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Noticias de la Provincia

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Abril, 2005


EDITORIAL

11ª. Asamblea de la Conferencia de Provinciales de América Latina, CPAL

Tres aspectos me dejan profundamente impactado de esta Asamblea. Quiero compartirlos con la Provincia para que también ustedes vivan la fuerza del Espíritu del Señor que palpamos todos los participantes en ella.

Estos tres puntos, a mi juicio, son un vigoroso llamado a nuestra renovación espiritual y apostólica. Renovación interior, para fortalecer nuestra comunión con el Señor y su suerte, y revitalización de nuestra condición de apóstoles, es decir, de hombres que se entienden y viven como servidores del Evangelio en la Compañía de Jesús. Apóstoles, en el hoy de la historia del mundo y de la Compañía de Jesús, asumiendo los  cambios que ésta nos demanda, en nuestra manera de pensar y, sobre todo, de actuar.

Lo primero: es el llamado a una cambio radical en nuestra manera de vincularnos a la misión.  Hoy estamos urgidos a vivir la dimensión universal de nuestra misión en la Compañía. Se nos pide recordar y vivir que, para San Ignacio, el bien mientras más universal es más divino.  Y aunque entramos a la Compañía en una Provincia, somos para servir a la misión universal de la Compañía.  Debemos pues ganar una mirada más amplia que nos permita pensar más allá de nuestra obra, de nuestra región, de nuestra comunidad, o incluso, más allá de las necesidades de la Provincia, para pensar en las necesidades de la Compañía Universal.  En el actual proceso de globalización, la Compañía de Jesús siente la urgencia de avivar su dimensión de universalidad para responder más adecuadamente a las necesidades de la misión hoy.

Lo segundo: en el acelerado y progresivo proceso de globalización, la Compañía de Jesús quiere reafirmar su compromiso con la fe y la justicia. Se siente la urgencia de fortalecer el servicio a los empobrecidos del mundo que van siendo, cada vez más, la mayoría en nuestras sociedades y en todo el planeta. La novedad aquí, sin embargo, es la siguiente: desde la C.G. 32 se ha trabajado con decisión en la línea de la defensa de la fe y la promoción de la justicia que esta fe exige. Sin embargo, hoy se siente la necesidad de explicitar mejor y de modo más nítido la fe que mueve al trabajo por la Justicia. La Compañía debe dejar en claro su trabajo evangelizador, su vivencia de la fe y del Evangelio, significando más claramente que es desde allí que brota su compromiso con los pobres, con la justicia y con la solidaridad en el mundo.

Lo tercero: el 23 de octubre será canonizado el P. Alberto Hurtado, jesuita chileno, que murió a los 50 años de edad y que vivió en la primera mitad del siglo XX. Su impacto en la Iglesia y la sociedad chilena es de una importancia sin par. Impresionan su amor por Jesucristo, su incontrovertible compromiso evangélico, su visión social, su capacidad para descubrir a Cristo en los pobres y su entrega cotidiana hasta el agotamiento.  Su figura cuestiona de raíz la forma como vivimos nuestra vocación.  Ante su testimonio, la palidez de nuestra entrega al Señor es evidente. Es comprensible que sólo un jesuita de tal magnitud haya atraído, y siga atrayendo, a muchos jóvenes al sacerdocio y a la vida religiosa.  En pocos años de ministerio, su testimonio fue de tal significación, que hoy trasciende las fronteras de su país y es ejemplo para la Iglesia.  ¿La situación de Colombia y nuestra vocación no reclaman una respuesta semejante?


Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial



JP090405
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