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Noticias de la Provincia

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Enero, 2005


EDITORIAL

 

Lo que está en juego es la Misión de la Iglesia

La creciente importancia que el laicado viene teniendo en nuestras obras no es apenas consecuencia de la disminución del número de jesuitas y de la expansión de nuestra obra apostólica. Es consecuencia de lo que el Vaticano II nos dijo acerca del laicado: que, como creyentes y bautizados, participan de la misión de la Iglesia (Lumen Gentium, 30-38).

Por eso, la Compañía quiere ser servidora de la misión de los laicos en la Iglesia (C.G. 34, dec. 13, 1), a la vez que reconoce que el laicado representa una verdadera Gracia para las obras de la Iglesia y de la Compañía, beneficiándolas con sus aportes y su testimonio de vida. En verdad, muchos hombres y mujeres, de diferentes estratos sociales de todas las regiones de Colombia, con su testimonio de fe y su compromiso en nuestras obras nos han edificado, siendo signos vivos de la acción de Dios.

Mal haríamos en no reconocer que esta colaboración y ayuda mutua, en la que los jesuitas aprendemos de los laicos, y simultáneamente, ellos se forman en espiritualidad ignaciana y reciben nuestra confianza al asumir cargos directivos, es lento, difícil y no carece de contratiempos.

Como jesuitas sabemos que fueron acertadas y realistas las palabras iniciales del Decreto 2 de la C.G. 32: “Qué significa ser jesuita? Reconocer que uno es pecador, y, sin embargo, llamado a ser compañero de Jesús, como lo fue San Ignacio”. Si esto lo reconocemos a diario en nosotros mismos ¿cómo no considerarlo también posible en el caso del laicado, a cuyo servicio estamos?

Es innegable que, en ocasiones, nuestra fragilidad humana, como religiosos, ha sido motivo de escándalo entre nuestros colaboradores laicos. Pero, a pesar de nuestro pecado y de nuestras limitaciones, muchos han creído y creen en nosotros, confiándonos sus penas, la educación de sus hijos o la orientación de sus vidas.

Las dificultades y tropiezos experimentados en nuestra colaboración con los laicos en la misión, especialmente cuando participan en la dirección de nuestras obras, no pueden desanimarnos. Debemos seguir creyendo en el laicado, por iguales razones por las que el laicado sigue creyendo en nosotros. En verdad, juntos compartimos la fragilidad, la tentación, el pecado y experimentamos la cercanía misericordiosa de Dios.

La importancia del laicado en la Iglesia y en las obras de la Compañía no se puede empequeñecer por las experiencias negativas de carácter particular. Lo que está en juego no son los casos personales. Es la misión de la Iglesia y la Gracia que Dios le concede a ésta y al mundo, a través del laicado, para salvar la historia humana del pecado, la injusticia y la violencia y construir una vida reconciliada en el amor, la justicia y la paz.

Por eso ante escándalos y errores que puedan presentarse debemos seguir formando hombres y mujeres que, compartiendo con nosotros el pecado y la fragilidad humanas, se hagan también partícipes de la Gracia redentora de Dios, a la manera de Ignacio. Privarse de la colaboración laical es cerrarse a la Gracia que Dios ofrece a través su vida y trabajo.


Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial



JP131204
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