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Noticias Mensuales

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Julio, 2005


EDITORIAL

Sentir y Cumplir

Celebrar la fiesta de Ignacio de Loyola, el 31 de julio, significa reconocer la grandeza personal de quien, con sus actos y palabras, enriqueció la modernidad occidental con una herencia valiosa que sigue ofreciendo frutos de bienestar espiritual y social. Evocar su nombre revela interés por asumir su legado que no es otra cosa que un modo de proceder.

El modo de proceder ignaciano es un regalo del Espíritu a la Iglesia. Por él, Ignacio quiso servir a Dios, de tal modo que “su santa voluntad sintamos y en todo enteramente la cumplamos”.  Sentir y cumplir son verbos inseparables en su vida. Ellos configuran un modo de vivir. De un lado, Ignacio quiere “sentir” cuál es la voluntad de Dios y para lograrlo auténticamente  busca la familiaridad con Dios, el ordenamiento de los propios afectos hasta llegar a la indiferencia, el conocimiento de Jesús, y el discernimiento de las mociones del corazón, para acoger las del buen Espíritu. Por otro lado, quiere “cumplir” la voluntad de Dios enteramente y anima a poner los medios para ponerla en práctica, no de cualquier manera, sino buscando y eligiendo los que “más” y “mejor” la realizan.

Este modo de proceder es un don que se desea a todos: a jesuitas y a laicos -hombres y mujeres-  no importa cuál sea su condición de vida, con el propósito de continuar construyendo en la historia humana el Reino de Dios, como lo hiciera Jesús. 

Sin embargo, Ignacio hace a los jesuitas hace un llamado especial que está bellamente expresado en su carta sobre la Perfección: “mirad vuestra vocación cuál sea, y veréis que lo que en otros no sería poco, lo será en vosotros”. En verdad, los jesuitas -siendo llamados por vocación (don de Dios) y por opción (libremente acogido) a seguir a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia- hemos de vivir plenamente este modo de proceder, no apenas de modo individual sino como comunidad apostólica que, en y para el servicio de la Iglesia, realiza múltiples ministerios y recibe de ella diversas misiones.

Sea en el caso de laicos -hombres o mujeres- o de jesuitas, el modo de proceder ignaciano es una manera de hacer real, en la historia presente, el modo de proceder de Jesús. De ahí el énfasis que coloca Ignacio en pedir la gracia de conocer internamente al Señor, para más amarlo y servirlo, y, aún, para más imitarle. Sin duda, su propósito fue vivir a Jesús “así nuevamente encarnado”.

Desde la vivencia personal de la encarnación, Ignacio enfrentó los retos que su época presentaba a la fe y así lo plasmó en la Fórmula del Instituto. No menos nos corresponde a quienes, hoy, queremos vivir su espiritualidad. Tenemos los retos del anuncio del Evangelio; los de la pastoral y el crecimiento en la fe; los de la edificación de la Iglesia; los de la justicia, la solidaridad y la reconciliación que de la fe provienen; los de la unión de los desavenidos; los de la educación de la juventud y los de la atención a los pobres y excluidos de la sociedad. Ignacio no quiso acometerlos solo; buscó compañeros. Hacer nuestro este modo de proceder es la mejor manera de celebrar a San Ignacio.


Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial



JP300805
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