| Editorial | Noticias del Mes | Noticias Breves | Archivo | | |||
| Noticias
del Mes |
![]() |
||
In Memoriam P. Jaime Alviar Ramírez, S.J. Nacimiento: Armenia (Quindío), 16 de noviembre
de 1928
ESTUDIOS EN LA COMPAÑÍA Juniorado: Sta. Rosa de Viterbo, 1947 - 1949
ESTUDIOS ESPECIALES 1. Licenciado en Filosofía y Pedagogía,
Universidad Javeriana
TÍTULOS ACADÉMICOS 1. Licenciado en Filosofía, 1953
PUBLICACIONES 1. Artículos en la Revista Javeriana, sobre
Cine. Especialmente: El Cine ha muerto, Vive el Cine - Rev. Javeriana,
Septiembre 1984.
OFICIOS 1. Profesor, Espiritual, Cali 1962 - 1966 Falleció el 14 de noviembre de 2003 | |||
Bogotá.
Noviembre 15 de 2003 - Alberto Jiménez Cadena S.J. Los primeros recuerdos se pierden en la bruma del tiempo. Su incondicional entrega al Señor, su recia personalidad, su exquisita sensibilidad y su aguda inteligencia forjaron el Jaime de la edad madura y le dieron el temple necesario para sufrir con entereza el prolongado y penoso período final de su permanencia entre nosotros. En sus estudios fue brillante, tanto en los temas humanísticos, como científicos, filosóficos y teológicos. Tuve el privilegio de compartir con Jaime varios años en nuestra etapa de formación y especialmente los últimos 9 años de su vida de los cuales los últimos 6 como su Superior religioso. El cargo de Superior me permitió conocer aún más a fondo la riqueza espiritual de Jaime y su abandono incondicional a la voluntad del Señor. Con no poca frecuencia, los jesuitas repetimos la oración que San Ignacio nos enseñó en los Ejercicios Espirituales: “Tomad Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad.” El recitar concientemente esta oración, me cuestiona profundamente mi disposición a entregarme al Señor con la radicalidad que sus palabras significan. Sin embargo, esa es la disponibilidad que el Señor nos exige como jesuitas. En sus designios inescrutables, le aceptó a Jaime la oblación de sus facultades y durante más de 25 años sufrió la enfermedad crónica, que posteriormente se complicaría con otras dolencias, lo que nos obligó en no pocas ocasiones a llevarlo al hospital en busca de su recuperación. Sea la ocasión para resaltar la caridad con que sus hermanos de comunidad trataron siempre a Jaime, durante su prolongada permanencia en nuestra Residencia de San Pedro Canisio. A pesar de sus reacciones impredecibles, causadas por su enfermedad, siempre estuvieron todos dispuestos a atenderlo y a prestar su colaboración para un mejor estar de nuestro querido Jaime. No puedo menos de mencionar al hermano José del Carmen Burgos, siempre pendiente de las necesidades de Jaime y de sus medicinas y al Padre Alfonso Jaramillo, quien no ahorró esfuerzos por ayudarlo y atenderlo. Su hermana Beatriz y varios amigos y amigas, especialmente Ginette, Judith y Lucía, estuvieron pendientes de la evolución de su enfermedad y lo acompañaron durante muchas horas en sus ratos de soledad. El día de ayer, fui temprano a saludarlo y a preguntarle, como de costumbre cómo había amanecido. Como siempre me respondió que se encontraba bien. (Rara vez se quejaba de sus dolencias). Sin embargo le noté la mirada vaga, síntoma que había tenido en su anterior crisis y le pedí al hermano Burgos que le midiera el azúcar. Lo encontró un poco elevado pero no a un punto preocupante. En la mañana celebró la Eucaristía con Alfonso Jaramillo y luego se recostó. A la hora del almuerzo, el hermano Burgos me comunicó que lo encontraba estable. A pesar de todo resolvimos llevarlo al hospital. Comió muy bien y, al terminar su almuerzo y mientras José del Carmen preparaba la maleta para llevarlo al hospital, dijo suavemente: “Me voy… me voy…” y con estas palabras se despidió para ser recibido en los brazos del Padre Celestial. Murió apaciblemente, sin angustias y sin agonías. Parecería que el Señor consideró que ya había sufrido bastante durante su enfermedad y que su fallecimiento debería ser sin dolores y con paz, como efectivamente lo fue. Acabamos de escuchar la palabra del Señor Jesús en el Evangelio de San Juan. El Señor ora al Padre y lo hace por sus apóstoles queridos, en la última cena, estando próxima su partida de este mundo: “Padre, quiero que los que tu me diste estén conmigo donde yo esté”. Palabras consoladoras para todos nosotros que hemos recibido gratuitamente el don de la Fe y que fuimos elegidos por el Señor para ser suyos. La oración del Señor en la Ultima Cena, es no solo por sus apóstoles presentes en la reunión, sino también por Jaime y por todos nosotros que hemos sido llamados a ser sus seguidores y sus apóstoles. Entregados por el Padre a Jesús nuestro Maestro, manifiesta su voluntad.. “quiero… que estén conmigo donde yo esté”. Jesús, Dios y Hombre, está en seno del Padre y allí estará Jaime, pues la voluntad del Señor es eficaz. Los jesuitas nos definimos como “pecadores y sin embargo llamados por el Señor”. Reconocemos nuestras limitaciones pero el Señor conoce nuestra decisión profunda y sincera de seguirlo incondicionalmente. Como hombre y como jesuita, Jaime sin duda cometió faltas que el Señor perdona en su misericordia infinita. “Si el grano de trigo no muere, no da fruto”. Jaime murió y dio y está dando fruto abundante con su ejemplo de vida y de entrega en manos de la Providencia. Rogamos por él para que el Señor lo tenga en su gloria. La realidad de la separación nos entristece, “pero nos consuela la promesa de la futura inmortalidad”… “porque la vida de los que en Ti creemos no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, nos preparas una mansión eterna en el cielo” porque “en Cristo brilla al esperanza de nuestra feliz resurrección.” En medio del dolor que a todos nos causa la separación de un hermano a quien quisimos de corazón, nos alegramos porque Jaime, confiando en la misericordia de Dios, estará gozando de una vida nueva en la casa del Padre. Agradezcamos al Señor la gracia que nos dio de haber conocido a Jaime y de haberlo tenido como compañero y hermano. En él encontramos un hermano cariñoso, aun en medio de las asperezas propias de su enfermedad y un ejemplo y estímulo admirables de abandono y entrega en las manos del Señor. Para su hermana Beatriz, su hermano César, sus sobrinos, familiares
y amigos, en nombre de la Comunidad de la Casa Provincial, nuestra más
sentida condolencia y para todos nosotros que la vida de Jaime continúe
siendo un estímulo para seguir adelante “en la vía
comenzada del divino servicio.” | |||
27 de septiembre de 1604 9 de septiembre de 1654 9 de septiembre de 1924 | |||
| |
|||
| || © | inicio | mapa | contacto | cómo ser jesuita| quiénes somos | qué hacemos | dónde estamos | qué comunicamos | ayuda | |||