pueblo de Dios en la Iglesia a través de la Compañía. La ordenación de estos compañeros centra, pues, nuestra atención sobre dos aspectos fundamentales para el vigor de nuestro Cuerpo apostólico que no podemos descuidar: las vocaciones a la Compañía y la renovación espiritual. Este último aspecto es la piedra fundamental del edificio apostólico que somos y la fuente de numerosas vocaciones. Nos urge a todos trabajar más decididamente en favor de las vocaciones. Aunque en los últimos años hemos recibido del Señor numerosas vocaciones, no debemos dormirnos sobre los laureles. Para nadie es un secreto que el vigor apostólico de la Provincia se sostiene, en gran parte, por un significativo número de jesuitas mayores que continúan en la brega apostólica. Tampoco es desconocida la clamorosa necesidad de una presencia más numerosa de jesuitas en las obras, sean éstas educativas, pastorales, sociales o de formación de los Nuestros. Todo esto sin hablar de la multiplicidad de solicitudes que continuamente recibe el gobierno Provincial, por parte de los obispos y de organizaciones o grupos de cristianos que anhelan la presencia de la Compañía para liderar nuevos emprendimientos que urgen al país. Sin embargo, suscitar, encontrar o alentar nuevas vocaciones a la Compañía implica de nosotros no sólo una intensa oración por ellas, sino también -y este es el punto sobre el que quiero llamar la atención- irradiar una profunda alegría vital, un amor inequívoco y una honda mística en y con nuestro compromiso como jesuitas. Si no reflejamos en nuestro seguimiento del Señor la fuerza creadora de su Espíritu y una “amabilidad” a toda prueba no seremos más que “un metal que resuena o un platillo que hace ruido” como lo señala San Pablo (1Cor., 13: 1). Nos urge a todos encarnar más decididamente el Evangelio. Tal es sentido de nuestra vocación. La Navidad que celebraremos en los próximos días nos abre al tierno y misericordioso amor de Dios hecho carne en nuestra historia cargada de asperezas, insatisfacciones y violencias. Dios asume amorosamente lo que somos para sanar y salvar; para abrir horizonte a la esperanza y para reafirmar en la carne que el amor es el camino de la vida y de la plenitud personal y colectiva. Nuestro desafío ante el misterio amoroso de la encarnación es doble: seguir anunciando en y con nuestra vida que Dios se ha hecho humano y seguir captando su encarnación en la historia, allí donde la vida es acogida y protegida con un amor humilde. Dejar que el Espíritu del Señor se haga carne en nosotros
-renovándonos interiormente y haciéndonos hombres Nuevos-
y se exteriorice en nuestras acciones, palabras e intenciones fue el ideal
que Ignacio encarnó en su vida, plasmó en los EE y con él
atrajo, invitó y ganó a muchos para la naciente Compañía.
La Navidad nos invita a esta nueva “encarnación” y
el Nuevo Año a un alegre, vigoroso, seductor y atrayente servicio
que genere nuevo compromiso en muchos por la paz en la justicia.
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