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Noticias de la Provincia

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Febrero, 2004


EDITORIAL

Tareas que nos competen a todos

Ser creíbles...

Este es uno de los mayores desafíos que tenemos hoy como jesuitas. Y eso a un doble nivel: por un lado y sobre todo, ser creíbles ante los hombres y mujeres laicos que tenemos como compañeros apostólicos y ante quienes, en la sociedad, son los destinatarios de nuestro trabajo; y por otro lado, ser creíbles entre nosotros mismos, jesuitas; quizás, nos conocemos tanto, incluso en nuestras fragilidades y defectos que muy frecuentemente no llegamos a “edificarnos” espiritualmente unos a otros. Este es un reto personal pero también el reto que tenemos todos como Cuerpo apostólico.

Quizás sueñe extraño, para muchos, semejante planteamiento. Frecuentemente escuchamos alabanzas por nuestro trabajo y por alcanzar ciertos logros apostólicos. No es menos cierto también que hay muchos que nos conocen de cerca y se inquietan, se preguntan y se encuentran con sus expectativas insatisfechas. Quizás nos admiran por nuestra inteligencia y por nuestra eficiencia. Pero, al tener contacto con nosotros, ¿se sienten estimulados al cambio de vida? ¿se experimentan atraídos por nuestras opciones y nuestra radicalidad de vida? ¿experimentan que somos coherentes con nuestra condición sacerdotal o religiosa? ¿se sienten evangélicamente estimulados a vivir más ética y fraternamente? ¿Cómo podremos hacernos creíbles en lo que decimos, en lo que proclamamos, en lo que hacemos?

Este cuestionamiento no sólo es válido para el tiempo litúrgico cuaresmal. Con él señalo una dimensión fundamental para la renovación interior y la transformación de nuestras formas de comportamiento para vivir el seguimiento de Jesús. ¿Cómo podemos hacernos auténticos religiosos, jesuitas, mensajeros del Evangelio? Para esto, hicimos rupturas profundas! Y tales rupturas con el estilo de vida de la sociedad, con muchas de sus prácticas y costumbres, tenemos que renovarlas permanente, o de lo contrario, corremos el peligro de retomar lo que hemos dejado e, incluso, de asumir más!...

Es fundamental preguntarnos, si nuestro estilo de vida es creíble para los hombres y mujeres de hoy. Si vivimos la pobreza religiosa de tal modo que ella interroga en algún sentido a una sociedad centrada en el consumo y en el bienestar, mientras que 57 de cada 100 colombianos (según la Revista Semana) viven en la pobreza absoluta. Si nuestra forma de vivir el celibato es íntegra, si llevamos una doble vida, o si el manejo de nuestras relaciones humanas deja espacio a la ambigüedad. Y finalmente, si nuestra obediencia expresa que somos disponibles para la misión, si efectivamente tenemos la vida puesta en las manos de Dios y nos dejamos conducir por él o si defendemos y protegemos algún interés personal.

Tenemos que transformarnos, personal y colectivamente, so pena de no significar mucho, de no atraer a los jóvenes a nuestro estilo de vida. ¿Somos la “sal” que está perdiendo o ha perdido su sabor?.

Necesitamos sacudirnos de nuestras inercias, muchas veces “no santas”, y vivir como hombres profundamente coherentes: ante todo, con la vivencia de la fe para que siempre estemos a la altura de lo que ella nos demanda; y, en segundo lugar, con nuestro compromiso como religiosos de la Compañía de Jesús, como hombres totalmente consagrados a Dios, para que no estemos muy atrás de lo que, Dios mismo y la gente esperan de nosotros.


Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial



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