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Noticias de la Provincia Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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11ª.
Asamblea de la Conferencia de Provinciales de América Latina,
CPAL
Tres
aspectos me dejan profundamente impactado de esta Asamblea.
Quiero compartirlos con la Provincia para que también ustedes
vivan la fuerza del Espíritu del Señor que palpamos todos
los participantes en ella. Estos
tres puntos, a mi juicio, son un vigoroso llamado a nuestra
renovación espiritual y apostólica. Renovación interior,
para fortalecer nuestra comunión con el Señor y su suerte, y
revitalización de nuestra condición de apóstoles, es decir,
de hombres que se entienden y viven como servidores del
Evangelio en la Compañía de Jesús. Apóstoles, en el hoy de
la historia del mundo y de la Compañía de Jesús, asumiendo
los cambios que
ésta nos demanda, en nuestra manera de pensar y, sobre todo,
de actuar. Lo
primero: es el llamado a una cambio radical en nuestra manera
de vincularnos a la misión.
Hoy estamos urgidos a vivir la dimensión universal de
nuestra misión en la Compañía.
Se nos pide recordar y vivir que, para San Ignacio, el bien
mientras más universal es más divino.
Y aunque entramos a la Compañía en una Provincia,
somos para servir a la misión universal de la Compañía.
Debemos pues ganar una mirada más amplia que nos
permita pensar más allá de nuestra obra, de nuestra región,
de nuestra comunidad, o incluso, más allá de las necesidades
de la Provincia, para pensar en las necesidades de la Compañía
Universal. En el
actual proceso de globalización, la Compañía de Jesús
siente la urgencia de avivar su dimensión de universalidad
para responder más adecuadamente a las necesidades de la misión
hoy. Lo
segundo: en el acelerado y progresivo proceso de globalización,
la Compañía de Jesús quiere reafirmar su compromiso con la
fe y la justicia.
Se siente la urgencia de fortalecer el servicio a los
empobrecidos del mundo que van siendo, cada vez más, la mayoría
en nuestras sociedades y en todo el planeta. La novedad aquí,
sin embargo, es la siguiente: desde la C.G. 32 se ha trabajado
con decisión en la línea de la defensa de la fe y la promoción
de la justicia que esta fe exige. Sin embargo, hoy se siente
la necesidad de explicitar mejor y de modo más nítido la fe
que mueve al trabajo por la Justicia. La Compañía debe dejar
en claro su trabajo evangelizador, su vivencia de la fe y del
Evangelio, significando más claramente que es desde allí que
brota su compromiso con los pobres, con la justicia y con la
solidaridad en el mundo. Lo
tercero: el 23 de octubre será canonizado el P. Alberto
Hurtado, jesuita chileno, que murió a los 50 años de edad y
que vivió en la primera mitad del siglo XX.
Su impacto en la Iglesia y la sociedad chilena es de una
importancia sin par. Impresionan su amor por Jesucristo, su
incontrovertible compromiso evangélico, su visión social, su
capacidad para descubrir a Cristo en los pobres y su entrega
cotidiana hasta el agotamiento.
Su figura cuestiona de raíz la forma como vivimos
nuestra vocación. Ante
su testimonio, la palidez de nuestra entrega al Señor es
evidente. Es comprensible que sólo un jesuita de tal magnitud
haya atraído, y siga atrayendo, a muchos jóvenes al
sacerdocio y a la vida religiosa.
En pocos años de ministerio, su testimonio fue de tal
significación, que hoy trasciende las fronteras de su país y
es ejemplo para la Iglesia. ¿La situación de Colombia y nuestra vocación no reclaman
una respuesta semejante?
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