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Noticias del Mes

 

Abril, 2005

 

 

BENEDICTO XVI

Álvaro Vélez, S.J.

Esta última semana, ha sido algo muy especial y fuera de serie, en múltiples sentidos, y eso que, como me dicen, lo de la última semana fue muy poco, comparado con la imponderable e imprevisible afluencia y desplazamiento de gente con ocasión de la agonía, la muerte y las exequias de Juan Pablo II, algo que superó todos los pronósticos. La prensa hablada, televisiva y escrita, indica que en abril han pasado 5 millones de turistas por Roma. Esta ciudad, que sabe manejar multitudes y ser paciente con los turistas, ha sido un verdadero hervidero de gente, de todos los colores, pelambres, modas e idiomas imaginables. Los últimos cinco días salí a dar vueltas por la ciudad, para ver gente y caminar, recorriendo los sitios más concurridos: Plaza de San Pedro, Plaza Risorgimento, Plaza del Popolo, Plaza de España y Trinidad del Monte, Fontana de Trevi, Vía del Corzo, Rotonda o altar de la Patria, Plaza Navona. Cada caminata era de 75-90 minutos, disfrutando el panorama y el colorido. La noche de la elección, se llenó toda la Plaza de San Pedro, la Vía de la Conciliación y las vías aledañas; por la casa nuestra pasaban tumultos incontenibles de gente, pero todo en medio de un gran orden.

Desde el pasado sábado por la tarde cerraron las vías para entrar y salir, dejando solo un corredor para la gente VIP. Los negocios de comidas rápidas y de ventas de toda clase de recuerdos hicieron su agosto. Hubo momentos en los que casi no se podía ni caminar, y tenía uno que dejarse llevar del gentío. Para ir de una parte a otra, muchos tuvieron que recurrir al método más antiguo, caminar, caminar y seguir caminando. Ha sido una experiencia única, que solo se vive muy pocas veces.

Luego de un papado muy prolongado, como el de Juan Pablo II, 26 años, que ha marcado tanto con su manera de ser, sus escritos y sus enseñanzas, no es bueno hacer muchas comparaciones, ni es fácil seguirle los pasos. Elegir a una persona muy mayor, como el caso de Juan XXIII en 1958 y ahora Benedicto XVI, hace pensar que no va a durar tantos años, de ahí que la prensa hable de «Papa de transición». Pero sorpresas nos trae la vida. Nadie hubiera esperado de un viejito, como Juan XXIII, que revolucionara tanto la Iglesia como lo hizo él convocando el Concilio Vaticano II.

Benedicto XVI es el Papa que el Señor ha escogido para su Iglesia a través de los votos de los cardenales. No he tenido aún oportunidad de verlo de cerca, mucho menos de saludarlo personalmente. Su actitud ha sido una sorpresa para muchos y ha tenido manifestaciones de espontaneidad, sencillez y cercanía con la gente que han gustado mucho. Yo creo que será un muy buen Papa y sigo pensando en la acción del Espíritu Santo sobre la Iglesia. El ha pedido y necesita nuestra oración. No está bien ser tan ingenuos para aceptar y creer todo lo que se imaginan los que escriben para la prensa hablada, escrita y televisiva. También hay que dejarle al nuevo Papa irse acomodando a su nuevo rol. De todos modos, es alguien muy preparado, muy competente intelectualmente, que conoce como ninguno la iglesia desde dentro y que ha dado muestras claras de concebir su papel a la luz de la fé y la esperanza cristianas.

Aquí en la casa hemos tenido de huéspedes después del Conclave a los Cardenales jesuitas Martini y el de Indonesia, así como a los mayores de 80, los de Zambia, Taiwan,  Eslovaquia, Dulles de USA. Llama la atención en todos ellos su descomplicación y sencillez, comportándose como uno de tantos jesuitas. A todos tuve ocasión de saludarlos y, como es de suponer, no se habló nada del Conclave. Los otros 3 cardenales jesuitas no estuvieron por acá, Bergoglio porque no viene y otros dos porque viven en Roma.

«Benedicto XVI nos va a sorprender»

ENTREVISTA A: Cardenal CARLO MARIA MARTINI, Arzobispo emérito de Milán.

EL PAIS 27 de abril de 2005

GIULIO ANSELMI / DARIO CRESTO-DINA.- «La diversidad nos une», afirma el cardenal Carlo Maria Martini. «En la diversidad, enseña el evangelio, encontramos a nuestro hermano más amado». Martini, de 78 años, parte de esta frase para hablar del nuevo Papa, para explicar el motivo por el que, después de que se le considerase el representante de los progresistas y antagonista del cardenal alemán, se ha convertido en el gran elector de Joseph Ratzinger. En esta entrevista, el arzobispo emérito de Milán, retirado a Jerusalén para profundizar sus estudios sobre la Biblia, habla por primera vez de Benedicto XVI. Sólo pone una condición: ninguna pregunta sobre el cónclave.

Tenemos nuevo Papa, al que se ha calificado de guerrero de la fe y hombre de los noes. Sin embargo, muchos nos aseguran que pronto nos va a sorprender, que va a distanciarse de su historia personal y doctrinal.

Va a ser así. Estoy seguro de que Benedicto XVI nos reserva sorpresas en relación con los estereotipos que se le han aplicado de forma un poco superficial.

¿Por qué?

Ante todo, porque siempre ha sido un hombre de gran humanidad, cortesía y gentileza, dispuesto a escuchar opiniones distintas a la suya. Pude experimentarlo durante los 10 años que fui miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por él. Como escribía el propio cardenal Ratzinger en una breve intervención para conmemorar mis 15 años de obispado: «Nadie se extrañará si digo que no siempre hemos compartido las mismas opiniones. Por temperamento y por formación, no hay duda de que somos muy distintos». Pero, después de recordar esa diferencia, terminaba: «En cualquier caso, estas dos posiciones no se excluyen en absoluto; antes al contrario, se integran y se completan entre sí. Es preciso que existan posturas y opiniones distintas para poder aproximarse desde diversos lados a la compleja tarea de la Iglesia en esta época y tratar de llevarla más o menos a cabo».

Se dice que una cosa es ser cardenal, y otra muy distinta, Papa. ¿Ocurrirá así con Ratzinger?

La segunda razón por la que debemos esperar sorpresas es que, como pude experimentar al pasar de la enseñanza a las responsabilidades pastorales, a un pastor le está constantemente reeducando su pueblo. Comparte todas sus angustias, sufrimientos, deseos y expectativas. Estoy convencido de que la gran responsabilidad que pesa sobre los hombros del nuevo Papa hará que sea cada vez más sensible a todos los problemas que perturban tanto a creyentes como a no creyentes, y eso nos abrirá, a nosotros y a él, unos caminos insólitos.

¿Cuándo le conoció y qué fue lo que más le impresionó de él?

Conocí realmente a Ratzinger en octubre de 1980, cuando, como obispo, participé por invitación del Papa en el Sínodo sobre la familia, del que él era relator. Recuerdo en concreto que una mañana, hacia el final del Sínodo, tenía que presentar el informe final. Habló con enorme humildad: «Hemos trabajado durante gran parte de la noche, pero, como no hemos conseguido redactar el texto, hemos decidido que era mejor irse a dormir; por eso no puedo presentaros lo que esperabais». Aquella sinceridad nos conmovió y aceptamos de buen grado el retraso.

Usted ha dicho de él: «La pasión por la verdad que ha mostrado tener en todos estos años Ratzinger pretende dar respuesta a la debilidad de lo posmoderno». Es una hermosa frase. Pero ¿cómo puede conciliarse esta imagen de Ratzinger con las tesis que mantiene usted y que, para simplificar, podríamos llamar progresistas?

Creo que la mejor explicación es la que dio el propio Ratzinger en el breve texto sobre mí que antes recordaba. Decía: «Mis primeras experiencias religiosas se remontan al periodo en el que Romano Guardini daba absoluta prioridad a la identidad cristiana, el Unterschedung des christlichen (así se titulaba una obra suya de 1935)». Después de describir un periodo de más pluralismo en la posguerra, Ratzinger proseguía: «Sin embargo, cuando, a partir de 1968, surgió el peligro de mezclar la escatología con la utopía y, por tanto, de reducir la fe a una praxis de transformación del mundo, volvió a ser necesario buscar el rasgo distintivo del cristianismo (Unterschedung des christlichen), no para encerrarlo entre los muros del gueto, sino para salvaguardar su dinamismo, que supera el tiempo y alcanza la eternidad». En este sentido, el Papa reconoce que mi experiencia en la formación de los sacerdotes procedentes de todos los continentes es de otro tipo: aquí se juntaban sobre todo distintas formas posibles de mediación, síntesis de gran envergadura; se trataba de investigar las posibilidades aún inexploradas de la realidad católica.

La buena conciencia y la competencia son cualidades que le atribuyó usted a Ratzinger en 1997. En estos aspectos ha dicho que es un modelo y un estímulo.

Como dice la primera carta a Timoteo, «la caridad mana de un corazón puro, una buena conciencia y una fe sincera». Y el nuevo Papa tiene estas tres fuentes de la caridad. Por otro lado, el culto a la competencia es natural en él por su formación de profesor alemán, que exige la información más amplia y sólida sobre cualquier tema que se vaya a abordar.

Hemos pasado de un Papa elegido a los 58 años a un Papa de 78. ¿Es una elección de transición?

Más que una elección de transición, es el deseo de tener, después de un pontificado largo, otro un poco más breve. Esta regla también se observó en el pasado.

La Iglesia se enfrenta a muchas cuestiones urgentes: ecumenismo, diálogo interreligioso, relaciones con el mundo moderno. ¿No existe el riesgo de que un exceso de rigidez agrave las fracturas y aumente las distancias?

Estoy seguro de que el nuevo Papa no va a ser rígido, sino que escuchará y reflexionará con libertad de sentimiento y apertura de mente. Por supuesto, como a todos nosotros, le preocupa el peligro de diluir el evangelio. Todos queremos un evangelio fuerte y valiente que, precisamente por serlo, no debería temer a lo nuevo.

 

Mes de Ejercicios

Apreciados hermanos y amigos.

Congregados en una amistad inspirada en el Señor y con un cariñoso saludo, les hacemos partícipes de la experiencia central de nuestro tiempo de noviciado: El mes de Ejercicios Espirituales de nuestro Santo Padre Ignacio. Experiencia que tendrá lugar del 18 de Mayo al 23 de Junio en la Casa San José. La Ceja - Antioquia y que será acompañada por nuestro padre Maestro, Iván Restrepo S.J.

En actitud de profundo agradecimiento y con nuestros mejores deseos, pedimos sus oraciones y con cariño les ofrecemos las nuestras.

Esta ocasión será el hito de ruptura de nuestra vida pasada y la nueva opción a la que hemos sido llamados, para crecer en amor y amistad hacia el Señor, dispuestos a su servicio en su Compañía.

Cordialmente Novicios de primer año y Maestro de Novicios.

Marcos Gutiérrez n.S.J.

Sergio Rey n.S.J.

Iván Pinzón n.S.J.

Augusto Quintero n.S.J.

Raúl Blanco n.S.J.

Mario Cuellar n.S.J.

David Lima n.S.J.

Diego Cristancho n.S.J.

Guillermo Munera n.S.J.

German Colmenares n.S.J.

Daniel Cabezas n.S.J.

Ramiro Guevara n.S.J.

Fernando López n.S.J.

Juan M. Pérez n.S.J.

Wilmer Segura n.S.J.


In memoriam+ FERNANDO VELÁSQUEZ, S.J.

Nació:                  26 de septiembre de 1911, Medellín (Belén), Antioquia.

Ingresó:               Chapinero, 24 de diciembre de 1927.

Votos:                  25 de diciembre de 1929.

Ordenación:         3 de diciembre de 1941.

Últimos Votos:     15 de agosto de 1945.

Murió:                  25 de abril de 2005.

Estudios

 Juniorado:              Chapinero 1930-1932.

Filosofía y Ciencias:     Chapinero 1933-1935.

Magisterio:             Santa Rosa, 1936. Cali, 1937-1938.

Teología:                Chapinero 1939-1942.

3ª Probación:         Santa Rosa, 1944.

 

Estudios Especiales

   Doctorado en Teología – Woodstock College (USA). 1945-1946.

   PHD Teología, Universidad La Salle, Bogotá. 1986.

Condecoraciones

   Cruz Javeriana.

Publicaciones

   El Santo Espíritu, CELAM. Bogotá.

   Cristología.

   Artículos Mariológicos en Regina Mundi.

Actividades

1943        Tunja. Prefecto General de Disciplina y Ecónomo del Colegio.

1947-1950      Profesor de Teología, Chapinero.

1951-1954      Decano Facultad de Teología, Chapinero.

1955-1962      Decano Prefecto de Estudios del Aloisiano, Chapinero: Prefecto de Estudios Teológicos, Espiritual del Filosofado;  Ministro del Teologado.

1963-1964      Espiritual. Profesor de Teología. Colegio San Bartolomé La Merced.

1965        Profesor de Teología Dogmática, Chapinero.

1966        Capellán Student Latinoamerican Champaign, USA.

1967-1970      Espiritual y Profesort en Medellín, CESDE.

1971-1977      Profesor de Teología Dogmática, Chapinero.

1978-1980      Director del Área de Humanidades en la PUJ, Cali.

1981        Vice-Superior de la Comunidad Javeriana de Cali.

1983        Pastoral d ela Univesidad Javeriana, Bogotá.

1986        Ayuda en el Templo de Pasto.

1988-1993      Escritor. Comunidad del Colegio Máximo, Bogotá

1994-2005            Casa Pedro Arrupe.

 

+ FERNANDO VELÁSQUEZ, S.J.

Jaime Vélez Correa, s.j.

A petición del Padre Socio presento una sencilla semblanza como lo fue él y confieso que lo hago como gratitud a quien fue mi Profesor de Teología y después colega en el Colegio Máximo.

Fernando entró a la Compañía a los 16 años de edad cuando terminó con muchos premios su bachillerato en el Colegio de San Ignacio, del que se padre había sido profesor por varias décadas. Hizo en Colombia su Noviciado y estudios ordinarios de la carrera de jesuita, y sobresalió especialmente en Matemáticas y Teología. Su Magisterio en el Colegio de San Bartolomé sobresalió por la claridad en las exposiciones, por su amabilidad y comprensión con los jóvenes y por su compañerismo con los jesuitas, a 2 de los cuales expresamente les escuché magníficos elogios.

Muy acertadamente los Superiores lo destinaron para Profesor de la recién inaugurada Facultad de Teología. No pudo viajar a Roma porque en ese tiempo la II Guerra Mundial tenía bloqueada la navegación entre América y Europa. Hizo su especialización en Estados Unidos. En cierta ocasión me comentó que se alegraba de ello porque allí había aprendido a ser amplio de mente y a no ver la Teología como mero sistema conceptual. Precisamente eso, a mi juicio, fue una de las notas sobresalientes de su Magisterio y de su apostolado directo.

Fuí alumno de Fernando en Teología fundamental y gocé con sus exposiciones por su claridad, lucidez, agilidad mental y aún agudeza sobre todo en responder a las inquietudes y dificultades de sus alumnos. Como examinador sabía urgir sin acosar o humillar. Como colega  fue un gran compañero, alegre, promovía juegos en la cancha y en la mesa. Sabía bromear pero sin herir y resumía admirablemente los partidos, los editoriales y las situaciones políticas.

Lo admiré porque supo retirarse a tiempo de la cátedra. Con su agudo talento comprendió que no estaba en sintonía con los avances teológicos, y aunque había antes tenido con fruto su “reciclage” en Europa, sin embargo nunca supe si era porque no compartía la nueva mentalidad o porque no le convencían algunas novedades o porque no se sentía con fuerzas para, profundizando e investigando, afrontar los nuevos retos. Lo cierto es que prefirió dedicarse a escribir, y sobre todo al apostolado, que ya siendo profesor lo ejercía dando ejercicios y sobre todo como Capellán por más de 10 años en el Colegio Gimnasio Campestre y allí también como Director Espiritual de los scouts. Muchos los alumnos que aún hoy preguntan por él, no olvidan su figura de sacerdote amable, comprensivo, acertado director y amigo. A no pocos les presenció el matrimonio y los acompañó con visitas a sus casas. Profesionales, Dirigentes y agentes de alta sociedad lo tuvieron por su consejero.

También por varios largos períodos dedicó su apostolado en parroquias venezolanas. Su empeño por ejercer toda clase de actividades evangélicas y en diversas circunstancias fue casi obsesivo hasta que la obediencia lo destinó a la Casa Arrupe. Allí en sus primeros tiempos fue modelo de alegría y unión, pero su avanzada edad –más de 90 años- lo fue llevando a cierto mutismo y aislamiento, contrarios a su talante y signos de que era un deterioro mental  ya no consciente. Seguramente Dios lo tiene en su gloria y todos los que lo conocimos comprendemos que sus debilidades no empañan una vida de entrega ejemplar al Señor. La última vez que lo visité prometí no volver para no borrar la imagen de un jesuita a carta cabal.

 

In memoriam+  ALFONSO CARVAJAL, S.J.

Nació:                 Cali, 27 de junio de 1917.

Ingresó:              Santa Rosa, 20 de septiembre de 1934.

Votos del Bienio:       Santa Rosa, 24 de septiembre de 1936.

Ordenación:        Chapinero, 7 de diciembre de 1949.

Ultimos Votos:    Santa Rosa de Viterbo, 15 de agosto. de 1952 Coadjutor  Espiritual.

Murió:                 12 de abril de 2005.

 

Estudios

Juniorado:           Santa Rosa, 1936 - 1940.

Filosofía:             Chapinero y Sta. Rosa de Viterbo.  1940 - 1944.

Magisterio:         Medellín, 1944 - 1946.

Teología:             Chapinero, Bogotá, 1947 - 1950.

Tercera Probación:   Santa Rosa, 1951.

 

Actividades

1.  Ministro Proc. Profesor - Santa Rosa. 1952 - 1953.

2.  Ministro. Proc. Profesor. Seminario Barranca. 1953 - 1955.

3.  Vicerrector. Profesor Apol. Seminario Barranca.

     1956 - 1959.

4.  Vicario, Misionero. Sabana de Torres. 1963.

5.  Párroco. Misionero. Sabana de Torres. 1965 - 1967.

6.  Rector (6 de marzo), Profesor.  Colegio Berchmans - Cali  1967 - 1971.

7.  Director de ASIA Colegio Berchmans - Cali. 1973.

8.  Ministro Colegio Berchmans - Cali. 1977.

9.  Director Regional de Fe y Alegría. 1973 - 1983.

10.       Vice-Superior Residencia Cali. 1985.

11.       Conciliario de Asia, Cali.  Padres de Familia. Casa de Ejercicios. 1989 - 1992.

12.       Vice-Superior y Ecónomo Subcomunidad Cali.  Prefecto del Templo. 1993 - 1997.

13.       Dirige encuentros de Novios. Consiliario-ASIA

     Santiago de Cali. 1997- 2005.

 

Condecoraciones

Ciudades Confederadas (Departamento del Valle).

Honor al Mérito Cívico Santiago de Cali (Alcaldía de Cali).


Al través de mi raqueta

Historia de una vocación, contada por Alfonso Carvajal, S.J.

Tomado de :    Desde el Noviciado de los Jesuitas.

A nuestros amigos en el año Jubilar de la Fundación del Noviciado.

1887-2 de febrero- 1937 P. 23 y 24.

Yo era un muchacho sano de alma y cuerpo; era piadoso… y era alegre. No conocía a los jesuitas; pero un día supe que un jesuita había llegado a predicar. La gente acudía numerosa a escuchar al nuevo predicador, y yo, por no ser menos, también iba a escucharle.

Su palabras fueron despertando en mí poco a poco una vaga simpatía por él, un interés creciente por su familia religiosa … Y me vinieron ganas de ser también jesuita … y misionero … y qué sé yo cuántas cosas más. Una tarde me decidí a buscarlo para hacerle, muy formalmente, una visita. Me sentía nervioso, casi con la nerviosidad que el estudiante desaplicado experimenta (o debe experimentar, pues yo, con modestia sea dicho, cultivaba buenas relaciones con mis libros); con la nerviosidad, digo, que experimenta el mal estudiante ante un tribunal de exámenes.

Y héme aquí delante del jesuita. Mi timidez desapareció al sentir la sencilla efusión de su saludo.

Hablamos largo rato. Mi conversación planeaba como el avión que va a aterrizar en un campo inexplorado. Por último … aterricé: me resolví a revelarle mi secreto. El padre me miró benévolo, me hizo algunas preguntas; yo a mi vez le interrogué también sobre la Compañía,  sobre el Noviciado. Sus respuestas eran sencillas, pero tenían la fuerza de la atracción irresistible de la verdad. Después me dijo que escribiera al padre maestro de novicios exponiéndole mis deseos. Me dio su dirección.

Iba ya a despedirme, cuando me acometió una idea desconcertante. Habíamos hablado de la separación de la familia, del adiós a la patria chica, y quizá más tarde, a la patria grande. Todo esto me parecía fácil sacrificio: había brotado en mi alma la llama de un ideal que hacía llevaderas y dulces todas las renunciaciones –Pero como digo, una idea perturbadora me pasó por la mente: yo era buen jugador, me entusiasmaba el deporte, y sobre todo, me fascinaba el tennis. Tenía mi raqueta; la quería como se quiere al mejor de los amigos … Y cruzó la idea negra:

-   “Padre, - Insinué tímidamente- : ¿y no podré llevar al Noviciado mi raqueta de tennis?- Ya lo creo, que la puedes llevar; pero mira: los novicios, aunque juegan también al tennis usan unas raquetas más modestas que la tuya, jugar con ésta que tú llevas sería singulizarte; por consiguiente la habrías de conservar guardada hasta el día en que acabado tu Noviciado, hicieras los votos; pasarías al Juniorado y ya tu raqueta podría alternar perfectamente con las que usaran tus nuevos hermanos; pero como para entonces ya habrías hecho voto

de pobreza, tu raqueta … no podrías ser ya dueño y señor de tu raqueta”.

-   ¡………………….!

Sentí que el mundo daba vueltas en torno mío; los ojos se me aguaron … Pero al través del prisma de mis lágrimas veía, por entre la malla de mi raqueta, un nido sonriente que pronto había de abandonar; y en un plano más distante, otro nido mayor, que también me atraía, austero y suave a la vez; y más allá, como irradiación de este nido de las almas … paisajes de ideal: juventudes ansiosas de verdad y belleza, pobres obreros hambrientos de pan y más hambrientos aún de amor y de comprensión… Y a lo lejos, junto a las aguas de un gran río, palmeras que sombreaban las pobres chozas de una misión … Y el horizonte se iba agrandando: otras misiones de gentes desconocidas, de otra raza y de otra lengua nuevas para mí (gentes de aquel gran pueblo con que Javier Murió soñando)… En el fondo del cuadro, un cielo límpido, palmas de luz, coronas de martirios…

Hice un esfuerzo: me hallaba preso entre la red de mi raqueta como el insecto entre la red de la telaraña. Tenía que romper mis ataduras … ¡y las rompí!

Hoy, al cabo de varios años, me encuentro más alegre y más libre que cuando tenía mis grandes partidas con mis compañeros de colegio. Sigo siendo amante del deporte; y cuando alzo mi raqueta para contestar una jugada, veo, al través de su red, en el fondo de un azul horizonte cada vez más cercano, los paisajes de ideal que soñé aquella tarde.

Padre Alfonso Carvajal, S.J.

Por Javier González, SJ

Creo que hoy estamos entregando a Dios a un hombre que vivió plenamente las Bienaventuranzas.

Alfonso fue un hombre pobre, humilde, sacrificado, que prefería pasar trabajos él con tal de no molestar a nadie.

Todos lo disfrutamos como un excelente conversador, tenía a flor de labios, la historia, la anécdota, el chiste apropiado para tomar la vida con humor en medio de lo absurdo o dramático de ésta.

Era un hombre inquieto por la ciencia y la tecnología … vivía pendiente de los últimos inventos para aprender lo nuevo, le gustaba hacer las cosas por sí mismo como lo demostró en su actitud luchadora hasta el último momento … Sólo la realidad de la enfermedad pudo doblegar ese espíritu que hizo de él un roble que murió de pie.

Jamás hablaba mal de nadie, no llevaba ni traía chismes, era un hombre equilibrado en sus juicios y siempre propositito en el conflicto.

Sabía callar, escuchar, aceptar, era un hombre compasivo que cuidaba de los otros, nunca quiso ser el centro y era capaz de ceder el éxito o protagonismo a los otros.

Su disponibilidad para servir lo convirtió en un hombre para y por los demás.

Consejero increíble, de sentido práctico pero siempre ubicado en el mundo y en sus conflictos, respondía siempre con planteamientos teológicos al día.

Nunca oí de él una crítica tan propias y tan malignas en el medio, era un hombre callado, reservado, respetuoso y ecuánime, vivió por encima de intereses de fama, prestigio o poder, servir y amar era lo que le interesaba.

Ya viejo con el corazón grandísimo, decía que su corazón se lo habían dañado las mujeres, porque el amor fue su experiencia vital.

Al final de su enfermedad deseó morirse, no porque no tuviera sentido su vida, sino porque tenía más sentido su muerte, en varias ocasiones me dijo: Conejo “con tanta droga que me dan me tienen embalsamado y me tienen capando cielo”.

Alfonso, “Papá Carvajal” como le decían su secretaria y sus amigos. Era un padre para el pobre, para el triste, para el amigo y para su familia; cumplía a cabalidad las palabras de Jesús: “Venid a mi todos los que estáis cansados, tristes o fatigados que yo os aliviaré”.

Su humildad y su sentido práctico lo hacían pensar en detalles como el de su entierro, siempre me pidió que cuando muriera primero lo cremara y luego hiciera la misa con sus cenizas, en una hora cómoda para que pudieran venir a acompañarlo todos los que lo querían, sin que se molestaran en sus trabajos.

Si se puede hablar de Santidad en el siglo XXI, creo que Alfonso es uno de esos hombres que nos sirven de modelo a todos los que lo conocimos y vivimos con él, por eso hoy para despedirlo podemos decirle, Bienaventurado Alfonso porque tuyo es el Reino de los Cielos.

 

   
 
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