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Fusión de comunidades
La Comunidad de la Universidad Javeriana y la del Colegio Berchmans se fusionarán y tendrán como sede de la nueva comunidad la casa del Colegio Berchmans, que será remodelada para acoger los nuevos miembros de la comunidad. Se cree que la fusión será en el 1º semestre del 2005.
Viajes
El P. Provincial viajó el 3 de noviembre a la ciudad de León en México para participar en la 10ª Asamblea de la Conferencia de Provinciales de América Latina, CPAL. La reunión se tendrá hasta el 9 de noviembre. Durante su ausencia el Viceprovincial será el P. Joaquín Sánchez, SJ.
El P. Provincial regresará el 10 de noviembre.
Enfermos
El P. Eduardo Uribe tuvo un infarto y se encuentra en recuperación.
Reunión de Hermanos
Para el 11 y 12 de febrero del año 2005 está programada la reunión de los Hermanos de la Provincia. Se pide a todos los Hermanos que incluyan esta fecha en sus agendas para estar allí presentes.
Visita de la Provincia de Oregon
Desde el 30 de noviembre, empezarán a llegar a la Provincia Colombiana los miembros de una significativa delegación de la Provincia de Oregon, con quien la Provincia Colombiana ha firmado un convenio de Cooperación. Entre los miembros de esta delegación se encuentran los PP. John Withney, Provincial; Pat Ford, Socio del P. Provincial; Bill Watson, Asistente del P. Provincial para el desarrollo del Convenio Oregon-Colombia y otras destacadas personalidades y Jesuitas de la Provincia de Oregon.
Tendrán reuniones con diversos grupos: la Consulta de Provincia, la Universidad Javeriana, Bogotá y la Embajada Americana en Bogotá; algunos viajarán a Nariño y Putumayo para dar apoyo al Proyecto de Desarrollo Sostenible que se desarrollará allí y otros viajarán a Cartagena. Desde ya son bienvenidos!!
Salidas
Han pedido las dimisorias los juniores Iván Darío Cárdenas y Bladimiro Martínez.
Difuntos
El pasado 24 de octubre, falleció en Bogotá, el Ing. Vicente Guerrero, hermano del P. Daniel Guerrero.
In Memoriam
+ P. Hernán Mejía Echavarría, SJ. tc "P. Hernán Mejía Echavarría, SJ. "
Nacimiento: Medellín, 7 de junio de 1920. Ingreso: Santa Rosa de Viterbo, 23 de septiembre de 1935. Votos del Bienio: Santa Rosa, 24 de septiembre de 1937. Ordenación: Bogotá, 3 de diciembre de 1950. Últimos Votos: 15 de agosto de 1953. Profesión Solemne: 15 de agosto de 1970. Muerte: Medellín, 30 septiembre de 2004.
ESTUDIOS EN LA COMPAÑÍA
Juniorado: Santa Rosa de Viterbo Bogotá, 1 937 - 1940. Filosofía y Ciencias: 1941 -1944. Etapa Apostólica: Colegio San Francisco Javier, Pasto 1944 - 1947. Teología: Bogotá, 1948 - 1951. Tercera Probación: Santa Rosa, 1952.
OFICIOS 1. Prefecto General. La Merced. 1953 -1958. 2. Prefecto General. San Ignacio, 1959 - 1967. Estudios en el Instituto de Pastoral en el Pio Latino, 1968. 3. Secretario Vice-Provincial de Educación y Pastoral. Bogotá, 1969. 4. Superior Residencia San Pedro Canisio, 1970 - 1972. 5. Vice Rector Colegio San José, Barranquilla, 1973 - 1076. 6. Moderador de ASIA. Asesor espiritual Colegio San Ignacio. Medellín, 1977. 7. Director Casa de Ejercicios Loyola. Medellín, 1980. 8. Director Casa de Ejercicios Loyola y Director ASIA Colegio San Ignacio. Medellín, 1986- 1995. 9. Director Casa de Ejercicios Loyola hasta 2003. 10. Medellín. Casa Pedro Arrupe. Ora por la Iglesia y la Compañía. 2003-2004
Vida del P. Hernán Mejía, SJ. tc "Vida del P. Hernán Mejía, SJ." Por: Guillermo Misas Restrepo, SJ. Octubre 13 de 2004.
Perteneció el P. Hernán a una familia que dio varios miembros a nuestra Provincia. Fueron sus cercanos parientes: el P. Manuel Mejía quien fuera Rector en Pasto, en Medellín, en Manizales y en Bucaramanga. Los Padres Félix y Salvador Restrepo Mejía y los Padres Germán y José Mejía.
En su vida sacerdotal además de haber sido Rector del Colegio de Barranquilla solo tuvo dos oficios desempeñados con mucho acierto.
Hizo el Magisterio en el Colegio San Francisco Javier en Pasto, donde fue muy apreciado y conservaba siempre en su corazón un gran recuerdo y afecto por el colegio y sus exalumnos.
El primer oficio fue el de Prefecto General o Disciplina en los Colegios de San Bartolomé La Merced y San Ignacio en Medellín.
El segundo oficio fue el de Director de la Casa de Ejercicios de Loyola. Alcanzó en este apostolado tan propio de la Compañía una gran destreza y formó una biblioteca muy completa y especializada. Por la casa pasaron toda clase de tandas en gran parte dirigidas por él mismo y con la colaboración de los Padres de la Residencia de San Ignacio. Con gran habilidad se acomodaba a los auditorios más distintos. Con una gran facilidad en la exposición, ya que el Padre Mejía fue un excelente orador que siempre captaba la capacidad de los ejercitantes.
Esta es parte de mi gran recuerdo por el compañero Hernán Mejía.
Maestros inolvidables: tc "Maestros inolvidables\:" Hernán Mejía Echavarría, SJ.tc "Hernán Mejía Echavarría, SJ."
Tomado de: Boletín «ASIA Ignaciana. Asociación de Exalumnos del Colegio San Ignacio de Medellín - Mayo/04
En la Casa Pedro Arrupe, hogar de los Jesuitas retirados, está el Exdirector de ASIA Ignaciana. Dos de sus amigos recuerdan y comparten sus anécdotas y experiencias.
Hablar de ASIA Ignaciana es hacerlo del Padre Hernán Mejía Echavarría SJ., quien durante 22 años estuvo al frente de la Asociación y sus obras sociales. Dentro de su labor se destaca la organización de los quinquenios de egresados y la elaboración del boletín institucional, el cual desde entonces es el principal canal de comunicación entre los egresados y la Asociación.
“Durante el tiempo que estuve como estudiante, comenta el Administrador de Empresas Héctor Arango Gaviria, lo conocí como Prefecto General del Colegio. Era excepcional como sacerdote, gerente y persona. Además, se destacó en su labor como Director de Estudios y de Disciplina en el Colegio San Ignacio. Tenía grandes contactos con la industria y con las familias de los Ignacianos. El Colegio en ese entonces sobresalió por su alto nivel académico y por una férrea disciplina”.
Como anécdota, Arango Gaviria recuerda: “Cuando se presentaban brotes de desorden, el Padre llamaba a la Cuarta Brigada para que vinieran y pusieran a los alumnos a hacer prácticas disciplinarias y esto le gustaba a las familias.
Recuerdo que el Colegio tuvo un adecuado mantenimiento en sus instalaciones, era impecable. Yo fui Campanero por varios años y siempre estuve inmediato al Padre Mejía, esto me acercó y permitió ser su amigo. Desde las cinco de la mañana empezaba a trabajar y cuando uno llegaba al Colegio, ya él llevaba dos horas de trabajo en la oficina.
Durante los años que estuvo el Padre en el Colegio, las fiestas y los bazares marcaron una huella importante en la historia de los alumnos y sus familias.
En relación con el tiempo que el Padre Hernán Mejía estuvo en ASIA Ignaciana como Director, Héctor Arango agrega: “Unió a los alumnos en torno a las obras sociales del Colegio, llamaba personalmente a los egresados buscando su participación y de igual forma, sostuvo estrechas relaciones con Fundación Loyola”.
De forma paralela, consiguió ayudas nacionales e incluso internacionales para ASIA Ignaciana, estas últimas a través del alemán Julius Dietrisch uno de los mayores benefactores que ha tenido la Asociación.
Posteriormente, fue Superior de la Casa de Ejercicios Loyola, entidad donde terminó su vida laboral apostólica. De ella “fue buen administrador, muy celoso de los detalles y trató hasta donde le fue posible, mantenerla ocupada siempre en actividades”.
De otro lado, Arango Gaviria mencionó que el Padre estuvo pendiente de todas las actividades sociales de las familias de los Ignacianos, “no se le pasaba fecha, aniversario, promoción laboral y menos duelo alguno. Para mí, es un hombre ejemplar”.
El médico Misael Duque Restrepo, es otro Ignaciano que conoció de cerca al Padre Hernán Mejía, recuerda que “fue un abanderado de la Asociación y fuerte impulsor de los apostolados de ASIA Ignaciana. Demostró gran cariño hacia las personas y además mantuvo buenas relaciones con los exalumnos en todo momento”.
Duque Restrepo destaca que la principal labor que realizaron juntos durante su paso por la presidencia de ASIA Ignaciana fue apoyar y procurar el crecimiento de las obras de la Asociación en general.
Ambos exalumnos dan fe del legado que dejó el Padre Hernán Mejía y coinciden en que es necesario pedir por él, ahora que el tiempo ha desmejorado su estado de salud.
Para ASIA Ignaciana fue imposible obtener una entrevista personal con el Padre Hernán Mejía Echavarría. Sólo pudimos cruzar unas pocas palabras vía telefónica. A través de ella, el Padre Hernán pidió a los exalumnos que lo encomendaran en sus oraciones.
CARLOS ALBERTO ZEA FERNÁNDEZ/63:
“Siempre sostuvo buenas relaciones con los exalumnos a través de los quinquenios. Un gran paso del Padre Hernán, fue aceptar que ASIA Ignaciana tuviera Director Ejecutivo.
Como Sacerdote lo recuerdo con cariño. Como Prefecto, nos tenía en cuenta para integrarnos a la comunidad, nos enseñó a ser desprendidos, a darle a los demás de lo mucho o poco que se tiene. Los sábados nos integrábamos haciendo evangelización en el barrio París.
Guardo gratos recuerdos, fue una gran persona. Le tengo eterno agradecimiento por cómo nos formó, por cómo nos enseñó a querer el Colegio y a los demás. Con él, nosotros aprendimos a ser generosos”.
Recordando al P. Hernán Mejía, SJ.tc "Recordando al P. Hernán Mejía, SJ."
Carta enviada al P. Luis Guillermo Vélez, SJ., por el Sr. Luis Guillermo Saldarriaga C. Ignaciano 1972. Medellín, 18 de octubre de 2004.
Como ignaciano que soy recuerdo con cariño la expresión del Padre Hernán Mejía E., SJ.: “Hoy se me cayó otro pelo”. Lo decía mientras todo el colegio estaba reunido en “Urbanidad” y él con su excelente tono de voz (parecía de locutor de radio) nos explicaba el por qué. La razón, casi siempre, era que los estudiantes no estábamos haciendo algo bien y él utilizaba esa frase para llamarnos al orden.
Lo conocí en el Colegio San Ignacio como Prefecto General y era muy “templado”. Recto, ordenado y disciplinado. Entusiasta con los bazares del colegio con los cuales logró reunir fondos económicos par construir el coliseo. Mi mamá (Luisa) lo recuerda y me cuenta que le decía: “¿Doña Luisa, está lista para vender los jugos de naranja? Ya viene el bazar”. Por varios años mi mamá colaboró con esta actividad que hoy recuerda con agrado.
En 1972 terminé mis estudios en el colegio pero seguí ligado (y sigo) a él a través de las obras de Asia Ignaciana. Siempre aprecié en el Padre Mejía su cariño por los antiguos alumnos, su dedicación a ellos, a sus reuniones quinquenales, al extraordinario boletín, a las escuelas y, en fin, a toda la gran obra social de ASIA que él promovió junto con el P. Antonio Bernal, SJ., entre otros.
Tanto es así que me sedujo su compromiso con ASIA y me acerqué más a las obras con el ánimo de colaborar. En varias ocasiones hice parte de la Junta de Exalumnos trabajando en equipo con el Padre Mejía. Era tradicional la reunión de Junta como almuerzo de trabajo en la Casa de Ejercicios Loyola donde tenía su residencia y además, administraba la casa. Todos le “caminábamos” a su convocatoria. En esas reuniones se gesta con cosas muy bonitas como el acercamiento formal a la Fundación Loyola, los almuerzos para los niños de la escuela y el funcionamiento de las obras sociales.
En etapa posterior, las reuniones las hacíamos en la sede de ASIA en el Colegio y al término de las mismas lo llevaba a su casa en Loyola. En el camino siempre me hablaba de la importancia de mantener la obra social como parte vital de ASIA y como la oportunidad que Dios nos da de ser generosos y solidarios.
Se mantenía con la mente puesta en ASIA. Cuando estuvo en el Congreso Mundial de ASIA en España, hizo un contacto muy importante con un señor alemán Julios Diettrich de quien obtuvo para ASIA donaciones anuales suficientes para cubrir el suministro de los almuerzos para los niños.
Decía el P. Mejía que el dinero era como “el estiércol del demonio”. Nos daba permanentes lecciones de austeridad, de mesura y de solidaridad con los débiles. Disfrutaba mucho con el programa de becas de ASIA y los muchachos se lo agradecían. Pendiente de todo, gran cuidandero de los intereses de ASIA y de sus propósitos.
Siguiendo las orientaciones del Padre General y del Padre Provincial, ASIA debió quedar a cargo de los exalumnos y en aquella oportunidad oficiaba yo como Presidente de ASIA Ignaciana. Fue un momento difícil pero gracias a Dios con el paso del tiempo se ha podido ver que hoy ASIA Ignaciana sigue por la misma ruta que le trazó el P. Mejía y que siendo fieles a sus principios, el compromiso con los exalumnos y con las obras sociales sigue vivo.
Días antes de su fallecimiento visité al P. Mejía en su cama de enfermo. Me sonrió. Le sonreí. Hoy le pido que nos acompañe y nos bendiga desde el sitio que ocupa en la casa de Dios Padre.
Medellín, octubre 24 de 2004
Padre LUIS GUILLERMO VÉLEZ ESCOBAR, SJ. Superior Casa Pedro Arrupe
Apreciado P. Luis Guillermo:
Reciba un cordial saludo.
Deseo expresarle a usted y a la Compañía de Jesús, mis sentimientos de pesar por la muerte de nuestro querido P. Hernán Mejía Echavarría, SJ., quién goza de la presencia del Señor.
A lo largo de mi vida tuve la fortuna de contar con la amistad del P. Hernán; en todos los momentos significativos, por más de cuatro décadas, se hizo presente con su particular forma de expresión. Fue un amigo fiel.
Conté con su dirección espiritual en toda la época del colegio. Conocí su dimensión trascendente y su ejemplar espíritu ignaciano.
Todo tenía valor significativo cuando se trataba de comprometer los recursos de la Compañía de Jesús. Cuidó con especial esmero el patrimonio que se le encomendó y para sí solo vivió con lo estrictamente necesario.
Siempre estuvo atento a la voz del Señor encarnada en sus superiores, a quienes siempre se refirió con especial respeto. Este comportamiento es ejemplar, conociendo la personalidad del P. Hernán, como hombre crítico e inconforme, cuando no observaba coherencia o no se practicaban los principios, aún en lo leve, del espíritu de los amigos de Jesús.
El P. Hernán marcó mi vida; en él conocí al sacerdote íntegro y al profesional sin límites de tiempo y compromiso en la realización de sus tareas. Solo basta recordar en el Colegio San Ignacio su celo por las actividades académicas; los profesores eran cualificados y exigidos, siempre contaron con un jefe y un amigo cercano, y en consecuencia lo respetaron y quisieron. Cuando llegábamos al colegio, a primera hora, ya el P. Mejía llevaba tres horas de recorrido, en atención a su vida espiritual y a la actualización en todas las noticias transmitidas por la radio y a través de la prensa escrita. Buscaba siempre la relación del suceso con los jesuitas, sus alumnos o exalumnos y de inmediato se hacía presente en las comunidades o en las familias.
Mantuve una relación muy cercana con el P. Hernán, ya que fuí campanero del colegio por varios años y, paso a paso, me correspondió vivir los detalles de la vida del Padre Prefecto que, en esa época, era el Director Académico, el responsable de la disciplina, formador en valores, principios, civismo y compromiso social; además de actuar como gerente, con énfasis en lo económico, y ser el motor, así parezca extraño por su manera de ser, en las actividades sociales y de esparcimiento; las fiestas y los reinados, los viajes aún al exterior, el trabajo en los barrios populares y en los diferentes grupos y asociaciones influyeron en todos los Ignacianos que vivimos bajo su dirección.
El P. Mejía me dio la oportunidad de trabajar en el colegio en la financiación de la Revista Juventud Ignaciana, del Periódico El Globo, de las tribunas para las canchas deportivas, del coliseo, la tienda del colegio y en fin, en todo lo que requiriera el concurso y aporte del sector privado. En el manejo del dinero y en la interventoría de todos los trabajos fue ejemplar y con la más alta exigencia. Siempre la equidad y el reconocimiento estuvieron constantes en su vida; todos los colaboradores en la respectiva cadena de valor recibieron su pago. Al recibir el diploma de Bachiller en 1967 agradeció mi labor cuando expresó “Gracias a mi secretario”.
Este fue un sacerdote que amó sin límites y siempre lo acompañaron signos de las obras por donde pasó. Recuerdo al Colegio San Bartolomé, al San José de Barranquilla, Asia Ignaciana, a su Colegio San Ignacio por supuesto y a la Casa de Ejercicios Loyola.
Llega a mi mente un recuerdo especial, cuando disfrutando de mis vacaciones con mi familia en una finca en Támesis -a dos horas y media de Medellín- vine únicamente a participar en una asamblea de Asia Ignaciana. Así era el grado de compromiso y sentido de pertenencia que siempre inculcó y dio ejemplo el P. Mejía.
Cuando uno se refiere a este sacerdote, encuentra el aprecio y el reconocimiento por la formación y por su labor. Aparece de inmediato la marcada exigencia y el respeto por la autoridad. El P. Mejía fue un hombre de carácter, simple y práctico hasta el extremo; aprendí de él que al trasegar por la vida el hombre encuentra a Dios en los demás y en todas las actividades laborales, culturales, familiares y sociales.
La vida del P. Hernán deja una marcada y positiva huella y somos muchos los que de él recibimos un patrimonio duradero y valioso, por lo cual agradecemos al Señor y a la Compañía de Jesús por habernos permitido ser sus discípulos y amigos. Hasta el último momento nos edificó con su disponibilidad y el ofrecimiento de su dolor a Dios y a la Virgen María.
El P. Luis Guillermo Vélez Escobar, SJ., en la celebración de la Eucaristía con el cuerpo presente del P. Mejía, se distinguió por sus palabras, las cuales fueron precisas e indicadas en orden a reconocerle sus méritos a este buen sacerdote.
Los detalles y experiencias sobre el P. Hernán, a los cuales hago referencia, espero que sirvan para recordarnos que la vida tiene sentido cuando se es capaz de encontrar a Dios en todos los seres humanos y en las acciones cotidianas.
Cordialmente,
Héctor Arango Gaviria
XIII Congreso Latinoamericano de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesústc "XIII Congreso Latinoamericano de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesús"
Peter Hans Kolvenbach, SJ., Prepósito General de la Compañía de Jesús. Caracas, 9 al 11 de Septiembre de 2004
Al iniciarse el “XIII Congreso Latinoamericano de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesús”, quiero en primer lugar agradecerles la oportunidad que me han ofrecido para saludarles cordialmente y poder compartir con ustedes una breve reflexión.
Les felicito por la realización de este Congreso, con el que demuestran su constante decisión de unirse, organizarse y servir a la Iglesia en los países y comunidades que ustedes representan.
Han elegido un tema de extraordinaria importancia y urgencia, y lo presentan con un enunciado, que refleja su deseo de seguir trabajando activamente en el servicio a los demás y especialmente a los pobres: “Activando el Compromiso Personal y Social para la Superación de la pobreza”. Todas y cada una de las palabras de este título responden expresivamente a características fundamentales de la espiritualidad ignaciana: “Acción”, “Compromiso personal y social”, “Superación” y “opción por los pobres” y además ustedes corroboran este espíritu con el lema que han puesto como emblema en el frontispicio de este Congreso: “Todo hombre es mi hermano”. Evocan así el espíritu de apertura y universalidad, de solidaridad y fraternidad, de fe y de esperanza en el deseo de constituir la familia de los hijos de Dios nuestro Padre.
Al leer detenidamente el programa del Congreso, observo con satisfacción que ustedes han puesto su mirada en la tarea más que en el diagnóstico, más en los escenarios en los que ustedes quieren estar presentes e intervenir, que en las dificultades y gravedad de los problemas. Efectivamente, más que la comprensión de la necesidad de superar los problemas, lo que motivará y nos animará a comprometernos, será la visión compartida del futuro inmediato y remoto que queremos construir. Como Cristo, debemos ver en el presente la mies que hay para recoger y los obreros que necesitamos para ello (Mt 9,37).
Ustedes han sido llamados a sembrar y recoger fruto en la viña del Señor (Mt 20,8) desde el bautismo, y han sido confirmados en esa misión evangelizadora cuando Dios, por medio de sus padres, les dio la oportunidad de formarse y ser parte de la gran comunidad de alumnos y antiguos alumnos de las instituciones educativas de la Compañía de Jesús. Ahora la viña del Señor les necesita y les convoca porque -para decirlo con expresiones de la parábola evangélica- hay viñadores ladrones y asesinos (Mt 21,33-45), que expolian, empobrecen la viña y matan a los enviados e hijos de Dios. El Señor les está invitando a que vayan a trabajar en su viña para que se haga justicia y “produzca sus frutos” (Mt 21,45).
Algunos pudieran pensar que la parábola de la viña es una hipérbole que dramatiza exageradamente la situación, pero la verdad es que la violencia, el abuso de poder, las guerras radicalmente injustificadas e injustas, la filosofía económica y la economía vigentes, la corrupción, la inequidad en la redistribución del Bien Común, las múltiples formas de injusticias que padecen nuestros pueblos, engendran tantos y tan dolorosos dramas como los narrados en esta profética parábola. Cristo mismo, como el hijo del propietario en la parábola, también sigue siendo crucificado en cada uno de sus miembros vivos, nuestros hermanos pobres y empobrecidos, que padecen las lacerantes consecuencias de la pobreza impuesta.
Poco a poco crece en todos los medios sociales la toma de conciencia de la amarga realidad de la pobreza. En algunos casos, como en el de ustedes, porque ha crecido la sensibilidad ante el sufrimiento de los demás; en todos, porque paradójicamente, en un mundo que cada día tiene más riquezas y más recursos de poder, aumenta constantemente el número de los pobres y las dimensiones radicales de la pobreza: hay más pobres y los pobres tienen cada día mayor pobreza.
La Iglesia latinoamericana levantó su voz de alerta ya en Medellín (1968) al reclamar la atención a los problemas vitales de los pobres y a las causas estructurales de la pobreza. Y años después, en Puebla (1979) y en Santo Domingo (1992) no dudó en urgir a todos la opción preferencial por los pobres. Y Juan Pablo II en sus 25 años de Pontificado ha repetido con insistencia, lo que tan explícitamente nos ha recordado en su programática Encíclica “Tertio Millennio Adveniente” (n51).
La misma inquietud y preferencia se ha extendido progresivamente con mayor vigor entre las comunidades de vida religiosa y se ha convertido en tema recurrente en las homilías y catequesis parroquiales, así como en preocupación y tarea prioritaria también en las comunidades eclesiales de base, en los movimientos laicos, en organizaciones no gubernamentales y otras agrupaciones del pueblo (barrios, sindicatos, campesinos, etc.), igual que en otros sectores profesionales de la sociedad, como sociólogos, psicólogos sociales, economistas, educadores, novelistas, dramaturgos, poetas, intelectuales y artistas que analizan y describen el sinsentido de tanta pobreza, tanta desigualdad, de tanta injusticia y sufrimiento humano.
Incluso otros grupos de la sociedad, menos abiertos y sensibles a los problemas sociales, empiezan a darse cuenta que esta hiriente situación, también les afecta a ellos como una amenaza a la seguridad de sus bienes y de ellos mismos, incluso a su salud, porque resurgen enfermedades y epidemias que ya habían sido colectivamente superadas, a la armonía social y hasta a la estabilidad entre naciones y la paz.
Pero esta toma de conciencia del crecimiento persistente del número de pobres en el mundo, y de las graves consecuencias que la pobreza trae para todos no ha logrado cambiar las cosas. Hasta los organismos internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la UNICEF, la FAO y otros denuncian la gravedad de la situación y el drama y el desequilibrio amenazantes a los que la humanidad está abocada.
Es necesario reaccionar, actualizar y reactivar los compromisos. Dios quiere la justicia, la solidaridad y la fraternidad entre todos sus hijos. Cristo nos ha propuesto como programa personal y social las antinómicas bienaventuranzas. Él mismo con su vida y su palabra, con su inequívoca opción por los pobres, nos ha enseñado el camino. “Denles ustedes de comer” (Mt 14,16), dijo a sus discípulos ante la muchedumbre cansada, sin recursos y hambrienta.
La pobreza es un problema muy complejo, con dimensiones culturales, morales, económicas, sociales, políticas y religiosas, que no se resuelve solamente con buenas ideas, buenos sentimientos y buenas intenciones. Sus causas son múltiples y tienen sus raíces en visiones del hombre y del mundo, en conceptos de vida y felicidad, actitudes, comportamientos, estructuras y procesos muy difíciles de reformar. Pero no olvidemos que la pobreza es un producto humano, que los humanos hemos creado y que los humanos podemos y debemos superar. Por eso les felicito, porque ustedes han venido aquí a “superarlo”.
No pierdan el tiempo en este Congreso con meros discursos y buenos propósitos. La complejidad del problema de la pobreza y el deseo de superarla requieren, como ustedes dicen en el temario de este encuentro, “activar el compromiso personal y social”. Activar significa no sólo poner en acción, también acelerarla. Compromiso significa decisión irrevocable de “poner las manos en el arado y no mirar hacia atrás” (Lc 9,62).
Ni la acción ni el compromiso tienen validez improvisando, tanto más cuanto que se trata de una acción y un compromiso contraculturales y que deberán ser afrontados comunitariamente en una asociación, la que ustedes constituyen, que aún teniendo el mismo espíritu y las mismas raíces, es naturalmente pluralista, internacional y pluricultural.
El título de este Congreso levanta una serie de preguntas fundamentales: ¿Qué clases de compromisos personales y sociales hay que activar? ¿Con quiénes religamos estos compromisos, dónde y cómo están definidos e integrados? ¿Qué significa en concreto superar la pobreza? ¿Cómo se puede superar la pobreza de tantos millones de pobres? ¿Cómo secar las fuentes envenenadas que hacen crecer más y más la pobreza en el mundo?
Sin duda que buscar la respuesta a preguntas como estas es parte de este importante Congreso. Con el interés que ustedes demuestran al proponerse este objetivo y venir todos hasta aquí para alcanzarlo, está garantizada la calidad de su dedicación y la esperanza de una buena respuesta. No vuelvan a sus respectivos países y hogares solamente informados y motivados, pero con las manos vacías y sin los compromisos definidos y consolidados.
Hace seis años (1998), precisamente aquí en Venezuela, tuve la oportunidad de reflexionar con los participantes de una importante Semana Social, organizada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y entonces dije que para superar la pobreza hay que redimensionar lo que existe. Es decir, que los que tienen, tienen que dar lugar a los pobres.
Este es el nudo de la cuestión: que muchos no están dispuestos a dar nada de sí. Es obvio que no estamos proponiendo sólo ni principalmente, dar cosas, sino cambiar las reglas de juego y la dirección global. Dar lugar es dar, es algo activo, no es meramente dejar campo libre a otro. Dar lugar a los pobres significa un reajuste estructural tan profundo que equivale a configurar una nueva figura histórica.
El Papa propone que el mundo desarrollado mire este horizonte de superación de la pobreza como una oportunidad histórica para poner en marcha y encauzar sus energías más positivas, incluso para suscitar una dosis de creatividad inédita hasta hoy.
Pero ponerse en trance de superar la pobreza implica renunciar a muchos elementos del actual sistema del bienestar. Renunciar ante todo a ese consumismo frenético que no deja espacio mental para empresas de más largo alcance y poner coto a la sed ilimitada de riqueza y poder.
Es hora de construir esa “nueva figura histórica”, siendo plenamente conscientes de que esta opción por los pobres es objetiva y subjetivamente contradictoria con la opción de la figura histórica vigente, que implica una opción por excluirlos.
La empresa es grande, difícil, compleja, pero ustedes pueden contribuir seriamente a que en América Latina se realice el proyecto de Dios.
Ustedes son millones de Antiguos Alumnos que por sí mismos y por sus incontables y valiosas relaciones tienen los “talentos” necesarios para emprender seriamente esta tarea. Es cierto que la pobreza es un problema global, además de local, social y personal; es cierto que sus causas no dependen de la voluntad de ustedes. Pero también es cierto que unidos, movidos por la fe y la fidelidad a Cristo que les envía a esta misión para construir el Reino y con la gracia de Dios, contarán con recursos materiales, humanos y evangélicos que pueden “mover montañas” (Mt 17,20). Ustedes pueden contribuir, deben contribuir solidariamente, organizadamente a la superación de la pobreza.
Ustedes son profesionales y empresarios con capacidad de analizar, diagnosticar y reflexionar, de buscar y unir recursos y esfuerzos, de asociarse en emprendimientos sociales comunes, de investigar causas y explorar modos de resolver problemas. Están además en relación con otras muchas personas e instituciones, repartidas por todo el mundo que desean lo mismo que ustedes: “la superación de la pobreza”.
Cuentan también con los mismos beneficiarios de su acción social evangelizadora, con los pobres, los que están abatidos en la miseria, los que están esperando en la marginación de los caminos del mundo que algún buen samaritano se detenga conmovido ante su dolor; les eche una mano, ponga su tiempo, sus medios y su generosidad, para sacarles de la postración a que les han sometido los bandidos y asaltantes de nuestros pueblos (Lc 10,25-37). E incluso cuentan con los pobres organizados que quieren participar en los trabajos de su liberación.
Para realizar el proyecto de Dios, ustedes, como arquitectos del Reino, expertos profesionales y empresarios, van a medir sus fuerzas (Lc 14,28), pensar con qué medios cuentan, convertir sus ideas y deseos en proyectos, sus proyectos en planes y acciones y con ellas lograr levantar el edificio de la superación de la pobreza, hasta conseguir una América Latina restaurada, justa, verdaderamente solidaria y fraternal.
El beneficio de esta empresa será de todos. Prioritariamente de los pobres, simultáneamente de todos. La opción por los pobres da vida, humaniza y salva a quien la hace. Esa persona recobra la vida precisamente porque la entrega (Mc 8,35).
Porque es beneficio para todos, este proyecto que se proponen sacar adelante del Congreso es también de máximo interés para la Iglesia y para la Compañía de Jesús, donde encontrarán también apoyo y acompañamiento. Precisamente los directores, profesores e instituciones educativas en las que ustedes se formaron han emprendido un itinerario semejante, han hecho la opción por los pobres, ensayan distintas formas de actualizar la educación para dar respuesta a grandes problemas y en concreto al de la superación de la pobreza y se han integrado como un solo cuerpo, preparando proyectos comunes en torno a la pedagogía ignaciana para el cambio social.
Únanse entre ustedes y, al organizarse como Antiguos Alumnos para afrontar el proyecto, busquen formas de unión y cooperación con las instituciones educativas en las que recibieron la formación integral en “virtud y letras”, en competencias humanas, en la fe y en la justicia que se desprende de la fe.
El proyecto de Dios no se puede hacer sin Dios. No se puede hacer sin Cristo que es el Camino (Jn 14,6). Él nos ha dicho que no nos dejará huérfanos (Jn. 14,18) y nos ha prevenido que este tipo de emprendimientos no se logra sin Él. Lo dijo muy claro según el texto de San Juan: “Sin mí nada pueden hacer” (Jn. 15,5). Al acercamos a los pobres, nos acercamos al Señor, que quiso estar con los pobres y abandonados de la tierra. Ellos son, con palabras de San Ignacio, “amigos del Señor” .
Le pido a Dios, que es Padre de todos, que por medio de Jesús nos ha revelado su opción preferencial por los pobres, que les bendiga a todos ustedes y que bendiga todos los trabajos de este importante y esperanzador Congreso, para que con la luz de su Espíritu contribuyan a restaurar la justicia y construir su Reino.
Planear la Pastoraltc "Planear la Pastoral"
Por: P. Francisco Niño Súa. Tomado de Revista «Sin Fronteras». No. 270, Septiembre 2004. «Escucho hablar cada rato de «planeación pastoral». Algunos amigos míos no están de acuerdo y consideran que es una pérdida de tiempo...» (Juan R. - Antioquia).
Prejuicios y experiencias negativas, en ocasiones «vacunan» contra la planeación pastoral. También influyen elementos de nuestra cultura, a veces demasiado inmediatista y pragmática. Pero nadie puede negar que la inmensa mayoría de cosas, para que salgan bien, necesitan planeación. El mundo moderno, más organizado, sistemático y preciso, exige planear los trabajos, los estudios, las vacaciones y hasta las emergencias. Existen planes de gobierno, planes de combate, planos de obra, planes de acción, etc.
De la misma manera, la pastoral de la Iglesia debe ser planeada y organizada, pues el Señor no envió a sus discípulos a producir un fruto cualquiera sino el mejor de todos (cfr. Jn. 15, 16). Es eso lo que ha hecho la Iglesia a lo largo de su historia y eso es lo que está llamada a hacer en cada contexto y en cada momento, pues los tiempos cambian y la pastoral debe ajustarse a las nuevas realidades; en tal sentido, ya hace casi 30 años el Papa Pablo VI afirmaba que «las condiciones de la sociedad nos obligan a todos a revisar los métodos y a estudiar por todos los medios a nuestro alcance, cómo hacer llegar al hombre moderno el mensaje cristiano» (Evangelii Nuntiandi 3). Eso es lo que se denomina «planea-ción pastoral».
Muchos consideran que dicho proceso es difícil, complicado, de estériles discusiones y de pocos frutos; otros opinan que se trata de «una moda», tan pasajera como inútil; algunos más piensan que se trata sólo de «la goma» o el «hobby» de unos cuantos especialistas; pero los más duros opositores de la planeación son los que simplemente no dicen nada y se contentan con seguir haciendo las cosas «que siempre se han hecho» y que no escuchan las razones para cambiar «lo que siempre ha funcionado»; hay quienes incluso afirman que si es Dios quien actúa en la Iglesia, «la planeación atenta contra la Gracia».
En realidad, Dios mismo ha forjado un Plan de salvación para la humanidad y lo ha desarrollado con la ayuda de los hombres.
Hoy más que nunca, ante los numerosos y graves problemas evangelizadores, se requiere una pastoral debidamente planeada, dedicada y responsable, que ayude a determinar los objetivos evangelizadores y a estructurar los medios para alcanzarlos.
En el mismo proceso de planear, en el diálogo y la interacción, los creyentes construyen comunidad y además ayudan a descubrir nuevos caminos para que la Iglesia sea más fiel a Jesús y cumpla mejor la misión que Él le confió.
Se trata de una buena oportunidad para invitar al sacerdote a evaluar, para acompañarlo en dicho esfuerzo y para vincular a otros miembros de la comunidad a integrarse en un proceso que puede desembocar en una oportunidad de crecimiento.
Situaciones como la descrita son más frecuentes de lo que puede imaginarse. En todos los espacios e instituciones eclesiales, suele encontrarse mucha generosidad y sacrificio. Innumerables laicos, presbíteros y religiosos se desgastan en mil ocupaciones que hacen recordar la llamada de atención de Jesús frente al activismo (cfr. Le 10, 4142), y que hacen surgir la pregunta de si tanto esfuerzo produce el fruto que debiera. A veces también se observa que acciones bien intencionadas, que no han sido debidamente planeadas, pueden producir efectos inesperados y hasta dañinos. En el campo pastoral, por ejemplo, el cambio por el cambio no tiene sentido.
Llegar a «cambiarlo todo» en una comunidad eclesial no sólo puede significar irrespetar el proceso precedente, sino que puede incluso violentar y alejar a las personas.
Aunque a veces sea difícil, se requiere siempre planear la pastoral: Cada minuto gastado en la reflexión puede equivaler a horas de trabajo inútil. Planear significa escuchar a las personas, conocer la historia, descubrir los abismos que median entre lo que somos y lo que debiéramos ‘ser, discernir en común las decisiones que deben ser tomadas, motivar a las personas para actuar en forma eficiente y coordinada, generar una actitud de constante evaluación, y vivir un proceso de comunión verdaderamente eclesial.
Además, la planeación no puede ser realizada sólo por la cabeza de las comunidades, pues aunque los líderes dictatoriales pueden lograr implementar innovaciones inmediatas, los cambios realizados suelen ser efímeros. Al igual que en las dinámicas sociales los cambios que verdaderamente producen fruto y perduran en el tiempo son los que se gestan desde la base, en el campo eclesial se exige la participación de todos los creyentes. Los pastores no pueden apoyarse sólo en su carisma o autoridad para tomar decisiones, ni pueden actuar o pensar por sus fieles, sino que en la Iglesia se requiere la vinculación activa de todos. Cada uno de los bautizados debe sentirse partícipe y ser protagonista de los procesos de planeación, expresando con sinceridad y profetismo aquello que cree que es necesario cambiar en la Iglesia, asumiendo con coherencia y radicalidad los compromisos y las acciones que permitan enfrentar los problemas, superar los obstáculos y en definitiva, hacer cada día más visible el Reino de Dios en el mundo.
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| JP08/11/04 | |||
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